DOCENTES UNIVERSITARIOS: ¿ESPECIE EN EXTINCIÓN?
Por: Miguel Ángel Huamán
Una de las consecuencias de la revolución informática y digital en curso parece ser la del título. Los profesores de humanidades somos los primeros en la lista imaginaria de los puestos de trabajo que desaparecerán en un futuro cercano. El proceso de privatización de la educación a inicios de la década de los 90 trasladó progresivamente la responsabilidad estatal de promoción de la formación escolar y universitaria al sector empresarial.
Como consecuencia de este abandono de la responsabilidad de las políticas estatales frente al desarrollo nacional se dio prioridad erróneamente a las tecnologías para el mercado de trabajo y a las ganancias capitalistas que adquirieron condición de principios indiscutibles.
La revolución informática y digital ha enfatizado en más de treinta años una enseñanza memorística y pasivamente receptiva. Los estudiantes progresivamente han perdido la competencia esencial de la lectura y la interacción social-familiar cotidiana ensimismados en sus dispositivos virtuales. Se transformaron en individuos aislados, autistas y conformistas manipulables por una cultura consumista de la banalidad.
El resultado lamentable: la gran mayoría son analfabetos funcionales, pues sabiendo leer no lo hacen. La automatización de la producción por la Inteligencia Artificial, el acceso inmediato a datos e información en redes virtuales y la desvalorización de lo meritocrático han sido determinantes para la difusión de las prácticas corruptas y cómplices. La IA no es una agencia que gestiona conocimiento. Es solo un instrumento al servicio de políticas económicas que dan prioridad a las ganancias transnacionales. No puede decidir sobre sus parámetros o algoritmos, tampoco aprender fuera de lo conocido o registrado. Es decir, no posee el criterio de un ser humano con formación superior y visión de los límites del saber.
Atravesamos un periodo en donde el valor del estudio y la titulación se deteriora cotidiana y constantemente. Más que cambios en los planes de estudio, de aumentar las propuestas de cursos cortos, de exigir profesores con doctorados y grados no acreditados se debe recuperar a los docentes competentes que promueven el pensamiento crítico sobre la repetición memorística de contenidos.
La educación digital no se reduce a instruir y entrenar en el uso de medios cibernéticos (chatgpt, IA, redes y repertorios, etc.). La base del conocimiento radica en el análisis o la lectura atenta. La simple descodificación de la información no es conocimiento, solo la comprensión de los aspectos implícitos que la sustentan deviene esencial para su extensión o aplicación creativa.
La base de la disidencia o del extrañamiento de un texto consiste en detectar o ver en la lectura vacíos, problemas, diferencias. Estos son determinantes para una lectura atenta que sustenta y alimenta el pensamiento crítico. A partir de esta idea toda solución implica una innovación; es decir, una ampliación del significado.
Enseñar no consiste en transmitir contenidos, sino en compartir experiencias de un aprendizaje significativo. El docente debe ser un mediador del proceso del conocimiento, no solo un expositor o difusor. Más importante que diseñar nuevos cursos o especialidades digitales la tarea consiste en superar el modelo del profesor que repite datos para memorizar y resaltar su función dialogante que incentiva que el estudiante asuma una postura activa y reflexiva.
Esta perspectiva de la educación del mañana destierra la idea de la inutilidad de la formación humanista y su remplazo por la automatización cibernética. Más que proponer nuevas opciones profesionales, cursos de habilidades blandas o de aplicación de la IA, las facultades de humanidades deben orientar su formación hacia el análisis y la lectura atenta que incentiva el pensamiento crítico indispensable para un desarrollo sostenible.
Más que cambios curriculares, clases virtuales y reducción de años de estudio el docente humanista debe de ser un promotor del pensamiento crítico. Es decir, de la capacidad de disidencia, de la confluencia interdisciplinaria, con una visión prospectiva del saber ecológico, solidario y comunitario de la ciencia y la tecnología.
