Arequipa decidió su nuevo mapa político con voto fragmentado
Por Jorge Turpo R.
La elección evidencia un electorado fragmentado y una débil consolidación de partidos y movimientos políticos. Los resultados también revelan la necesidad de construir nuevos liderazgos y renovar una oferta electoral que permanece concentrada en figuras conocidas.
ZEGARRA LIDERA PREFERENCIA CIUDADANA
Con los resultados preliminares de las elecciones regionales y municipales de ayer, el panorama de Arequipa apunta a que la vieja guardia de la política arequipeña volvió a tener la preferencia del electorado.
Esto se refleja, ante todo, en el resultado para el Gobierno Regional, donde Alfredo Zegarra Tejada, de Fuerza Arequipeña, consiguió imponerse con amplia ventaja a quienes disputan el segundo lugar y pasar a la segunda vuelta.
Lo mismo ocurre en la Municipalidad Provincial, donde Manuel Vera Paredes, también de Fuerza Arequipeña, logró el primer lugar y es el virtual alcalde de Arequipa.
Queda claro que Vera Paredes se benefició del arrastre que le generó la votación de Alfredo Zegarra. Es decir, hubo electores que marcaron la casita de Fuerza Arequipeña para el Gobierno Regional y decidieron hacerlo también para la Municipalidad Provincial.
Alfredo Zegarra, que fue alcalde provincial durante dos periodos, ahora tiene la oportunidad de intentar llegar al Gobierno Regional, un cargo al que ya había postulado anteriormente. Zegarra pertenece a un grupo de políticos que algunos consideraban retirados, pero esta elección marcó su retorno.
Vera Paredes, empezará su gestión con casi el 80% de los electores que no votaron por él. Es una situación que se repite de elección en elección y que, si no existe una capacidad de construir consensos, puede terminar generando problemas de gobernabilidad en la gestión municipal.
A esto se suma un problema adicional para Vera Paredes: mientras ejerza el cargo tendrá que afrontar también el juicio oral por el caso que se le sigue por presunto enriquecimiento ilícito.
Pero los resultados dejan otra conclusión importante: ninguna organización política o movimiento regional ha conseguido marcar una diferencia suficiente como para convertirse en una fuerza dominante en Arequipa.
Fuerza Arequipeña tuvo la preferencia en el Gobierno Regional y consiguió colocar a su candidato en la Municipalidad Provincial, pero eso no significa que haya logrado convertirse en una fuerza arrolladora en toda la región. En los distritos aparecen autoridades de diferentes partidos y movimientos.
Arequipa Avancemos, identificado por el símbolo del pollito, también sufrió un importante revés, sobre todo, porque en varios distritos no consiguió la mayoría de votos. Incluso perdió Cerro Colorado, donde Hermes Oscco, uno de sus candidatos con mayor despliegue propagandístico, volvió a ser derrotado. Esta vez fue Mirtha Ruelas, candidata de Ahora Nación, quien se impuso en ese distrito.
Los partidos nacionales tampoco consiguen consolidarse en Arequipa. Renovación Popular ha demostrado una vez más que es básicamente una fuerza capitalina y que en regiones como Arequipa tiene una llegada bastante limitada.
Ricardo Ramírez del Villar, pese a la intensidad de su campaña y a haber postulado en anteriores ocasiones, terminó relegado al cuarto lugar en la elección provincial. Es una de las derrotas más significativas para esta organización.
El nuevo mapa político de Arequipa estará marcado, entonces, más por personajes que por partidos o movimientos. Personajes que ya tienen una trayectoria política, que han ejercido cargos y que, pese al desgaste de los años, conservan una capacidad de conexión con una parte del electorado.
Pero hay algo más que debería preocuparnos. El principal reto de Arequipa en materia política para los próximos cuatro años será renovar la oferta electoral.
Eso significa buscar que nuevas personas, nuevos liderazgos y buenos vecinos que quieran involucrarse en la actividad pública encuentren espacios para hacerlo. De lo contrario, el poder seguirá circulando entre los mismos nombres elección tras elección.
Aquí es necesario mirar un poco más allá de los resultados electorales. Porque para entender cómo se reconstituye el poder político en Arequipa no basta con observar quién ganó una elección.
También debemos preguntarnos quiénes tienen capacidad económica, qué redes han construido y cómo esas redes terminan relacionándose con la política.
Paulo Vilca y Álvaro Gálvez, investigadores del Instituto de Estudios Peruanos, han estudiado precisamente esta transformación de la política regional.
Su lectura plantea que la descentralización iniciada en 2002 no solamente transfirió recursos y competencias desde Lima hacia las regiones. También redistribuyó poder y permitió el surgimiento de nuevos grupos políticos y económicos regionales.
Los recursos destinados a los gobiernos subnacionales generaron mercados alrededor del Estado. En ese proceso los contratistas adquirieron una capacidad que fue mucho más allá de ejecutar obras. Acumularon capital, maquinaria, conocimiento sobre el funcionamiento del Estado y redes de contacto.
Según Vilca y Gálvez, esos actores fueron construyendo progresivamente carreras empresariales y políticas. En una primera etapa podían financiar o respaldar candidatos para luego acceder a contratos públicos.
Ahora el fenómeno ha evolucionado: cada vez con mayor frecuencia el propio contratista busca convertirse en alcalde o gobernador. El ascenso económico empieza a transformarse en ascenso político.
Esta explicación ayuda a entender que el mapa político de Arequipa no se reduce a la disputa entre Fuerza Arequipeña, Arequipa Avancemos, Renovación Popular u otras organizaciones.
Hay detrás una transformación más profunda del poder regional. Los investigadores del IEP sostienen que alrededor de la obra pública se han formado redes de contratistas, funcionarios y operadores políticos que vinculan los recursos del Estado con la arena electoral.
Ese proceso puede terminar generando nuevas élites regionales, capaces incluso de proyectarse hacia el Congreso y la política nacional.
Ese fenómeno merece atención en Arequipa porque la política regional no puede analizarse separada de la economía. La obra pública, las empresas, los contratistas, las redes políticas y las economías informales e ilegales pueden terminar relacionándose de distintas maneras. Vilca y Gálvez advierten precisamente sobre esa creciente porosidad entre actividades que antes se analizaban por separado.
El electorado está más fragmentado, los partidos tienen menos capacidad de representación y los nuevos grupos económicos buscan cada vez con mayor claridad una representación política propia.
