Emergencia que exige acción inmediata
Por: Carlos Meneses
La entrega de los bonos, la instalación de los puentes y la rehabilitación de los servicios básicos deben concretarse ya. La reconstrucción de Arequipa no puede postergarse ni un día más.
Arequipa enfrenta una de las emergencias más duras de los últimos años. Las lluvias intensas y el desborde de la torrentera El Chullo dejaron a su paso destrucción, calles intransitables y centenares de familias damnificadas. Las imágenes de Tahuaycani, Flora Tristán y Alto Cayma muestran una ciudad golpeada, pero también una población que no se rinde. Los vecinos se organizaron para limpiar sus calles, levantar muros de contención improvisados y compartir alimentos. Sin embargo, la solidaridad ciudadana, aunque admirable, no reemplaza la urgencia de una respuesta estatal rápida y efectiva.
El presidente José Balcázar llegó a Arequipa y prometió medidas concretas: un bono de S/500 mensuales durante dos años para las familias damnificadas, un bono agrario de S/1,000 por hectárea afectada y la instalación de puentes modulares para restablecer la conectividad vial. Estas iniciativas son necesarias, pero todavía no se han formalizado. El lunes se presenta como un día decisivo para saber si las promesas del Ejecutivo se convertirán en decretos reales o quedarán, como tantas veces, en compromisos postergados.
Los alcaldes de Cayma, Yanahuara, Sachaca y el propio alcalde provincial, Víctor Hugo Rivera, junto al gobernador Rohel Sánchez, coinciden en que la visita presidencial dejó expectativas, no resultados. La emergencia no puede esperar trámites burocráticos. Las familias sin vivienda ni agua potable necesitan soluciones inmediatas. En Tahuaycani, por ejemplo, los vecinos ya llevan una semana sin servicio de agua y dependen de camiones cisterna. Otros sectores siguen aislados por la caída de puentes y el colapso de vías.
El restablecimiento de los servicios básicos y la recuperación de la transitabilidad son tareas urgentes. Los puentes modulares del Ministerio de Transportes y Comunicaciones deben llegar sin demoras, y la rehabilitación del sistema de agua potable en las zonas afectadas debe ser prioritaria por Sedapar. Cada hora de inacción agrava el daño y retrasa la recuperación.
Arequipa ha demostrado siempre su capacidad de levantarse ante la adversidad, pero esta vez requiere que el Gobierno central cumpla sus compromisos con responsabilidad y celeridad. No basta con discursos ni visitas simbólicas: se necesita gestión eficiente, recursos oportunos y una coordinación real entre el nivel nacional, regional y local.
