La crisis ética peruana

Por: María Fernanda Saldaña Vizcarra

El peruano debe de ser portador de gran orgullo, pues la variedad cultural que posee es espléndida. Dichas diversidades generan tantas costumbres, folklore, ideologías y lenguas como existen actualmente. Sin embargo, es importante exponer una cuestión menos agradable, aunque más alarmante; la crisis ética que sufre la nación peruana.

Hace falta observar los encabezados de periódicos : “Cercado de Lima: delincuentes con pasamontañas y armados roban 20 000 a hombre en la puerta de un banco” (El Comercio, 2024) o “Vendedora de desayunos sufre robo de 70 mil soles”( El Comercio, 2023), revelan la carencia de valores morales y el ejercicio prácticas nocivas para la sociedad.

Del mismo modo, son de conocimiento general las arraigadas actividades corruptas de las autoridades peruanas; desde el policía de tránsito hasta el presidente de la República, optan por la llamativa “coima”. Es por ello que el presente trabajo se propone exponer la importancia de la implementación del área axiológica y ética en Diseño Curricular Nacional como método de prevención y erradicación de los problemas de corrupción y violencia en el Perú, abordando la educación como un medio generador de una conciencia y cultura basadas en principios axiológicos.

A fin de lograr un nivel de comprensión más amplio, es propio establecer un orden explicativo de la problemática y a posteriori el de las alternativas de solución. Bajo este lineamiento, la violencia en el Perú es un conflicto tan antiguo como la colonia misma, donde los virreyes y demás autoridades menores se coluden con el fin de obtener ganancias económicas que favorecieran sus propios intereses. Pasadas algunas décadas destacan las prácticas corruptas durante el gamonalismo, donde el hacendado no es el único perpetrador de dichas tradiciones, sino que incluso el indio ladino obtiene favores a cambio del sufrimiento de sus paisanos, de este modo la corrupción no ha hecho más que evolucionar hacia los hombres con traje elegante que ocupan cargos gubernamentales; no obstante, es el mismo monstruo con un rostro diferente. Cabe resaltar que no se puede atribuir el peso de la corrupción únicamente a los sistemas de gobierno y autoridades diversas; ya que como se mostró anteriormente, el peruano es depredador de su compatriota. Las olas de delincuencia, abusos y violencia en el Perú parecen un fiel retrato de la frase “homo hominis lupus” de Hobbes. Y es que, según el DRAE, corrupción se define como “Deterioro de valores, usos o costumbres”, ciertamente la sociedad peruana muestra esta característica. El déficit del sentido ético que presenta la población en espacios públicos respalda los actos ejercidos por las autoridades, primando así el individualismo y la falta de empatía, un motivo que expone la Organización de Estados Americanos (2001) en su propuesta “Un Perú sin corrupción Condiciones, lineamientos y recomendaciones para la lucha contra la corrupción” es:

“La instrumentalización política de las principales instituciones públicas, agravada por la falta de institucionalización de una carrera administrativa, las bajas y/o arbitrarias y desiguales remuneraciones, el inadecuado sistema de captación de personal y la ausencia de un sistema de recompensas y méritos acorde con el desempeño honesto y eficiente, han originado una profunda desmotivación y desmoralización entre los funcionarios público”.

De este modo se entiende esta problemática como un círculo vicioso donde los corruptos impulsan a aquellos que aún poseen costumbres éticas a deformar el sistema, puesto que la brecha generada perjudica a los éticos que finalmente sucumben ante la normalización y su peso.

Expuesto el conflicto, se procede a presentar la solución avizorada como la más pertinente y realista.

En primer lugar, es menester explicar un término utilizado durante la fase introductoria: Diseño Curricular Nacional. Se define como “un documento que contiene los aprendizajes fundamentales y básicos que deben desarrollar los estudiantes en cada nivel educativo, en cualquier ámbito del país, con calidad educativa y equidad. Al mismo tiempo considera la diversidad humana, cultural y lingüística.” (Ministerio de Educación, 2005). Dentro de este currículo existen diversas asignaturas y niveles, empero se llevará un enfoque hacia la materia de Desarrollo Personal, Ciudadanía y Cívica, curso que se cimienta en cultivar la participación ciudadana como opción de cambio, donde los jóvenes poseen información y ayudan a regular y/o construir iniciativas de provecho social. También se trabaja la buena gestión de emociones como método para erradicar la violencia.

Por otro lado, se toma a la ética como el compromiso con principios morales y la importancia de los mismos dentro de la convivencia armoniosa. Lamentablemente el espacio que abarca la enseñanza de la ética es pobre, dentro del currículo se le dedica un mínimo párrafo y en la práctica también es relegada como una situación minúscula e inútil. Es preciso implementar un espacio exclusivo para la enseñanza de principios axiológicos entendidos como una forma de combatir los sistemas corruptos; de este modo la formación ética se desprende del Estado para llegar a las instituciones educativas con estrategias vivenciales donde los estudiantes sean parte de experiencias basadas en casuística realista y de este modo comprendan no solo de manera teórica la herramienta para transformar nuestra cultura, sino también sepan cómo ponerla en práctica, La ideología corrupta forma parte de las generaciones actuales en el poder, sin embargo, apelando a reformas en la educación es que se pueden cultivar generaciones conscientes y éticas.

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