¿Qué enfermedad tiene el papa León XIV y qué otros pontífices tuvieron cáncer?

El Santo Padre fue operado de un adenocarcinoma pulmonar y recibió el alta hospitalaria cuatro días después. El cirujano Stefano Margaritora considera que podrá realizar su gira por Perú, Argentina y Uruguay en noviembre, aunque la evolución médica y los resultados complementarios serán determinantes.

El diagnóstico también reabrió una pregunta histórica: ¿Qué otros papas padecieron cáncer? Entre los antecedentes documentados destaca Juan XXIII, quien murió en 1963 a consecuencia de un cáncer de estómago. En otros casos, como el de Juan Pablo II, hubo intervenciones para retirar tumores, pero eso no significa necesariamente que fueran malignos. Por ello, es importante diferenciar los diagnósticos confirmados de las enfermedades que no fueron cancerosas.

La salud del papa León XIV concentra la atención internacional después de que fuera operado el martes 13 de octubre de un adenocarcinoma pulmonar, un tipo de cáncer que se origina en las células glandulares del tejido. El tumor fue detectado de manera accidental durante exámenes médicos rutinarios y motivó la extirpación del lóbulo inferior del pulmón derecho. Cuatro días después, el sábado 17 de octubre, el pontífice recibió el alta del hospital Gemelli de Roma y regresó al Vaticano.

¿EN QUÉ CONSISTE LA ENFERMEDAD DE LEÓN XIV?

El adenocarcinoma pulmonar es una variedad de cáncer de pulmón que se desarrolla a partir de células que producen sustancias como el moco y que forman parte del revestimiento de las vías respiratorias. Pertenece al grupo de los cánceres de pulmón de células no pequeñas y es uno de los tipos más frecuentes de esta enfermedad.

Su comportamiento depende de diferentes factores: el tamaño del tumor, su ubicación, las características de las células malignas y la eventual presencia de células cancerosas en los ganglios linfáticos u otros órganos. Por esa razón, conocer el nombre del tumor no basta para establecer por sí solo el pronóstico de una persona.

En el caso del papa, el hallazgo fue fortuito. Según explicó Stefano Margaritora, el cirujano que encabezó la intervención, la lesión apareció durante pruebas rutinarias del abdomen. Debido a la posición del diafragma, las imágenes permitieron observar también una parte de la base de los pulmones y advertir una pequeña mancha.

El pontífice no había presentado síntomas respiratorios y, de acuerdo con el especialista, se encontraba bien antes de la detección. Este aspecto es relevante porque algunos tumores pulmonares pueden desarrollarse durante un tiempo sin provocar tos persistente, dificultad para respirar o dolor en el pecho.

La ausencia de síntomas, sin embargo, no descarta la enfermedad. El caso del papa ilustra cómo una lesión puede aparecer durante exámenes realizados por otros motivos, aunque no significa que todas las personas deban someterse a las mismas pruebas. La evaluación preventiva depende de factores individuales, como la edad, los antecedentes de tabaquismo y otros riesgos, y debe ser indicada por profesionales de salud.

¿QUÉ OPERACIÓN LE REALIZARON?

El martes 13 de octubre, el equipo médico del Hospital Gemelli retiró el lóbulo inferior del pulmón derecho, donde se encontraba el tumor. La operación se efectuó mediante una técnica asistida por video y duró aproximadamente 90 minutos, según la información difundida por el Vaticano.

El examen del tejido durante la intervención confirmó el diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar que se sospechaba a partir de las pruebas anteriores. La cirugía concluyó sin complicaciones y el pontífice despertó normalmente.

La extirpación de un lóbulo pulmonar se conoce como lobectomía. Consiste en retirar una de las divisiones anatómicas del pulmón para extraer la lesión y el tejido afectado. En determinados tumores localizados, esta intervención constituye una de las principales alternativas terapéuticas, siempre que las condiciones del paciente permitan realizarla.

No obstante, la operación exitosa no significa automáticamente que se conozca toda la evolución futura de la enfermedad. Los análisis del tejido extraído y la evaluación de los ganglios linfáticos permiten determinar con mayor precisión la extensión del cáncer y establecer si se necesita tratamiento adicional.

Al momento del alta, los resultados de los análisis de sangre eran normales y la función cardíaca del papa se encontraba en buenas condiciones. La recuperación del pulmón intervenido evolucionaba dentro de los plazos esperados. El equipo médico también informó que había iniciado fisioterapia respiratoria, caminaba y había retomado su alimentación habitual.

Hasta la información comunicada el 17 de octubre, no se había divulgado públicamente un estadio definitivo del cáncer ni una decisión concluyente sobre la necesidad de quimioterapia, radioterapia u otro tratamiento complementario. Por eso, cualquier afirmación sobre una curación definitiva o sobre la extensión de la enfermedad sería prematura.

Juan XXIII, cuyo nombre de nacimiento fue Angelo Giuseppe Roncalli, fue papa entre 1958 y 1963.

¿PODRÁ VIAJAR A PERÚ EN NOVIEMBRE?

La recuperación de León XIV también tiene repercusiones para su agenda internacional. El pontífice tiene previsto realizar una gira apostólica por Uruguay, Argentina y Perú del 6 al 17 de noviembre, un recorrido que incluye vuelos, desplazamientos y una programación exigente.

Stefano Margaritora declaró a Vatican News que, desde el punto de vista clínico, no encontraba motivos para impedir el viaje. El especialista calculó que una recuperación física completa después de una intervención de este tipo puede requerir aproximadamente dos semanas y estimó que el papa podría encontrarse plenamente recuperado en unos diez días adicionales, considerando el tiempo transcurrido desde la operación.

La declaración constituye una valoración médica favorable, pero no equivale a una garantía absoluta sobre el cumplimiento de la gira. La decisión dependerá de la evolución del pontífice y de las evaluaciones médicas correspondientes. El secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, había señalado anteriormente que era necesario esperar el alta y conocer la opinión de los médicos antes de confirmar que el viaje podía desarrollarse según lo previsto.

Para Perú, la visita tiene especial relevancia por los años que Robert Prevost vivió y trabajó en el país como misionero y obispo. Sin embargo, hasta que exista una confirmación oficial definitiva, la gira debe considerarse una actividad programada cuya realización está sujeta a la evolución de su salud.

JUAN XXIII, EL ANTECEDENTE HISTÓRICO DE CÁNCER

El caso más claramente documentado entre los pontífices anteriores es el de Juan XXIII, cuyo nombre de nacimiento fue Angelo Giuseppe Roncalli. Fue papa entre 1958 y 1963 y convocó el Concilio Vaticano II, una asamblea que impulsó importantes cambios en la Iglesia católica.

Juan XXIII fue diagnosticado con cáncer gástrico en septiembre de 1962. La enfermedad se mantuvo en reserva durante meses y su gravedad no se comunicó abiertamente mientras continuaba al frente de la Iglesia. En aquella época, el Vaticano manejaba la información sobre la salud papal con mucha mayor discreción que en la actualidad.

El cáncer avanzó y provocó hemorragias internas. El 25 de mayo de 1963, el pontífice sufrió una nueva hemorragia y su estado se deterioró. El tumor perforó la pared del estómago y desencadenó una peritonitis, una inflamación grave de la membrana que recubre la cavidad abdominal. Murió el 3 de junio de ese año, a los 81 años.

Su enfermedad constituye un antecedente importante porque muestra cómo la falta de información pública sobre la salud de un papa no significa que no existieran diagnósticos médicos. Durante décadas, la Santa Sede mantuvo una política reservada respecto a las enfermedades de sus máximas autoridades.

Juan Pablo II, pontífice entre 1978 y 2005.

¿QUÉ OCURRIÓ CON JUAN PABLO II Y FRANCISCO?

Juan Pablo II, pontífice entre 1978 y 2005, enfrentó numerosos problemas de salud, especialmente durante los últimos años de su vida. En 1992 fue operado para extirparle un tumor intestinal que fue descrito como benigno. Por tanto, ese antecedente no debe presentarse como un caso confirmado de cáncer.

Su estado físico se deterioró progresivamente y en 2001 se confirmó públicamente que padecía la enfermedad de Parkinson, un trastorno neurológico que afecta el movimiento. También arrastraba secuelas del atentado que sufrió en 1981 y dificultades para caminar y hablar. Murió en abril de 2005, a los 84 años, tras una prolongada etapa de deterioro de su salud, pero el Parkinson no es cáncer.

El papa Francisco, fallecido en 2025, también fue sometido a distintas intervenciones médicas durante su pontificado. En 2021 le extirparon una parte del colon en una operación por una estenosis diverticular, una afección relacionada con el estrechamiento del intestino. Posteriormente fue hospitalizado en varias ocasiones por problemas respiratorios y otras complicaciones. Estos antecedentes, por sí solos, no permiten afirmar que padeciera cáncer.

La distinción es fundamental: una operación para retirar un tumor o una parte de un órgano no confirma necesariamente una enfermedad maligna. El diagnóstico depende de los resultados médicos y de la naturaleza de la lesión.

UNA MAYOR TRANSPARENCIA SOBRE LA SALUD PAPAL

La enfermedad de León XIV también marca un momento relevante en la comunicación del Vaticano. En el pasado, el estado de salud de los pontífices se mantenía frecuentemente en reserva, como ocurrió con Juan XXIII. En décadas recientes, las hospitalizaciones y los comunicados médicos han adquirido mayor visibilidad pública.

En el caso de León XIV, la Santa Sede informó de la operación y difundió actualizaciones sobre su recuperación. Esa información permite conocer los hechos principales, pero no reemplaza los datos clínicos que todavía no se han hecho públicos.

Por ahora, los datos confirmados son que el papa fue operado de un adenocarcinoma pulmonar, que se le retiró el lóbulo inferior derecho y que su recuperación posoperatoria evolucionaba favorablemente al recibir el alta. La extensión definitiva del cáncer y la eventual necesidad de otros tratamientos requieren información médica adicional.

La historia de los pontífices muestra que las enfermedades graves no han impedido necesariamente que los papas continúen ejerciendo sus funciones durante un tiempo, aunque cada caso depende de su diagnóstico y evolución. Para León XIV, los próximos resultados médicos serán decisivos tanto para establecer el tratamiento que corresponda como para determinar el ritmo de su agenda, incluida la visita prevista a América Latina.

Dejanos un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked with *.