Preocupante falta de voluntarios golpea a compañías de bomberos y rescate en Arequipa
Instituciones de primera respuesta enfrentan reducción de postulantes y una creciente pérdida de vocación de servicio
Por: Daniela Nickole Santander
La mística del servicio en Arequipa atraviesa un gran desafío . Mientras la ciudad crece y las emergencias se multiplican, el número de ciudadanos dispuestos a vestir el uniforme de voluntario parece ir en sentido contrario. Las instituciones de primera respuesta, aquellas que operan bajo el sacrificio y la gratuidad, alertan que el espíritu de servicio se está desvaneciendo.
La crisis del voluntariado se siente con fuerza en las compañías de bomberos de la Ciudad Blanca. El teniente Víctor Salinas, de la Compañía Arequipa 19, advierte que la cantidad de postulantes ha sufrido una reducción drástica. Lo que antes era una convocatoria masiva, hoy es un goteo insuficiente de aspirantes.

«Buscamos que la juventud esté más involucrada con el servicio hacia la ciudad. Buscamos motivar y combinar esa vocación profesional con la vocación de servicio que nosotros brindamos» resalta Salinas.
Antaño, una sola compañía podía recibir hasta 70 postulantes; hoy, esa cifra apenas se alcanza sumando los esfuerzos de varias sedes en el primer trimestre. Tras los rigurosos exámenes, las promociones finales para toda la ciudad logran consolidar apenas entre 25 a 40 nuevos efectivos, una cifra que no logra cubrir el déficit operativo.
Actualmente, las compañías operan con casi la mitad del personal ideal, lo que exige un esfuerzo sobrehumano de los bomberos activos. Ante la falta de manos, el teniente Salinas subraya que la preparación es su única arma.
«A pesar de nuestras carencias de personal, operativas y de maquinaria, igual estamos al servicio permanente. Mientras seamos más, vamos a poder atender a más población también», sentencia.
Para ser bombero hoy se requiere voluntad, y disciplina, ser menor de 29 años, estar estudiando o trabajando, y gozar de una salud física y mental óptima. «Toda una vida de entrenamiento vale la pena para salvar una vida», es la premisa que sostiene Victor Salinas.
Esta crisis de compromiso no es exclusiva de los hombres de rojo. La Cruz Roja de Arequipa vive un panorama idéntico. Para Javier Rodríguez, jefe de la Unidad de Rescate de la Cruz Roja, el presente es complejo. Los jóvenes permanecen apenas tres o cuatro años antes de retirarse, perdiendo la mística de «forma de vida» que caracterizaba a las antiguas generaciones.
Ambas instituciones comparten la falta de personal y la lucha por la autogestión. Sin presupuestos estatales directos, son los mismos voluntarios quienes muchas veces costean sus uniformes y equipos para poder servir. El diagnóstico para Arequipa es que ya sea bajo el lema de «Dios, Patria y Humanidad» o el «Todos somos hermanos», el voluntariado necesita un nuevo despertar. La diferencia entre una tragedia y una vida salvada sigue dependiendo de aquellos que deciden no pasar de largo y tender una mano.

