Torrentera El Chullo sepultó taller mecánico en Yanahuara

El desborde registrado en dos días sepultó viviendas, negocios y seis vehículos en la Calle Grande. A más de una semana, las labores de limpieza continúan entre toneladas de lodo.

El ingreso de la torrentera El Chullo llegó con la furia de la naturaleza y en cuestión de minutos sepultó la vida que Fidel Flores había construido durante años en la Calle Grande, en Yanahuara. El lodo no solo inundó su taller mecánico; sino enterró toda una vida de trabajo.

A más de una semana del desborde de la torrentera El Chullo en el distrito de Yanahuara, la magnitud de la tragedia sigue revelándose entre escombros y silencio. El huaico, activado por intensas lluvias en Arequipa, arrasó viviendas y negocios a lo largo de su cauce, dejando pérdidas que en algunos casos superan los S/ 200 mil soles.

Uno de los afectados es Fidel Flores, mecánico que tenía su taller y vivienda en Calle Grande. La torrentera ingresó con violencia en dos oportunidades —jueves y domingo—, siendo el segundo el más devastador. “Fue cinco o seis veces más fuerte”, relató mientras observa el terreno cubierto por más de metro y medio de tierra.

El inmueble, de aproximadamente 600 metros cuadrados, quedó prácticamente sepultado. En varios sectores solo se distinguen los techos de vehículos enterrados bajo el lodo. Seis unidades fueron alcanzadas por la corriente; dos lograron ser rescatadas inicialmente, pero las demás permanecen atrapadas bajo toneladas de material.

Las pérdidas económicas superan los S/ 200 mil soles solo en vehículos, sin considerar herramientas, maquinaria y equipos del taller. La tienda que administraba su esposa, ubicada en la esquina del predio, también fue destruida. La tierra alcanzó alturas de hasta 1.80 metros, arrasando con mercadería y enseres familiares.

La crecida de la torrentera Chullo se produjo tras fuertes precipitaciones que activaron quebradas y generaron una avalancha de lodo en distintos puntos de Yanahuara. La fuerza del agua no dio margen de reacción. “Desapareció todo”, resume Flores, mientras muestra objetos inservibles rescatados entre el barro.

Las labores de limpieza continúan con apoyo de vecinos, familiares y efectivos de la Policía Nacional del Perú. Sin embargo, el volumen de material acumulado dificulta los trabajos. Cada jornada implica retirar metros cúbicos de arena volcánica que cubren por completo la vivienda y el taller.

A plena luz del día, el panorama es contundente: paredes agrietadas, estructuras debilitadas y vehículos atrapados como si el tiempo se hubiera detenido en el instante del impacto. Lo que antes fue un espacio de trabajo y sustento familiar hoy es un terreno inestable que exige reconstrucción total.

Flores cuestiona la insuficiencia del bono de 500 soles anunciado para damnificados. Considera que el monto no responde a la dimensión real de las pérdidas ni cubre los costos de alquiler formal y recuperación. “No es solo limpiar; es volver a empezar”, afirma.

El caso de Fidel Flores refleja el impacto humano y económico del desborde en Yanahuara. Más allá de las cifras oficiales, la tragedia dejó historias de esfuerzo truncado y proyectos paralizados por la fuerza de la naturaleza.

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