Colapsó de desagüe expone a agricultores en La Joya
Vecinos de El Chaparral y La Cano denuncian que aguas residuales del Proyecto Integral de Agua y Desagüe invaden una vía agrícola desde hace meses. El foco de contaminación afecta a escolares, agricultores y familias que exigen una intervención urgente del Gobierno Regional de Arequipa.
Familias del sector de El Chaparral, en la zona de La Cano, distrito de La Joya, denunciaron que una falla en el sistema de desagüe del Proyecto Integral de Agua y Desagüe ha convertido una vía agrícola en un foco de contaminación. Según los vecinos, la emergencia sanitaria se arrastra desde hace varios meses y compromete la salud de niños, escolares, agricultores y pobladores que transitan diariamente por la zona.
El punto crítico se ubica cerca de una cámara de bombeo que debería conducir las aguas servidas hacia el sector de El Paraíso. Sin embargo, los pobladores aseguran que el sistema no estaría operando adecuadamente, lo que habría provocado la filtración y la acumulación de desagüe en plena vía pública. La zona, antes utilizada para el tránsito de vehículos y maquinaria agrícola, se ha convertido en una laguna pestilente.
La afectación no es menor. La vía conecta los sectores de La Cano, El Chaparral, San Isidro y otros asentamientos agrícolas donde los vecinos trasladan productos, herramientas, trabajadores y escolares. Hoy, varios vehículos no pueden pasar, algunas unidades quedan atrapadas y motociclistas o peatones deben cruzar por bordes estrechos o predios privados para evitar el contacto con el agua contaminada.
El presidente de la Asociación de Vivienda El Chaparral-La Joya, Simón Ccami Quispe, señaló que los vecinos conviven a diario con olores insoportables, especialmente desde la tarde, cuando el viento arrastra la pestilencia hacia las viviendas. Advirtió que hay niños que caminan cerca del foco de contaminación, escolares que cruzan la vía y familias que viven a pocos metros del aniego de aguas servidas.
El dirigente sostuvo que el problema lleva más de un año sin una solución definitiva. Según denunció, los vecinos ya comunicaron la situación a responsables del proyecto y autoridades locales, pero solo habrían recibido explicaciones parciales sobre fallas en el sistema eléctrico o en el tablero de bombeo. Mientras tanto, el desagüe continúa expuesto en una zona de tránsito agrícola y familiar.
La molestia vecinal también alcanza a los funcionarios encargados de atender el proyecto. Los pobladores señalan que el Gobierno Regional de Arequipa debe asumir responsabilidad mientras la obra no sea transferida formalmente a una entidad operadora. En esa línea, reclaman una intervención técnica inmediata y no nuevas visitas, diagnósticos o compromisos sin fecha cierta.
El alcalde del centro poblado menor de San Isidro, Uber Mamani, respaldó el reclamo de los vecinos y advirtió que la situación ya afecta la salud, el tránsito y la actividad agrícola. También anunció que se realizarán nuevas constataciones y denuncias, debido a que la población considera que el problema dejó de ser una simple falla operativa para convertirse en una emergencia sanitaria.
La tensión social podría escalar. Algunos vecinos advirtieron que, si no reciben una respuesta inmediata, podrían adoptar medidas drásticas frente al paso de aguas residuales por su sector. Esa posibilidad agrava el escenario, porque una falla técnica no atendida a tiempo puede derivar en un conflicto mayor entre pobladores, autoridades y responsables del proyecto.
El caso revela una contradicción grave: una obra concebida para mejorar la calidad de vida de 23 pueblos de La Joya hoy es señalada por generar contaminación, aislamiento y riesgo sanitario en uno de sus sectores. El problema ya no puede tratarse como una incomodidad vecinal, sino como una alerta de salud pública que exige verificación, reparación y seguimiento permanente.
El Chaparral no pide un favor, sino una respuesta básica del Estado: que el sistema funcione, que la vía sea recuperada y que las familias dejen de convivir con aguas servidas. La solución deberá medirse en el terreno, con maquinaria, reparación técnica, limpieza efectiva y acciones verificables, no con anuncios administrativos que no cambian la realidad de quienes viven entre olores, desagüe y abandono.
