Patrick Mogrovejo: campeón del mundo, alumno del mar

Por: Jorge Jiménez Bustamante

En el muelle de Mollendo, Patrick Mogrovejo, cuenta cómo el título mundial de triatlón, obtenido en noviembre en Chile, le dio un giro a su vida. Antes y después del podio, el mar fue su escuela: allí entrenó dos kilómetros mar adentro y allí aprendió que competir también es vencer el miedo a lo desconocido.

El día estaba hecho a la medida del mar. Sol parejo, agua tranquila y ese silencio azul que solo existe cuando el océano parece dispuesto a dejarse cruzar. Rubén Medina, “El Tritón”, reunió a ocho muchachitos y los llevó mar adentro, entre las playas de Catarindo y Ballenitas, en Mollendo. Dos kilómetros de nado, ida y vuelta. Bien adentro, para esquivar el oleaje bravo y las peñas traicioneras. Ocho chicos y su profesor en el Mar de Grau, braceando con disciplina, como si el horizonte fuera una meta posible.

Entre ellos iba Patrick Mogrovejo, 11 años, triatleta mollendino, campeón mundial en noviembre pasado en Viña del Mar, Chile. Nadaba con lentes especiales, obligatorios para buceo. El entrenamiento avanzaba sin sobresaltos hasta que uno de los chicos alertó la presencia de algo grande bajo el agua. El grupo se cerró. Patrick se sumergió y quedó frente a frente con un delfín.

“Me pareci ó un pez gigante”, dice hoy, ya lejos del susto, apoyado en el muelle de su Mollendo natal, con el mar de fondo como un viejo conocido que ya no asusta tanto.

El pánico fue inmediato. Algunos rompieron en llanto. Medina mantuvo la calma, dio órdenes, pidió retorno. Patrick recuerda que vio a un delfín nadando al costado de su profesor. Eso lo asustó más.

A él y a sus amigos, que comenzaron a nadar como si estuvieran en la recta final de una competencia decisiva, con el miedo empujando más fuerte que cualquier cronómetro. “Nos persiguen, nos siguen, están atrás”, gritaban cada vez que levantaban la cabeza para comprobar que nadie se quedara atrás. Calcula que eran unos veinte delfines. Al llegar a la orilla, ya a salvo, recordaron que esos cetáceos son amigables, sí, pero no necesariamente confiables.

No era la primera vez que el mar le enseñaba respeto. Un año antes, en pleno entrenamiento, se le cruzó un lobo marino de gran tamaño. El susto fue brutal. Tardó un buen tiempo en volver al agua. Pero volvió. Entendió que para competir debía entrenar mejor, prepararse más, no huir.

Ese mismo temple lo llevó a Lima, donde ganó una competencia de duatlón que lo clasificó al Mundial de Triatlón en Chile. En Viña del Mar ganó el título. La vida, desde entonces, empezó a moverse a otra velocidad.

CAMPEÓN. Patrick Mogrovejo con la bandera de Mollendo en el podio al primero lugar

“La difusión del mundial y el título de mi hijo nos cambió todo. Antes nos habían cerrado muchas puertas. Inclusive en la federación no había mucha confianza. Hoy estamos en el Club Regatas con el objetivo de prepararnos para más logros, más mundiales, las olimpiadas, todo lo que se venga”, cuenta Patrick Mogrovejo Navarrete, el padre, el guía, el respaldo constante.

Habla también de los auspicios que llegaron después, de las empresas que hoy apoyan al campeón. Pero se detiene en una. Cementos Yura, dice, apostó por Patrick antes de que fuera campeón mundial. “Grabamos un video en plena ruta, en las playas de Mollendo. El video rebotó mucho. Lo vieron en la empresa y nos apoyaron”, recuerda.

Patrick hijo no ha olvidado una sola palabra de ese video: “Si quieres ser un campeón debes tener una disciplina fuerte y resistente como nuestro Cemento Yura, ah, y es peruano”.

En 2026 quiere competir en Puerto Montt, Chile, en México y en Italia. Torneos para menores que exigirán respaldo privado y el acompañamiento de su padre. Este año terminó la primaria en el colegio San Vicente; la secundaria la cursará en el Deán Valdivia.

FAMILIA. Junto a sus padres en el tradicional Muelle de Mollendo y en pleno verano

Tras la hazaña en Viña del Mar, Mollendo lo recibió con caravana. La gente lo reconoce en la calle, le pide fotos, quiere saber del deporte que practica. “Muchas veces me avergoncé, me hicieron sentir como un famoso. En algunas ocasiones me incomodé, pero sé que es porque me tienen cariño. Yo muy agradecido con todos”, le dijo Patrick Mogrovejo Paz a El Pueblo.

¿Qué pasa por tu cabeza en plena competencia? En Viña del Mar, por ejemplo.

Me olvido de todo lo que está alrededor o lo que estuvo alrededor. Solo pienso en la estrategia a utilizar para ganar.

¿Qué quieres ser cuando seas más grande?

Quiero ser deportista profesional. Creo que en el extranjero tendré mejores oportunidades para desarrollarme. Me podría ir mejor. Podría acostumbrarme a otros niveles.

Pero eres muy joven para estar solo afuera.

Mis papás irán conmigo (ríe).

¿Cómo vas con los estudios?

Mi curso preferido es Educación Física, pero también respondo en Matemática.

Mollendo es cuna de buenos futbolistas. ¿No te animaste por ser futbolista?

Prefiero hacer otros deportes. Me gustó el fútbol, pero terminaba metido en otras disciplinas. Soy hincha del Real Madrid porque admiro a Cristiano Ronaldo. Fácil llega a los mil goles, tiene tres años más para jugar.

¿A qué deportistas admiras?

En la natación al norteamericano Michael Phelps. En ciclismo a mi tío Alonso Gamero de Arequipa y al esloveno Tadej Pogacar. En atletismo al keniano Eliud Kipchoge.

¿Cuáles son tus objetivos?

Quiero ganar una prueba de Ironman o una de Ultraman. Son pruebas súper exigentes: 42 kilómetros de maratón, 4.9 kilómetros de natación y 180 kilómetros de bicicleta. Son competencias muy fuertes. Algunos terminan llorando, otros no acaban. Hay competencias que duran días. Quisiera representar mejor a mi país en distintos torneos. En Mollendo no hay muchos atletas, por eso me siento orgulloso de serlo.

El Estado apoya muy poco al deporte, sobre todo si son niños como tú.

Yo les pediría que si ven a un niño con talento lo apoyen para que cumpla sus metas. Debe haber mejores que yo, pero seguro no tienen el apoyo. Para mí el apoyo de mis padres ha sido fundamental, pero es posible que otros deportistas no tengan ni padres.

Como todo niño, Patrick es inquieto. Travieso. En casa no han faltado las tundas. “A veces contesto mal o no hago caso y me cae”.

Su padre cierra con una frase que resume el trayecto: “Tienes que ser un loco para hacer lo que hice por mi hijo. Soy un apasionado por el deporte y quiero lo mejor para él. Este año me cerraron muchas puertas; ahora está en el Club Regatas. No me da vergüenza nada. Todo lo que ha logrado es por su esfuerzo. Se saca el ancho todo el año. Vamos por más. Nada nos va a detener. Su triunfo mundial nos cambió todo para bien”.

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