EsSalud: crisis que ya no admite excusas

Por: Carlos Meneses

EsSalud necesita mucho más que un plan de contingencia. Requiere una profunda reorganización institucional, autoridades con capacidad de gestión y funcionarios que rindan cuentas. Los asegurados no pueden seguir siendo víctimas de la incompetencia ni de los intereses políticos. La salud pública exige liderazgo, transparencia y resultados. Todo lo demás son excusas que el país ya no puede seguir tolerando.

La crisis de EsSalud ha llegado a un punto límite. Lo que durante años fue denunciado por pacientes, trabajadores y especialistas, hoy ha sido reconocido por la propia institución: la seguridad social peruana atraviesa una de las peores etapas de su historia reciente. El desabastecimiento de medicamentos supera el 55 % a nivel nacional, faltan insumos, equipos médicos y personal, mientras miles de asegurados deben soportar largas esperas, postergación de tratamientos y una atención cada vez más precaria.

Sin embargo, lo más preocupante es que esta crisis no es producto de una emergencia repentina. Es el resultado de años de improvisación, inestabilidad administrativa y decisiones políticas que convirtieron a EsSalud en un espacio de reparto de cargos antes que en una institución dedicada a proteger la salud de millones de peruanos.

Arequipa es hoy un reflejo de esa realidad. Los gremios de médicos, enfermeras y trabajadores han pedido la salida del gerente de la Red Asistencial, Roberto Núñez Quiroz, cuestionando su falta de liderazgo y capacidad de respuesta frente a una situación que afecta a más de 700 mil asegurados. Más allá de los nombres, el reclamo pone en evidencia un problema mayor: la desconexión entre quienes dirigen la institución y quienes enfrentan diariamente las consecuencias del colapso.

Resulta inadmisible que en medio de una crisis reconocida oficialmente, los trabajadores denuncien ausencia de diálogo, falta de transparencia y escasa presencia de las autoridades. Cuando los pacientes no encuentran medicamentos y los profesionales de salud deben trabajar sin los recursos mínimos, el silencio de los responsables se convierte también en una forma de negligencia.

La eventual declaratoria de emergencia que evalúa la nueva gestión nacional puede ser una medida necesaria, pero no suficiente. Inyectar recursos es importante, pero el problema de fondo sigue siendo la gestión. De poco servirá destinar millones de soles si continúan los mismos errores administrativos, la burocracia ineficiente y la ausencia de mecanismos de control que permitan garantizar resultados.

La amenaza de una paralización en Arequipa es una señal de alarma que no debe ser ignorada. Si más de dos mil profesionales deciden suspender sus labores, los principales perjudicados serán los pacientes. Pero responsabilizar únicamente a los trabajadores sería injusto. La verdadera responsabilidad recae en quienes permitieron que la situación llegara a este extremo.

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