El Valle de Majes mantiene viva la herencia vitivinícola de Arequipa
Las bodegas familiares preservan cepas patrimoniales y una tradición centenaria que busca ganar mayor reconocimiento en el mercado local.
Por: Daniela Nickole Santander
La historia de la viticultura en Sudamérica tiene sus raíces más profundas en suelo arequipeño, mucho antes de que países vecinos como Chile consolidaran sus actuales industrias de exportación. Tras la llegada de los primeros exploradores y la posterior fundación de la ciudad, la imperiosa necesidad de contar con vino para el culto religioso y el consumo cotidiano impulsó el cultivo masivo de la vid en los valles del sur peruano. Durante el primer siglo del Virreinato, Arequipa se transformó en el epicentro vitivinícola del territorio, donde valles como el de Majes abastecieron de los denominados «vinos de la tierra» y aguardiente a vastas regiones, surtiendo las rutas comerciales hacia los centros mineros de Potosí, Argentina y mercados tan distantes como México.

Al respecto, el gerente de la bodega Chirinos del Valle de Majes, Gianni Alberto Chirinos Chávez, enfatizó la magnitud histórica de este patrimonio. «Nuestra tradición de vino, los primeros viñedos en el nuevo mundo fueron dentro de todo Perú y dentro de eso Arequipa… Tuvimos un negocio muy importante sustentado porque incluso había embarcaciones que nosotros destinábamos solamente para hacer los tratados de estas uvas» menciona.

La preeminencia de los caldos arequipeños fue incluso elogiada por diversos cronistas de Indias, quienes destacaron su alta calidad frente a los productos traídos de Europa. A pesar de los fenómenos naturales, plagas y crisis políticas que a lo largo de los siglos mermaron la infraestructura vitivinífera colonial, la tradición ha logrado mantenerse en pie gracias al esfuerzo de bodegas familiares y guardianes de la tradición. Con más de dos décadas de labor continua desde su cimentación en la zona alta de Majes (muy cerca del complejo arqueológico de Toro Muerto), los productores locales continúan elaborando destilados con denominación de origen y promoviendo el rescate de cepas históricas como la Negra Criolla y la Moscatel. Chirinos Chávez destacó que la versatilidad de estas uvas patrimoniales permite elaborar caldos frescos y de alta calidad que responden a las exigencias del mercado contemporáneo.
«Trabajamos con uvas patrimoniales con las que venimos trabajando desde el pisco, y haciendo experiencias con vinos… Vinos frescos, blancos y los burbujeantes también» declara Chirinos.
Sin embargo, uno de los mayores obstáculos para la consolidación comercial del sector radica en el bajo consumo interno de vino en Arequipa y en la persistencia de una preferencia masiva por productos azucarados que desvirtúan las propiedades de una buena cepa. Para contrarrestar esta brecha, los productores artesanales han comenzado a introducir variedades finas adaptadas al terroir mistiano, como el Malbec, y a colocar sus botellas selectas en restaurantes de garantía bajo la modalidad de vinos de boutique.
Revalorar la producción del Valle de Majes trasciende el ámbito comercial para convertirse en un acto indispensable de justicia e identidad cultural. Frente al olvido y la hegemonía de marcas extranjeras, los productores hacen un llamado firme a la ciudadanía arequipeña para redescubrir y consumir esta herencia viva que legaron los antepasados. Solo mediante la educación del consumidor, la articulación turística de las rutas vitivinícolas y el apoyo técnico del Estado se podrá proteger la historia y garantizar un futuro próspero para los vinos y piscos de Arequipa.
