Arequipa corona a los maestros que dan vida a su tradición
Entre cinceles, martillos, fuego y paciencia, los concursos artesanales transformaron la Plaza de Armas en un gran taller durante las celebraciones por los 486 años de Arequipa. Miguel Ángel Meza, César Choquepata, Mario Miranda y Edmond Gálvez conquistaron los primeros lugares de cuatro especialidades que siguen transmitiendo la memoria de la Ciudad Blanca.
Primero fue un bloque de sillar, una pieza de fierro, una lámina de cobre o un trozo de cuero. Durante tres jornadas, los golpes del cincel y el martillo acompañaron el movimiento habitual de la Plaza de Armas hasta convertirla en un enorme taller abierto. Allí, en pleno corazón de Arequipa, los artesanos volvieron a demostrar que algunas de las tradiciones de la ciudad no están guardadas en vitrinas: todavía se construyen con las manos.
Al terminar la competencia hubo cuatro vencedores. Miguel Ángel Meza Alejo ganó el XXIII Concurso de Tallado en Sillar con “Yo tuve un sueño, Tranvía”; César Choquepata Gutiérrez se impuso en el XX Concurso de Fierro Forjado con “Loncco”; Mario Ricardo Miranda Monteagudo conquistó el IX Concurso de Repujado en Cobre con “Legorías de mi tierra V”; y Edmond Gálvez Arotaype obtuvo el primer lugar del VIII Concurso de Repujado en Cuero con “El acuarelista Palao Berastein”.
Para Miguel Ángel Meza, además, la victoria significó volver a ocupar lo más alto del podio. En la edición de 2025 ya había ganado el concurso de sillar con “Catedral 2001, el peso de la herencia”. Esta vez regresó con una propuesta distinta y consiguió nuevamente el primer puesto. Detrás quedaron Juan Carlos López Marín, segundo con “Menelik N.° 26”, y Mauro Jalanocca Javier, tercero con “Apucllay arequipeño”.
Pero alrededor de las obras ganadoras hubo otras historias. Rogelio Mora trabajó sobre un bloque de sillar para representar a dos hombres de las canteras. Llevaba entre cuatro y cinco años dedicado a esta especialidad y calculaba que esta era aproximadamente su cuarta participación. No necesitó una explicación extensa para justificar por qué continuaba regresando al concurso: “Es una tradición de Arequipa”, resumió.
Unos metros más allá, el ambiente cambió. Allí estaban el calor, el carbón y el sonido seco del martillo contra el metal. César Choquepata Gutiérrez se llevó el máximo reconocimiento del fierro forjado con “Loncco”. José Alonso Pérez Málaga quedó segundo con “La guardiana del fogón”, mientras Concepción Alipio Otazú Zapana alcanzó el tercer puesto con “El arte en la historia: el cantero”. El resultado reunió en tres piezas personajes estrechamente vinculados con el imaginario tradicional arequipeño.
Entre los participantes de esta especialidad apareció también Griselda Alvarez, quien vivió su primera experiencia en el certamen y relató que era la única mujer que competía en fierro forjado. Alumna de la Escuela Taller Arequipa, eligió como motivo a la sirena del Puente Bolognesi, llevando al metal uno de los personajes asociados a las antiguas historias y leyendas que circulan alrededor del río Chili.
Alvarez reconoció que trabajar el fierro exige fuerza, pero también técnica, cuidado y un aprendizaje progresivo de las herramientas. Destacó las enseñanzas recibidas de su profesor Alipio Tello y la experiencia compartida con otros artesanos. Su aspiración no terminó con esta primera participación: quiere continuar capacitándose, regresar a competir y animar a otras mujeres arequipeñas a ingresar a un oficio donde históricamente la presencia masculina ha sido predominante.
El cobre contó otra parte de la celebración. Mario Ricardo Miranda Monteagudo alcanzó el primer lugar con “Legorías de mi tierra V”; Gilbert Ticona Mullisaca, con “El legado del cantero”, ocupó el segundo puesto; y Yelsin Aaron Hancco Churata, autor de “El umbral de la tradición”, consiguió el tercero. Aquí no hubo grandes bloques ni una fragua: el lenguaje estuvo en los pequeños golpes capaces de levantar formas y profundidades sobre una superficie metálica.
En cuero, Edmond Gálvez Arotaype se llevó el primer premio con “El acuarelista Palao Berastein”. Alex Ofdan Hachiri Leandro consiguió el segundo puesto con “El brindis del gañán, homenaje a José Luis Orihuela Málaga”, mientras Elizabeth Pilco Borja alcanzó el tercero con “El fogón de Arequipa”. Pilco se convirtió así en una de las presencias femeninas del podio general de estas cuatro competencias.
Los títulos de las doce obras premiadas terminaron componiendo, casi involuntariamente, un retrato de Arequipa: aparecieron el loncco, el gañán, el cantero, el fogón, el tranvía, el arte y las tradiciones. No fueron solamente ejercicios técnicos. Cada participante escogió personajes, lugares o costumbres reconocibles para una ciudad que durante agosto vuelve la mirada hacia su propia historia.
Cuando los artesanos guardaron martillos, cinceles y herramientas, terminó la competencia, pero no el oficio. Los maestros se marcharon con sus obras y cuatro de ellos con el máximo reconocimiento. Detrás quedaron también participantes que recién comienzan, como Griselda Alvarez, y otros que vuelven año tras año, como Rogelio Mora. Esa convivencia entre experiencia y aprendizaje quizá sea el verdadero premio: que después de 486 años, Arequipa todavía tenga manos capaces de convertir su memoria en piedra, fierro, cobre y cuero.
