Una catástrofe pronosticada hace décadas

Por Miguel Ángel Huamán

LA EXTINCIÓN DE LAS HUMANIDADES

«Cuanto más vacía es la mente de una persona, más dinero necesita para llenar sus fines de semana. Al no crear ni producir nada por sí misma, debe comprarlo todo para entretenerse.» Esta cita de Fernando Savater, el destacado pensador español, nos sirve de ocasión para explicar que la crisis de la educación mundial que hoy constatamos fue advertida por muchas mentes brillantes desde fines del siglo pasado.

En su libro «El valor de educar» (Ariel  1997), señalaba a sus coetáneos: «Ahora que estamos cerca de concluir un milenio se reiteran una serie de alarmas proféticas que inquietan mucho (…) En el terreno de la educación, uno de esos fantasmas es la hipotética desaparición en los planes de estudio de las humanidades, sustituidas por especialidades técnicas que mutilarán a las generaciones futuras de la visión histórica, literaria y filosófica imprescindible para el cabal desarrollo de la plena humanidad…tal como la entendemos en estas latitudes.»

La opinión de que la enseñanza escolar y universitaria debe dar a los jóvenes solo información útil para sobrevivir, crecer y desarrollarse implícitamente desdeña la importancia de pensar. Es decir, rechazan una formación integral en el respeto a las opiniones ajenas, en valores orientados hacia el consenso y el pensamiento crítico, dialógico. Obvian que el ser humano necesita la conversación como condición esencial para su evolución.

«La virtud humanista y formadora de las asignaturas que se enseñan no estriba en su contenido intrínseco, fuera del tiempo y del espacio, sino en la concreta manera de impartirlas, aquí y ahora. No es cuestión del qué, sino del cómo.» Ese diálogo constituye la fuente para construir un mañana diferente.

La principal causa de ineficacia docente es la «pedantería» pedagógica, que es la enfermedad laboral de la mayoría de maestros convertidos en burócratas, preocupados solo en marcar su asistencia. En lugar de dialogar, propiciar la curiosidad y la convicción de la importancia de retribuir a la comunidad aquello que propicie un futuro solidario, de igualdad y bienestar colectivo imponen el culto a la ganancia, al valor supremo del dinero y al privilegio como un derecho propio exclusivo. Esto significa que la decadencia no solo ha llegado, sino que crece, se fortalece como un tejido maligno que es indispensable extirpar, eliminar para poder vivir.

La eliminación en los planes de estudio universitarios de especialidades académicas y la reducción impositiva en las universidades a solo carreras profesionales orientadas al mercado de trabajo, constituye la evidencia de la grave crisis de la educación superior en la que nos encontramos.

¡Recuperar en los planes de estudio las asignaturas y la formación humanista deviene indispensable!

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