Para superar la fragmentación política

Por: Christian Capuñay Reátegui
REFLEXIONES
Salomón Lerner, expresidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), dijo que en la actualidad los partidos en el Perú son tantos que en el fondo son ninguno. Desde esa perspectiva puede afirmarse que la fragmentación política ha sido una constante en los últimos años y un factor determinante en las crisis que a menudo enfrenta el país. Con más de una decena de bancadas y 41 partidos habilitados para las elecciones del 2026, el panorama se muestra incierto y poco propicio para la estabilidad.
La multiplicidad de fuerzas genera dificultades para alcanzar consensos, aprobar leyes clave y fortalecer la relación entre el Legislativo y el Ejecutivo, lo que ha desembocado en un círculo vicioso de enfrentamientos, censuras y vacancias presidenciales.
De acuerdo con especialistas, esta fragmentación ha alcanzado hoy niveles preocupantes especialmente por la falta de partidos sólidos y con arraigo nacional, característica que se traduce en la aparición de congresistas que responden más a intereses particulares que a una visión de Estado.
Uno de los efectos más visibles de esta división es la falta de estabilidad política. La dificultad para formar mayorías obliga a que las alianzas sean efímeras y sujetas a intereses coyunturales, generando incertidumbre en la dirección del país. Además, la ausencia de consensos dificulta la aprobación de reformas estructurales necesarias para el desarrollo. Otro problema crítico es el debilitamiento del Ejecutivo. La constante interpelación y censura de ministros, así como la existencia de la vacancia, han generado un ambiente de inestabilidad que afecta el crecimiento económico.
Para revertir esta situación, es necesario adoptar una serie de reformas que fortalezcan el sistema político y promuevan la gobernabilidad. Se requiere elevar el umbral de representación para reducir la proliferación de partidos sin base sólida. Actualmente, el Congreso se compone de agrupaciones con escasa disciplina partidaria, lo que dificulta la articulación de acuerdos. En muchos países con sistemas fragmentados, las coaliciones programáticas han permitido dotar de estabilidad a los gobiernos. Implementar incentivos para la formación de alianzas antes de las elecciones podría generar mayor coherencia en el Legislativo. Asimismo, es preciso adoptar cambios que contribuirían a mejorar la calidad de la representación en el Congreso, como la renovación por tercios.
Del mismo modo, es fundamental reforzar las instituciones y garantizar que los mecanismos de control no se conviertan en herramientas de desestabilización. Un Congreso que actúe como contrapeso, pero sin caer en la obstrucción sistemática, es clave para el equilibrio de poderes.
El Perú padece una fragmentación que afecta la gobernabilidad y debilita la democracia. Sin reformas, esta situación continuará generando crisis recurrentes. Es momento de que los actores políticos asuman la responsabilidad de fortalecer el sistema y garantizar un futuro más estable para el país.