PREVENIR ANTES DE LAMENTAR
Por Carlos Meneses

El Niño todavía no ha causado el próximo desastre. Precisamente por eso, este es el momento para prevenirlo.

El informe del Instituto Peruano de Economía (IPE) vuelve a colocar frente a Arequipa una realidad que no admite postergaciones: más de un millón de habitantes están expuestos a los efectos del Fenómeno El Niño. No se trata de una amenaza distante ni de un escenario hipotético. Es un riesgo identificado, localizado y advertido con anticipación.

El peligro tampoco será uniforme. Mientras la costa arequipeña puede enfrentar lluvias intensas, desbordes, huaicos e inundaciones, las provincias altoandinas pueden sufrir déficit hídrico y sequías. El mismo fenómeno climático puede golpear por exceso y por escasez de agua, poniendo a prueba una infraestructura que arrastra brechas históricas.

El IPE advierte, además, que el tiempo disponible debe aprovecharse para fortalecer la prevención. La información ya existe. CENEPRED y la Autoridad Nacional del Agua han identificado zonas vulnerables y cuencas que podrían activarse. Lo que corresponde ahora es que el Gobierno Regional y las municipalidades conviertan esos mapas y diagnósticos en acciones concretas.

No basta con declarar la emergencia cuando el agua ya ingresó a las viviendas, los ríos se desbordaron o una quebrada arrasó con una carretera. Prevenir significa actuar antes.

Eso supone acelerar la descolmatación de cauces, quebradas y sistemas de evacuación de aguas, pero también revisar puntos críticos, reforzar defensas, proteger infraestructura esencial y garantizar que las obras ejecutadas respondan realmente a los riesgos identificados. Gastar después de un desastre para reparar lo destruido no puede seguir sustituyendo a la inversión preventiva.

La vulnerabilidad es todavía mayor por la precariedad urbana. Una importante proporción de viviendas fue levantada sin adecuada supervisión técnica y en algunos casos sobre zonas de riesgo. Los colegios y establecimientos de salud también presentan brechas que pueden convertir un fenómeno natural en una crisis social.

El campo tampoco está preparado para soportar otro golpe. Más de 100 mil hectáreas agrícolas están expuestas a inundaciones y otras 28 mil a sequías. Una agricultura que ya llega debilitada, con menor superficie sembrada y una caída de 10,8% en su producción durante el primer semestre, tiene menos capacidad para absorber una nueva perturbación.

Por eso, la prevención debe incluir reservorios, canales, cosecha de agua y mantenimiento de la infraestructura de riego, además de medidas concretas para proteger las zonas agrícolas y pecuarias. El objetivo no es únicamente evitar pérdidas económicas, sino impedir que una crisis climática termine encareciendo todavía más los alimentos que llegan a los hogares.

Arequipa ya conoce el costo de reaccionar tarde. Ahora tiene información, advertencias y tiempo para actuar.

La prevención no debe ser un discurso de temporada ni una lista de promesas electorales. Debe convertirse en una obligación de gobierno. Las próximas autoridades tendrán que enfrentar una región amenazada simultáneamente por el exceso de agua en la costa y la escasez en las alturas.

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