Coleccionistas de álbumes en Arequipa juegan una final aparte

Mientras el mundo cuenta las horas para el cierre del Mundial de Fútbol 2026, en Arequipa se disputa otra final, silenciosa pero igual de apasionante. No hay árbitros, tribunas ni césped, pero sí miradas ansiosas, manos que hojean álbumes y cientos de figuritas que cambian de dueño en cuestión de segundos. Es el campeonato de los coleccionistas, donde cada sticker representa un sueño más cerca de completarse.

La plazoleta del mercado San Camilo volvió a convertirse ayer literalmente en el gran estadio de esta competencia paralela. Desde las primeras horas del día, decenas de familias, niños, jóvenes y adultos ocuparon cada rincón con álbumes abiertos sobre las piernas y pequeños sobres repletos de figuras repetidas. El bullicio de las negociaciones se mezclaba con sonrisas, abrazos y expresiones de alegría cuando aparecía la figurita que tanto tiempo llevaban buscando.

En ese improvisado mercado del coleccionismo, las llamadas «claves» eran el mayor tesoro. Los stickers más escasos de los álbumes Panini, Tres Reyes y Flash Edition alcanzaban precios superiores a los dos soles, mientras algunos coleccionistas no dudaban en pagar más con tal de acercarse al ansiado álbum completo antes del final de la Copa del Mundo.

La figurita más codiciada seguía siendo la del astro argentino Lionel Messi. Su imagen, buscada con insistencia por niños y adultos, llegó a ofrecerse hasta en diez soles, convirtiéndose prácticamente en una reliquia. También los stickers de los estadios donde se disputó el Mundial de México, Canadá y Estados Unidos despertaban un enorme interés entre los aficionados están a dos soles.
La plazoleta de San Camilo confirmó una vez más por qué es el punto de encuentro histórico de los coleccionistas arequipeños. Desde hace décadas, cada campeonato mundial transforma este espacio en un escenario de intercambio donde no importa la edad ni la condición social. Todos hablan el mismo idioma: el de las figuritas que faltan para completar la colección.

Además del tradicional álbum Panini, este año ganaron terreno otras ediciones más económicas como Tres Reyes y Flash Edition. Sus sobres circulan tanto en puestos establecidos como en el comercio informal, permitiendo que más familias puedan sumarse a la fiebre mundialista sin que el costo sea un obstáculo.

Cada cuatro años, la pasión renace con la misma intensidad. Principalmente los niños de entre 8 y 12 años viven esta experiencia con emoción desbordante, aunque muchos adultos reconocen que vuelven a sentirse pequeños al abrir un sobre o intercambiar una figurita repetida. El álbum deja de ser un simple pasatiempo para convertirse en un puente entre generaciones.

Una escena que llamó especialmente la atención fue la presencia de numerosos niños y jóvenes luciendo la camiseta número 10 de Lionel Messi. Caminaban entre los grupos de coleccionistas preguntando una y otra vez si alguien tenía la figurita del campeón argentino. Para muchos, completar esa página del álbum equivalía a conquistar el trofeo más importante del torneo.

Detrás de cada intercambio también existe un mercado que mueve importantes sumas de dinero. Las figuritas más antiguas, raras o autografiadas pueden alcanzar precios sorprendentes en subastas internacionales y entre coleccionistas especializados. Algunas piezas llegan a valer oro por su escasez y el significado histórico que representan para el fútbol mundial.

Cuando el Mundial llegue a su fin y el campeón levante la copa, en Arequipa también habrá vencedores. Serán aquellos niños que cierren por fin su álbum con la última figurita, los padres que compartieron una tarde inolvidable con sus hijos y los coleccionistas que mantuvieron viva una tradición que resiste el paso del tiempo. Porque, al final, las figuritas no solo completan páginas: también llenan de recuerdos el corazón de quienes crecieron soñando con un balón y un álbum entre las manos.

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