NUESTRAS PALABRAS NACEN VACÍAS SI NUESTRO CORAZÓN NO HA DEJADO DE SUFRIR
Sufrimos al alimentar nuestra mente con conceptos basura basados en la dependencia material. Nuevamente sufrimos al apegarnos a los bienes materiales y desear su permanencia sin final.
Somos seres que han desarrollado a lo largo de los años una inteligencia creativa que debería llevarnos a sentirnos cada día mejor y no es así, las cosas no han mejorado con el paso del tiempo y las experiencias vividas. Dependemos de nuestro trabajo, amigos, familia, vicios y creaciones mentales para decir que nos sentirnos bien. A diario decidimos vivir en el centro de la tormenta de nuestras múltiples agresiones mentales, nos tratamos mal y deseamos contradictoriamente sentirnos bien.
Satisfacer nuestras necesidades no podrá llevarnos nunca a sentirnos satisfechos. Entre más consumamos bienes materiales y relaciones interpersonales más insatisfechos nos sentiremos. El abrigo de la dependencia y de la insatisfacción crece con su consumo.
La base de esta teoría se basa en el placer adquirido que poco a poco desaparece y que uno busca nuevamente experimentar. La necesidad satisfecha en base a un placer no puede ser satisfecha debido a la existencia efímera del placer.
Para ser libres debemos aprender a actuar no como lo hacía a diario Mendigo de Amor. Él se apegaba más y más a aquello que quería y más lejos se hallaba a diario su objetivo. Ya no debemos sentir placer por lo que hacemos debemos más bien disfrutar lo que hacemos y lo que temporalmente tenemos. Debiéramos dar gracias por lo mucho o poco que hemos obtenido y no situar nuestra felicidad en la obtención de todo lo alcanzado. Recuerda, todo aquello que un día vino se irá; todo aquello que nació morirá y todo aquello que crees que eres posiblemente serás.
**********
Sentir como el cuerpo vibra es una experiencia de luz. Escuchar nuestra voz interna que nos habla sabiamente es un tiempo interminable de amor.
“La felicidad es el bien más grande que posees, no debes de ir a buscarlo a parte alguna, está en cada una de las partes de tu cuerpo y en aquel trozo de tu mente que se niega a diario a seguir las directivas arbitrarias que se hacen realidad en tu actuar. Disfruta aquella que hacer con actitud bondadosa, siente a plenitud tanto la compañía como la ausencia de alguien y siéntete feliz por poder experimentar ambas situaciones. Acepta con complacencia todo aquello que viene y desprende de aquello que se va con la misma actitud. Evita reclamarle a la vida o a Dios por aquello que te dio y por aquello que hoy te quitó. No eres dueño de nada y a la vez todo aquello que percibes es parte de tu ser”.
Todo parece confuso, se repetía Mendigo de Amor, mientras caminaba cabizbajo por un parque en otoño.
¿Por qué las hojas de los árboles deben un día de caer?
¿Por qué el sol no puede alumbrar todo el mundo interminablemente?
¿Por qué tanta ignorancia y tanto rechazo?
¿La vida es amor o es justicia o es ambos?
¿Por qué esta voz incansable me habla y me habla de equilibrio y paz y por qué nunca le hago caso y acabo sufriendo más?
Cuando era niño me sentía tan feliz con el hecho de poder correr, saltar y jugar. Un día mi mundo cambio cuando me dijeron que debía correr, saltar y jugar por ganar un premio o por demostrar que era superior. El día que condicionaron mi actuar ese día se acabó mi infancia. Hoy recuerdo con lágrimas en los ojos lo feliz que fui y me arrepiento de todo lo que soy hoy. He cultivado pensamientos de mamarracho en mi mente y me he pisoteado a diario. Vivo reclamando a diario por la injusta que es mi vida y me siento peor por la actitud que he asumido. Me he acostumbrado a ser alguien tan distinto de aquel niño sin condicionamientos que un día fui. Mis actitudes tratan de esconder mi tristeza, pero algo dentro de mi va muriendo: quizá sea mi esperanza, quizá sea aquella generosa actitud por aceptarme. Reclamo por todo y no doy nada a cambio, he dejado de ser aquel niño que actuaba sin reclamar y que ponía una cara llena de alegría ante la adversidad.
Algo cambio en mí, pero sé que puedo volver a ser el mismo. No puedo seguir muriendo a diario creyendo que esta es mi realidad; no puedo seguir reclamando mientras sigo en el mismo lugar de insatisfacción. Debo de hacer algo, algo distinto a lo que hecho a lo largo de los últimos años. Deseo volver al mundo en donde todo era sencillo, aquel mundo poblado de sueños, aquel estado en donde todos éramos iguales y en donde no importaba si alguien ganará o perdiera.
No puedo vivir toda mi vida como un felpudo que todos maltratan por una simple razón: yo he decidido que me maltraten con mi torpe actitud.
“Recuerda Mendigo de amor que lo más importante nunca debe de ser colocado detrás de lo menos importante. Debes aceptar que la ausencia de bienes es tu realidad y sentirse feliz porque racionalmente en el mundo exterior no tienes nada. Sólo aquel que acepta la nada como su estado vital puede aceptar la pérdida de aquello que un día pueda detentar. Aquel que cree que tiene derecho a algo en el mundo que percibe vivirá una existencia de ataduras a las propias limitaciones que se pondrá. Solo hay un derecho que podemos exigir: a no tener derechos. Tú eres lo más valioso que eres, pero no te disgustas por hacerte daño. Tus posesiones materiales son insignificantes comparadas con tu valor interno, pero ante el menor daño que reciben te afliges y te derrumbas emocionalmente. ¿Qué aprendizaje es aquel que te hace desvalorarte hasta el extremo que una cosa vale más que tú?”.
