Que el 80% diga que no sabe votar es el principal riesgo de las próximas elecciones

Por Jorge Turpo Rivas

El presidente de la Asociación Civil Transparencia, Álvaro Henzler, sostiene que la narrativa del fraude es de menor riesgo que el hecho de que los ciudadanos no sepan emitir su voto. 

SE LANZÓ LA PLATAFORMA REVISA TU CANDIDATO

En un escenario electoral fragmentado, con más de 30 candidatos presidenciales y hasta cinco niveles de votación en una sola jornada, el mayor riesgo no está solo en el ruido político o en las sospechas de fraude. El problema más silencioso, y quizá más determinante, es que millones de peruanos no saben cómo votar. Ese desconocimiento puede distorsionar la representación y alterar los resultados de una elección clave.

Álvaro Henzler, presidente de la Asociación Civil Transparencia, lo resume con claridad. “Que el 80% de la gente diga que no sabe votar es el principal riesgo de las próximas elecciones. Hay que darle el poder a la ciudadanía para que vaya a votar, se informe para votar y se informe cómo votar”, indica.

La advertencia no es menor. Según los datos que maneja la organización, el 80% de peruanos no sabe cómo marcar correctamente la cédula. Entre quienes creen saber, un 60% considera que el proceso es confuso.

Esa combinación es explosiva. Un voto mal emitido puede terminar siendo nulo o inválido. En la práctica, es un voto que no cuenta. En términos políticos, es una porción de ciudadanía que queda fuera de la representación.

El diseño de esta elección añade complejidad. No se trata solo de elegir presidente. También se vota por senadores nacionales, senadores por distrito múltiple, diputados y representantes al Parlamento Andino. Cinco decisiones en una sola cédula. Cinco oportunidades de equivocarse. Cinco formas de anular el propio voto.

El riesgo no se limita al elector. También alcanza al sistema. Una mala votación puede generar conflictos en el escrutinio, discusiones entre personeros y dudas sobre la validez de los resultados. En un contexto ya tensionado por discursos de fraude, ese escenario puede escalar rápidamente.

Henzler advierte que hay dos peligros que avanzan en paralelo. Uno es la narrativa de fraude. El otro es la desinformación del votante. Ambos pueden erosionar la legitimidad del proceso. 

Por eso insiste en la necesidad de preparación previa. Recomienda algo simple, casi doméstico. Pensar el voto antes del día de la elección. Llevar anotado el número del partido y de los candidatos. Dedicarse unas horas a decidir.

El sistema electoral, por su parte, intenta blindarse. La presencia de observadores internacionales como la OEA, la Unión Europea y el Centro Carter busca dar garantías. Transparencia desplegará observadores en más de 11 mil centros de votación. La vigilancia apunta a cuatro momentos clave. La correcta instalación de la mesa, el desarrollo pacífico de la jornada, un escrutinio transparente y un conteo rápido que permita contrastar resultados.

CONTEO RÁPIDO

Ese conteo rápido, explica Henzler, cubrirá todo el territorio nacional. Incluirá zonas urbanas y rurales. La meta es ofrecer resultados antes de la medianoche del 12 de abril. No será una cifra exacta, pero sí un indicador confiable que aporte calma.

Aun así, la incertidumbre no desaparecerá de inmediato. El nuevo sistema de la ONPE mostrará resultados en tiempo real. No habrá boletines periódicos. Cada acta irá apareciendo en la plataforma conforme llegue. Eso exige paciencia. Las primeras cifras reflejarán el voto urbano. El rural demorará más. Cualquier lectura apresurada puede ser engañosa.

En ese contexto, la educación del votante se vuelve central. No basta con garantizar que el proceso sea limpio. Hace falta que el ciudadano sepa ejercer su derecho. De lo contrario, la democracia corre el riesgo de convertirse en un ejercicio formal, pero vacío.

REVISA TU CANDIDATO

Frente a ese desafío, surge la plataforma “Revisa Tu Candidato”. Se trata de una herramienta impulsada por Transparencia junto a organizaciones como IPYS, Proética e IPAE, con el respaldo de cooperación internacional. 

Su objetivo es simple y ambicioso a la vez. Reunir información clave de casi 9 mil aspirantes para que el votante decida con conocimiento.

La plataforma permite revisar la trayectoria educativa y profesional de los candidatos. También expone datos sensibles como sentencias, deudas alimentarias, sanciones administrativas y vínculos con el registro de formalización minera. El acceso es rápido. Incluso se ha integrado a aplicaciones de uso masivo como Yape para ampliar su alcance. La apuesta no es solo tecnológica. Busca instalar una cultura de voto informado en un país donde decidir muchas veces se reduce a la intuición o al último mensaje de campaña.

El fondo del problema es más profundo que una elección. Tiene que ver con la calidad de la democracia. Un ciudadano que no sabe votar es un ciudadano con poder limitado. Un voto mal emitido no solo se pierde. También distorsiona el mapa político.

La elección del 12 de abril no se definirá únicamente en las urnas. Se está jugando antes, en la capacidad de cada peruano para entender qué tiene en las manos cuando recibe la cédula. Porque votar no es solo marcar. Es elegir bien. En ese detalle, aparentemente simple, puede estar la diferencia entre una representación legítima o una democracia que se equivoca.

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