ALTERNATIVA ANTE AGOTAMIENTO DEL GAS Y PETRÓLEO
Por Diana Esquinarilla Anaya (*)
Arequipa puede cubrir el 100% de su necesidad de electricidad con la geotermia de sus volcanes. La oportunidad energética que el Perú no puede seguir postergando. Región sur (Moquegua, Tacna y Puno) también cuenta con este valioso recurso.
El patrón de desarrollo energético basado en el petróleo en el Perú entró en crisis desde los años 80 del siglo pasado. Hoy, en el contexto de la actual guerra en Medio Oriente, ha colapsado aún más, con una elevación del precio del barril que amenaza con ser incontenible.
El otro hidrocarburo, el gas de Camisea, empezó a ocupar el lugar del “oro negro” como principal matriz energética nacional desde 2004, cuando se inició su comercialización. Sin embargo, su fragilidad se ha evidenciado dramáticamente: el 1 de marzo de 2026, la explosión de un gasoducto en el distrito de Megantoni (Cusco) expuso los riesgos de esta dependencia.
Insistir en estos patrones energéticos resulta, hoy, insostenible. Ha llegado la hora de virar hacia fuentes más limpias, como la hidráulica, la fotovoltaica y, de manera especial, la geotérmica proveniente de los volcanes. No caben excusas como que se trata de proyectos “de gran magnitud y largo plazo”.
El Perú posee inmensas reservas de energía geotérmica asociadas a sus sistemas volcánicos. Arequipa, en particular —privilegiada por la presencia del Misti, Chachani y Pichu Pichu— cuenta con un potencial estimado entre 300 y 400 MW, suficiente para cubrir el 100 % de su demanda eléctrica regional.
A nivel internacional, países como Islandia, Chile, Kenia y México ya han avanzado en el uso de esta energía para generación eléctrica. Lo han hecho, además, con una visión estratégica: contar con una alternativa segura frente a eventuales crisis de abastecimiento de hidrocarburos o catástrofes naturales.
Los peruanos —y en especial las élites gobernantes— deberían reflexionar con seriedad e impulsar inversiones en geotermia, considerando que las reservas de las fuentes tradicionales tienen un horizonte cada vez más limitado.
Agotamiento de hidrocarburos
Las reservas probadas de gas natural al cierre de 2024 se sitúan en 7 133 billones de pies cúbicos (BCF), lo que, al ritmo actual de consumo, garantiza una autonomía de apenas 13 a 13,6 años (hasta aproximadamente 2037-2038).
En el caso de los líquidos de gas natural (LGN), esenciales para la producción de GLP, la autonomía es aún menor: alrededor de 8,4 años, según el Ministerio de Energía y Minas (MINEM).
Respecto al petróleo, las reservas probadas alcanzan los 367,6 millones de barriles. Con una producción diaria de entre 40 000 y 44 000 barriles, estas reservas cubrirían entre 8 y 10 años de producción nacional. Sin embargo, el consumo interno oscila entre 260 000 y 300 000 barriles diarios, lo que significa que el Perú solo produce entre el 15% y el 20% de lo que consume; el resto debe importarse.
La autorización de Chevron Peru Exploration y Westlawn Perú como socios de Anadarko Perú en los contratos de exploración y explotación de hidrocarburos en los lotes Z-61, Z-62 y Z-63, ubicados en las regiones de Lambayeque y La Libertad (en el zócalo continental del noroeste peruano), podría generar una producción diaria de entre 100 000 y 150 000 barriles de petróleo, según estimaciones del MINEM. Sin embargo, aún faltan la perforación de los pozos exploratorios y confirmatorios, así como la constatación de reservas probadas.
Por otro lado, la energía hidroeléctrica representa actualmente cerca del 50 % de la generación eléctrica nacional, con 191 centrales en operación. Si bien su expansión es posible, la geotermia podría complementar —e incluso equilibrar— el sistema energético en el largo plazo.
Además, con la ventaja sobre otras fuentes alternativas, como la solar o eólica, porque la geotermia no depende del clima ni de la hora del día. Funciona aprovechando el calor constante del interior de la Tierra, siendo permanente, lo que le da ventajas obvias.
Potencial geotérmico regional
Las reservas geotérmicas de Arequipa, estimadas entre 300 y 400 MW por estudios del INGEMMET, el MINEM y la JICA, podrían aprovecharse con una inversión aproximada de US$ 1 200 millones (alrededor de S/ 4 500 millones). La vida útil de estas instalaciones supera los 35 a 40 años, en un contexto de energía limpia y prácticamente inagotable a escala humana.
Las principales zonas con potencial geotérmico se ubican en los sistemas volcánicos del Misti–Chachani, Sabancaya–Hualca Hualca, el Valle del Colca (donde existen géiseres) y Orcopampa–Andagua.
Un ejemplo notable es el géiser de Pinchollo, en Cabanaconde, que emite agua a 80 °C y alcanza hasta 30 metros de altura a más de 4 300 m.s.n.m., formando parte del Geoparque Colca y Volcanes de Andagua.
Se debería seguir los pasos que dio la empresa filipina Energy Development Corporation (EDC Perú), que durante años fue la más avanzada en el sector geotérmico del Perú. Tenía dos proyectos importantes: Achumani en Arequipa y Quellapacheta en Moquegua, y planeaba invertir más de US$ 1 000 millones. Sin embargo, EDC salió del país en 2023 por falta de avances regulatorios, políticos y de mercado.
Actualmente, las tres empresas que trabajan en geotermia en el Perú —Oxenergy, Eco Energy y Emx Geothermal Perú— cuentan con alrededor de 15 concesiones en fase de exploración, principalmente en el sur del país. No obstante, ninguna ha avanzado aún a la etapa de perforación de pozos exploratorios de seguro que por trabas regulatorias.
¿Incapacidad de gestión?
El contraste es evidente. Mientras el Estado enfrenta el fracaso de Petroperú —con una deuda de US$ 8 100 millones al 2025—, recursos de esa magnitud podrían haber permitido desarrollar hasta seis centrales geotérmicas.
Sin embargo, la apuesta por la geotermia sigue limitada por otros factores conocidos: riesgos geológicos iniciales, falta de garantías estatales, un marco regulatorio débil y una histórica preferencia por el gas barato, que —como ya se advierte— tiene un horizonte de agotamiento cercano.
La demanda máxima de electricidad en el Perú superó los 8 000 MW a inicios de 2024, con una capacidad instalada de más de 13 000 MW, principalmente hidroeléctrica y térmica.
En este contexto, los 300 a 400 MW de Arequipa podrían generar aproximadamente 2,37 TWh anuales, suficiente para cubrir toda la demanda regional, con excedentes para el Sistema Eléctrico Interconectado Nacional.
A un precio promedio de US$ 60 por MWh, los ingresos anuales alcanzarían los US$ 142 millones, con costos operativos cercanos a US$ 30 millones, generando un flujo neto estimado de US$ 112 millones anuales. Bajo estas condiciones, el periodo de recuperación de la inversión sería de aproximadamente 10 años.
La geotermia permitiría reducir la dependencia de combustibles fósiles importados, con ahorros de entre US$ 80 y 100 millones anuales. Además, generaría más de 2 000 empleos en la fase de construcción y alrededor de 400 empleos permanentes, fuera de indirectos, impulsando sectores como la minería, la industria y la seguridad energética.
En resumen, la geotermia no es una alternativa futura: es una oportunidad presente, incluso para los vehículos eléctricos. Seguir postergándola no solo implica incapacidad de gestión con pérdida de competitividad, sino también hipotecar la seguridad energética del país.
Candidata a la Cámara de Diputados con el N° 2 por Fuerza Popular.

CON EL USO DE ENERGÍA GEOTÉRMICA
Región Sur obtendría ingresos de US$ 473 millones anuales
El potencial geotérmico del sur (Arequipa, Moquegua, Tacna y Puno) se estima en unos 3.000 MW técnicamente aprovechables, distribuidos en zonas como Misti–Chachani, Sabancaya, Ubinas, Ticsani, Tutupaca y Candarave.
Con una capacidad instalada de 1.000 MW y una inversión cercana a US$ 4.000 millones, la región podría generar ingresos anuales de aproximadamente US$ 473 millones, con un periodo de recuperación de 10,7 años.
La producción estimada sería de 7,88 millones de MWh anuales, permitiendo sustituir diésel y gas, ahorrar entre US$ 250 y 300 millones al año.
Además, el costo de generación geotérmica (US$ 50–70 por MWh) resulta competitivo frente al diésel (US$ 120–180 por MWh) y comparable con otras fuentes como la hidroeléctrica, solar y eólica.
