La historia del voto en el Perú y su evolución hacia la democracia universal
Votar en el Perú no siempre fue un acto secreto, universal ni seguro. Gran parte de la historia republicana estuvo marcada por elecciones públicas e indirectas, restringidas a ciertos sectores de la población, y desarrolladas en contextos de inestabilidad política, golpes de Estado y frecuentes protestas callejeras. Así lo señaló el historiador y docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Emilio Candela Jiménez, quien destacó que el sufragio peruano ha pasado por transformaciones profundas a lo largo de más de un siglo.
El primer intento por organizar un proceso electoral formal se remonta a 1896, durante el gobierno de Nicolás de Piérola, con la creación de la Junta Electoral Nacional. Sin embargo, explicó Candela, este organismo carecía de autonomía y estaba conformado por personas designadas por el gobierno de turno, lo que limitaba la imparcialidad y la transparencia del sistema. El voto no era directo ni secreto, y solo ciertos ciudadanos, principalmente contribuyentes, podían ejercerlo. Además, los electores elegían representantes que integraban un colegio electoral, reproduciendo un modelo indirecto de votación que no garantizaba la privacidad del sufragio.
La situación se complicaba aún más por la violencia electoral. Según Candela, los candidatos aseguraban sus mesas de votación mediante la contratación de grupos de choque, quienes en muchas ocasiones, “en estado de ebriedad”, se enfrentaban por el control de las ánforas. Este contexto de conflictos y desorden motivó la implementación de la llamada “Ley Seca”, destinada a limitar la venta de alcohol antes y durante las elecciones, para reducir los enfrentamientos violentos entre las bandas que controlaban los centros de votación. Como describe Vicente Villarán en Costumbres electorales (1918), las vísperas de la elección se caracterizaban por la concentración de estas bandas en plazas públicas, armadas y embriagadas, que al amanecer se enfrentaban frenéticamente por el control de las mesas y las ánforas.
El orden comenzó a fortalecerse con la creación del Jurado Nacional de Elecciones en 1931 y la introducción de la libreta electoral, aunque el sistema seguía presentando limitaciones. En ese entonces, figuras políticas como Víctor Raúl Haya de la Torre y Luis Sánchez Cerro lograban congregar a grandes multitudes en mítines, pese a que solo entre el 7 % y el 8 % de los cerca de siete millones de peruanos tenía derecho a votar.
La democratización del sufragio avanzó lentamente. En 1955, durante el gobierno de Manuel A. Odría, se reconoció el derecho al voto de las mujeres, quienes participaron por primera vez en las elecciones de 1956 tanto como electoras como candidatas. Este paso representó un hito fundamental en la construcción de un sistema electoral más inclusivo.
Finalmente, el sufragio universal se consolidó en 1979, al incluir a las personas analfabetas. Para hacer efectivo este derecho en las elecciones de 1980, se incorporaron por primera vez símbolos políticos en las cédulas de votación, ya que hasta entonces solo figuraban los nombres de los candidatos. Este cambio facilitó la participación de todos los ciudadanos y contribuyó a garantizar que la voluntad popular se reflejara de manera más fiel.

Hoy, más de cuatro décadas después de esos avances, el Perú celebra elecciones en un marco de transparencia y mayor participación. El próximo domingo 12 de abril, cerca de 27 millones de ciudadanos elegirán al presidente de la República, vicepresidentes, senadores, diputados y representantes del Parlamento Andino, reafirmando el legado histórico de luchas y reformas que consolidaron el sufragio universal y secreto. (con información de Andina)
La evolución del voto en el Perú refleja no solo un cambio legal, sino un profundo proceso social y político que permitió transformar un sistema restringido y violento en un mecanismo democrático inclusivo, en el que la participación de todos los ciudadanos es reconocida y protegida por la ley.
