Voluntarios: Trabajo que muchos exigen, otros lo rechazan y hasta critican
Por: Roxana Ortiz A.

.

“Si a mí se me pierde mi madre, no pararía ni un día en buscarla, recorrería calle por calle, hospital por hospital y hasta en la misma morgue”, asegura la hermana Lucila Cabana, directora del albergue San Vicente de Paúl. Seguramente muchos opinarían de manera similar, pero hay gente que busca deshacerse de los padres o los abuelos porque resultan siendo una carga, porque no rinden económicamente, no son productivos. Si no fuera así, cómo es posible que día a día se observen largas colas, de más de 200 ancianos, en las puertas del comedor del Arzobispado de Arequipa, esperando por un plato de comida.

Rescatando vidas entre los basurales

Si dejar a un abuelito abandonado en la calle, a su suerte, resulta tan fácil, que menos será abandonar a mascotas recién nacidas en las torrenteras o terrenos baldíos, cuando no las pueden comercializar. Solo en la avenida Andrés Avelino, la organización de protección animal Hope, antes de la pandemia, recogía a unas 80 mascotas por día.

UNA ÚNICA OPORTUNIDAD

En el hogar San Vicente de Paúl que forma parte del programa “Solidaridad en marcha” que sostiene el Movimiento de Vida Cristiana con apoyo de voluntarios, habitan algo más de 25 personas. Antes todas eran mujeres, ahora ya hay algunos varones viviendo dignamente.

“Es que ahora hay muchos más abuelitos en la calle, pero ellos se resisten a ingresar al hogar, porque están acostumbrados a su libertad, a manejar su dinero que consiguen pidiendo limosnas; pero hay unos que aceptan y por eso es que también les estamos dando cobijo”, añadió la hermana Lucila. Dicen que abandonar a un padre es más fácil que a una madre.

Constantemente está recorriendo lugares alejados de la ciudad, las plataformas de Río Seco o Andrés Avelino Cáceres, donde hace seguimiento a las viejitas que observa vendiendo algún producto para su subsistencia. “No voy por el Cercado porque todos los que están por allí tienen familias, hijos o nietos que los obligan a pedir limosna”, asegura.

No son pocas las veces que ha logrado rescatar de la basura a estos seres humanos, como el caso de María, quien cada noche se hacía un espacio entre los desperdicios para tender su manta y sus cartones y de esta manera no sentir frío.

“Hay una abuelita que está por la avenida Los Incas, ella va a los basurales de los mercados y recoge entre los productos que arrojan los comerciantes lo que está en mejor estado, los lava y luego los vende; a veces va a las chacras y pallapa lo que queda; pero no quiere ingresar al albergue porque dice que tiene su propia casa y que todavía está fuerte. Es soltera y no tiene hijos, pero cada cierto tiempo la vamos a visitar”, cuenta.

Hasta hace unos meses tenían a otra abuelita que hacía un hueco en la tierra y allí dormía, porque aseguraba que la tierra le daba el calor que necesitaba su cuerpo. Algo que pasa constantemente con estas mujeres abandonadas, es que generalmente son víctimas de abuso sexual y también objeto de robo de sus pertenencias.

“Hemos tenido muchos ancianitos que han fallecido de cáncer a los pulmones, porque se cocinaban en latas de pintura con madera que recogían de la basura, otros prendían el fuego para calentarse y ese humo seguramente les penetraba a los pulmones, además de estar en contacto directo con el polvo y la tierra”, señala Lucila. Para lograr su ingreso, si no lo hacen voluntariamente, recurren al Ministerio Público y al Ministerio de la Mujer, a donde se informa de cada ingreso nuevo.

La mayor parte de estas personas adultas mayores padecen de cáncer a los ovarios, útero, mamas, ganglios, estómago y otros. Cuando ingresan al albergue les hacen un chequeo médico general para conocer cuál es su estado real de salud y es allí donde se detectan las enfermedades, algunos tienen el mal avanzado y solo les queda darles buenas condiciones de vida para el final de sus vidas.

Al principio les cuesta mucho adaptarse a esta nueva vida, nunca antes durmieron en una cama suave y limpia o no se acuerdan de ello; no tenían sus alimentos y medicinas a sus horas. La mayor parte de ellos sufre además de Alzheimer o demencia senil, no recuerdan si tuvieron hijos o hermanos y quizá sea lo mejor.

“Otros confunden los hechos. Tenemos una abuelita de Andahuaylas, María Concepción que dice haber tenido dos hijos y cuenta que uno de ellos le quitó la vida al otro hermano y por eso está preso en el penal. He ido a buscar a Luis García Condori, pero no hay nadie con ese nombre”, asegura la rescatista de vidas.

Está con ellos desde hace algunos meses una abuelita de 86 años, pero que parece tener menos edad. “Es que es soltera”, justifica riendo la hermana Lucila; pero además es muda y andaba por los mercados de Río Seco buscando alimentos entre la basura. Sabe tejer, por lo tanto debió tener a alguien que le enseñara, dice. Es muy activa y ayuda mucho en el hogar, alimentando a sus propios compañeros que no se pueden valer por sí solos.

Este hogar San Vicente de Paúl les da la oportunidad de terminar sus días dignamente, como seguramente otras decenas de ancianos no lo pueden hacer y siguen viviendo de la basura y durmiendo en huecos que hacen en la tierra, maltratados, ultrajados, víctimas de violencia; personas que tuvieron padres, hijos, hermanos o nietos que simplemente los descartaron y de los cuales el Estado también de olvidó.

LAS VIDAS DE LOS OTROS TAMBIÉN IMPORTAN

Si es tan fácil para las personas deshacerse de un familiar, qué de inusual sería hacerlo con un cachorro, que no habla, no se queja y menos sabe pedir ayuda. Son cientos los seres de cuatro patas que terminan en los basureros de la ciudad, pero gracias a voluntarios es que algunos de ellos terminan llevando una vida digna.

La Asociación de Protección Animal Hope, hasta antes de la pandemia lograba recoger a un promedio de 80 animales de la plataforma de Andrés Avelino Cáceres. “Son las mascotitas que nadie quiere comprar, por feítos, por flaquitos, por enfermos o por negritos. Vamos con nuestros chalecos, los comerciantes nos reconocen y nos llaman para entregarlos y tenemos que alimentarlos, curarlos y luego los tratamos de poner en adopción; los que nadie quiere se quedan con nosotros en el refugio”, explica Valeria Linares Perea.

La plaza 15 de Agosto cada fin de semana es escenario para las adopciones voluntarias, donde concurren rescatistas de diversos albergues para tratar de conseguirles un hogar responsable, pues hacen seguimiento al compromiso de esterilizarlos.

Por las calles de la ciudad se puede observar decenas de animales en estado de abandono, la situación es más crítica en zonas alejadas como el Cono Norte, Mariano Melgar, Miraflores o Socabaya, donde están buscando alimentos en los basurales.

“Hubiéramos tenido muchos más perros en las calles si es que no hubiéramos trabajado en las esterilizaciones; hasta el momento solo nosotros hemos hecho como 10 mil, pero pese a eso falta mucho más por hacer”, cuenta Valeria, quien dijo que cada semana se programan dos días para la esterilización a costos bajos, pues los veterinarios trabajan voluntariamente.

A pesar de toda la labor que realizan los albergues, que son más de 10 en Arequipa, con más de 50 canes cada uno. (El albergue Huellitas de Amor, tiene más de 130 perros), no reciben apoyo de la mayoría de los municipios, que según ley es su responsabilidad velar por los animales abandonados. Incluso hay personas que constantemente les hacen la vida imposible, denunciándolos o exigiendo que se les quite la vida a dichos animales.

La vida de los callejeritos no sería la misma si las personas fueran más responsables en el momento de hacerse de una mascota, sabiendo las necesidades que tienen, como la alimentación, la salud y hasta la educación, tal y como los tiene un hijo humano y no solo se trata de ingresar un cachorro a la casa y a las pocas semanas mantenerlo en la puerta de la casa, subirlo al techo o abandonarlo en una torrentera.

Dejanos un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked with *.