Un desastre anunciado que aún puede evitarse

Por: Carlos Meneses

Si dentro de un año la región vuelve a sufrir pérdidas humanas y millonarios daños materiales, no será únicamente consecuencia de El Niño. Será, sobre todo, el resultado de una oportunidad desperdiciada por autoridades que tuvieron tiempo para actuar y decidieron esperar.

Las alertas están dadas. Los científicos han hablado con claridad. Los antecedentes históricos existen. Sin embargo, Arequipa parece avanzar una vez más hacia una emergencia anunciada sin que las autoridades hayan aprendido las lecciones que dejaron los desastres recientes. El posible retorno del fenómeno de El Niño entre finales de 2026 e inicios de 2027 no debería sorprender a nadie. Lo que sí resulta alarmante es que la región continúe tan vulnerable como antes.

La última temporada de lluvias dejó una estela de destrucción en distintos puntos de la ciudad. Torrenteras activadas, viviendas afectadas, vías colapsadas y pérdidas humanas evidenciaron las graves deficiencias en materia de prevención y gestión del riesgo. Sin embargo, meses después, gran parte de esos problemas permanece intacta.

El caso de la torrentera de El Chullo es una muestra preocupante de esta realidad. Allí se produjeron daños cuantiosos y se perdieron vidas humanas. Pese a ello, no existe hasta hoy una intervención definitiva que garantice la seguridad de los vecinos. El cauce sigue limitado por construcciones y obras que reducen su capacidad natural de evacuación. Las autoridades conocen el problema, pero las soluciones continúan atrapadas entre expedientes, anuncios y promesas.

La responsabilidad tiene nombres concretos. La Municipalidad Provincial de Arequipa, los gobiernos distritales involucrados, el Gobierno Regional y las entidades del Ejecutivo han demostrado una preocupante incapacidad para coordinar acciones preventivas de largo plazo. Cada institución espera que otra asuma la responsabilidad mientras los riesgos se acumulan.

A ello se aúna otro desafío igualmente importante: la seguridad hídrica. Los especialistas advierten que El Niño podría reducir las precipitaciones en las zonas altoandinas, afectando el almacenamiento de agua en las represas que abastecen a la región. Arequipa depende de estos recursos para el consumo humano, la agricultura, la industria y la generación de energía. Sin embargo, poco se habla de planes concretos para enfrentar un eventual déficit hídrico.

La proximidad de los cambios de gobierno tampoco puede convertirse en una excusa para la inacción. El calendario político no modifica los pronósticos climáticos. Mientras las actuales autoridades culminan sus mandatos y los futuros gobernantes se preparan para asumir funciones, la naturaleza sigue su curso.

La prevención requiere liderazgo, inversión y capacidad de gestión. Lo que Arequipa necesita hoy no son más diagnósticos ni discursos de ocasión. Necesita obras, mantenimiento de torrenteras, protección de quebradas, ordenamiento urbano y planificación hídrica.

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