Emergencia sin fondos

Por: Carlos Meneses

La fuerza y solidaridad de los arequipeños están demostradas. Falta ahora que el Gobierno deje de mirar desde lejos y entienda que reconstruir Arequipa no es una opción: es una obligación.

La declaratoria de emergencia dispuesta por el Ejecutivo parece, una vez más, una frase hueca frente a la magnitud del desastre que golpea Arequipa. Mientras el lodo, las piedras y la desesperanza cubren las calles desde la torrentera El Chullo hasta los barrios de Flora Tristán, la ayuda del Gobierno Central sigue sin llegar. Las palabras se repiten, los oficios van y vienen, pero los recursos no aparecen.

Pablo Salinas Valencia, gerente de la Municipalidad Provincial de Arequipa, lo resume con crudeza: “Nos dicen que atendamos con nuestro presupuesto exiguo, que modifiquemos partidas. Pero eso significa paralizar otros proyectos y dejar de lado compromisos con la ciudad”. La emergencia, advierte, no se enfrenta con comunicados, sino con transferencias efectivas que permitan reconstruir lo destruido.

Los daños, calculados en más de 100 millones de soles, superan con creces la capacidad económica del municipio. Las torrenteras arrasaron viviendas, destruyeron puentes y bloquearon vías. Sin embargo, la respuesta inmediata no provino de Lima, sino de los propios arequipeños. Empresas privadas, voluntarios, colectivos juveniles y vecinos se unieron para limpiar calles, entregar alimentos y levantar carpas. La solidaridad de nuestra gente es impresionante. Pero esa energía tiene límites. Si el Gobierno no se involucra, no habrá recuperación posible.

La experiencia debería servir de lección. El funcionario recuerda que las obras ejecutadas en 2020 por el Ministerio de Vivienda no cumplieron criterios técnicos adecuados, y esa improvisación agravó los daños actuales. Arequipa no puede seguir repitiendo los mismos errores: falta de planificación, invasión de quebradas y ausencia de obras preventivas.

Hoy, la comuna provincial busca articular un frente común con distritos como Cayma, Yanahuara y Cerro Colorado, y plantea la creación de un fondo especial de reconstrucción que permita canalizar recursos sin trabas burocráticas. No pedimos favores, pedimos justicia presupuestal.

Arequipa no necesita discursos de emergencia; necesita un plan de reconstrucción real, sostenido y técnico. Mientras los vecinos limpian con sus propias manos el barro de sus calles, la ciudad entera espera una señal concreta de acción. La naturaleza golpeó fuerte, pero lo que duele más es el silencio del Estado.

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