REINO UNIDO Y EL BREXIT: EN BUSCA DE UNA IDENTIDAD GEOPOLÍTICA
Por: Anthony Medina Rivas Plata – Director de la Escuela Profesional de Ciencia Política y Gobierno UCSM

Este 2022 se cumplen seis años del referéndum que aprobó la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), el llamado ‘Brexit’. El balance que podemos hacer al respecto depende de la posición en la que se ubican quienes han analizado este fenómeno. De acuerdo con el gobierno británico, liberadas las ‘ataduras’ de Bruselas, el Brexit representa una oportunidad para (re)convertir al Reino Unido en una de las economías más dinámicas del mundo; mientras que analistas independientes y académicos ponen en duda la posibilidad de lograrlo simplemente señalando las diferencias en el costo de exportar productos británicos desde Londres hacia Ámsterdam (357 km.) en comparación con Vancouver (7,581 km.) o Sydney (16,993 km.).

Se ha señalado mucho el rol de las ‘fake news’ y de la desinformación generada en torno al rol de la Unión Europea en el resultado del referéndum del Brexit. En ese sentido, los partidarios del ‘Remain’ (quedarse dentro de la UE) a ambos lados del Canal de la Mancha fallaron en articular una comprensión realista de la relación geopolítica que el Reino Unido ha tenido históricamente con la Europa Continental. Por geopolítica, no nos referimos sólo a la política de seguridad o a la rivalidad estratégica existente entre los Estados; sino a la geopolítica clásica, que es la reflexión que se genera a partir del análisis de la interacción entre los aspectos geográficos, históricos y económicos de éstos. El estudio de la geopolítica implica conocer de qué manera ciertos patrones geográficos influyen en regularidades dentro de la historia política de los Estados; buscando sintetizar lo más posible el conocimiento generado por las Ciencias Sociales para abordar cuestiones vinculadas a las decisiones de alta política, en particular de política exterior y seguridad.

Uno de los primeros autores que suelen estudiarse en los cursos tradicionales de Geopolítica fue Sir Halford Mackinder, un profesor inglés que creó la Escuela de Geografía en la Universidad de Oxford, fundó la Universidad de Reading en 1926 y fue el segundo director de la London School of Economics and Political Science (LSE). Varias de sus reflexiones en torno a la posición británica en Europa siguen teniendo relevancia hasta el día de hoy. El concepto de poder naval (‘sea power’) de Mackinder es central a su teoría para interpretar la superioridad estratégica del Imperio Británico durante el siglo XIX. Para este autor, el punto de partida geográfico de la relación entre el Reino Unido y Europa era la costa sureste de Inglaterra. Esta área es tanto próxima como opuesta a lo que él llamó la ‘frontera lingüística de Europa’. En esta frontera, hubo una confluencia entre lo que él describió como ‘los pueblos teutónicos (germanos) y romances (latinos)’, siendo que ambas influencias habrían dado forma al Reino Unido actual. Señala el autor en su libro “Britain and the British Seas” (‘Gran Bretaña y los Mares Británicos’) de 1902: “[…] A los germanos (orientales y escandinavos), Inglaterra les debe sus instituciones civiles y su idioma; mientras que a los pueblos del oeste y del sur, les debe su cristianismo y su erudición”.

Mackinder logró identificar el patrón geográfico de la historia política británica. “Ser parte de Europa, pero no estar en ella”, como señalaba, describía también su gran paradoja geopolítica. Muchas de las descripciones realizadas por el autor en 1902 ciertamente han cambiado, pero la inevitabilidad de la posición estratégica del Reino Unido al interior de Europa (en particular, dentro del mercado común europeo) sigue siendo una realidad vigente. La difícil negociación en la que se han embarcado los dos gobiernos conservadores británicos desde 2016 en adelante (el de Theresa May y el actual de Boris Johnson) refleja el dilema de conciliar las demandas del voto popular a favor del Brexit con la paradoja geopolítica señalada.

Ciertamente la geografía no es un fenómeno inmutable y la historia económica nos permite ver los cambios existentes en la relación entre Gran Bretaña y Europa Continental. No fue hasta el período Tudor en que el Canal de la Mancha se convirtió en un límite estratégico efectivo. Mackinder señalaba que, antes de esa época: “[…] Londres estaba más estrechamente conectado por vía marítima con París, Flandes (Holanda/Bélgica) y las ciudades hanseáticas que con Escocia, Irlanda o Gales”; por lo que el comercio inglés y escocés fue europeo antes de ser atlántico y siguió siendo europeo de manera importante incluso cuando su dinámica se volvió atlántica.

Existe el consenso dentro de los analistas geopolíticos británicos en que las negociaciones actuales del Brexit priorizan la búsqueda de ventajas de corto plazo haciendo caso omiso a los problemas estratégicos de fondo; por lo que las opciones de política exterior con respecto a las futuras relaciones post-Brexit son varias y aún hay poco consenso político entre las cuatro naciones que conforman la Unión (Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte). Sin embargo, la realidad geopolítica perdura: el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte es un Estado europeo; geográficamente periférico, pero europeo, al fin y al cabo.

Una dimensión del Brexit que explica la necesidad de incorporar la variable geopolítica al análisis de un fenómeno que ha sido estudiado tradicionalmente desde una perspectiva económica y comercial es la situación en Irlanda del Norte. La Isla de Irlanda incluye a la vez tanto a un miembro del Reino Unido (Irlanda del Norte) como a un Estado miembro de la UE (la República de Irlanda); entre los cuales se ha impuesto una frontera comercial artificial que según diversos políticos irlandeses a ambos lados puede poner en riesgo el Good Friday Agreement (‘Acuerdo de Paz de Viernes Santo’) de 1998, con el que se puso fin a tres décadas de violencia política en la zona. Algo similar ocurre con las tendencias separatistas escocesas, que se han visto fortalecidas de cara a las ventajas que ofrece el acceso privilegiado al mercado común que se derivaría de una membresía individual en la Unión Europea.

La búsqueda de una nueva identidad geopolítica posterior al Brexit exige al Reino Unido no sólo terminar de delimitar los términos de su futura relación con Europa y sus nuevas alianzas extracontinentales, sino además garantizar la unidad entre las cuatro naciones que lo integran. Más importante que la negociación del TLC con los Estados Unidos o la nueva alianza militar AUKUS para contrapesar a China en el Pacífico Asiático; el reto más importante que enfrentan los británicos es el de preservar Unido al Reino.

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