Crisis recurrente que castiga a los pacientes
Por Carlos Meneses
La salud pública no puede seguir sometida a la improvisación ni al reparto político. EsSalud necesita estabilidad, gestión técnica y autoridades capaces de entender que detrás de cada operación postergada existe una persona que sufre. Lo contrario significa normalizar la indolencia y aceptar que la burocracia continúe enfermando aún más a quienes buscan atención.
La crisis en EsSalud ya dejó de ser una emergencia ocasional para convertirse en una dolorosa costumbre. Cada cierto tiempo reaparecen las mismas denuncias: operaciones suspendidas, hospitales desabastecidos, pacientes abandonados y familias desesperadas frente a un sistema que parece incapaz de garantizar lo más elemental. Lo que ocurre hoy en el Hospital III Yanahuara no es un hecho aislado. Es la confirmación de un problema estructural que las autoridades conocen perfectamente, pero que siguen sin resolver.
Resulta indignante que una profesora arequipeña permanezca internada durante más de una semana esperando una cirugía por fractura de muñeca simplemente porque el hospital no tiene una placa para la intervención. No se trata de un equipo sofisticado ni de una tecnología inaccesible. Es un insumo básico y frecuente en traumatología. Sin embargo, su ausencia basta para paralizar una operación, ocupar innecesariamente una cama hospitalaria y condenar al paciente al dolor, la incertidumbre y el abandono.
Lo más grave es que nadie parece asumir responsabilidades. Mientras los asegurados esperan respuestas, las autoridades guardan silencio. La falta de planificación en las compras y los permanentes quiebres de stock vuelven a evidenciar una gestión improvisada y deficiente. En cualquier institución mínimamente eficiente, los insumos esenciales para cirugías deberían estar garantizados mediante sistemas de previsión y abastecimiento permanente. En EsSalud ocurre exactamente lo contrario: se actúa recién cuando la crisis estalla.
Pero detrás de este colapso administrativo existe también un problema político que ya no puede seguir ocultándose. EsSalud se ha convertido desde hace años en una entidad capturada por intereses partidarios. Cada cambio de gobierno trae consigo una repartija de cargos que prioriza favores políticos antes que capacidad técnica. Las consecuencias de ese manejo irresponsable las pagan directamente los pacientes.
La reciente renuncia del presidente ejecutivo de EsSalud y el inmediato nombramiento de otro funcionario vinculado políticamente a Alianza Para el Progreso vuelven a confirmar que la institución sigue siendo utilizada como botín. Lo mismo ocurre en las dependencias regionales, donde las designaciones responden muchas veces a cuotas partidarias y no a méritos profesionales. Así es imposible construir políticas sostenidas, transparentes y eficientes.
Mientras la política invade oficinas y directorios, los hospitales continúan desabastecidos. Las promesas de modernización quedan archivadas y los asegurados siguen enfrentando largas esperas, operaciones suspendidas y atención deficiente. El drama de María Hancco simboliza el fracaso de un sistema que debería proteger a los trabajadores y termina castigándolos en los momentos más difíciles.
