“Loncheritas” ganan batalla al municipio y la Policía y se apoderan de avenidas
Por Jorge Turpo R.
El cambio de alcalde provincial dejó un vacío en el control del transporte informal. Las “loncheritas” ocupan paraderos informales como en la Av. Vidaurrazaga generando caos vehicular y riesgo para los pasajeros.
OCUPAN AVENIDAS CON TOTAL IMPUNIDAD
El caos volvió a tomar la avenida Vidaurrazaga. Las llamadas “loncheritas” recuperaron el control de uno de los puntos más congestionados de la ciudad ante la ausencia de operativos municipales y policiales.
El paradero informal ubicado en la intersección con la avenida Andrés Avelino Cáceres funciona durante todo el día sin ningún tipo de control efectivo y se ha convertido nuevamente en símbolo del desorden del transporte público en Arequipa.
Desde las primeras horas de la mañana decenas de vehículos se estacionan en plena vía esperando completar pasajeros rumbo al Cono Norte. La escena se repite hasta la noche: conductores gritando destinos, pasajeros cruzando entre autos y buses detenidos en media pista porque los espacios autorizados fueron ocupados por las unidades informales.
En la zona apenas se observa a un efectivo de la Policía de Tránsito intentando ordenar el flujo vehicular. Sin apoyo municipal ni presencia de fiscalizadores, la tarea resulta imposible. Las “loncheritas” han terminado imponiéndose otra vez.
El cambio de alcalde provincial dejó un vacío en el control del transporte informal. En los últimos días desaparecieron los operativos conjuntos entre inspectores de transporte y la Policía Nacional, situación que fue rápidamente aprovechada por las unidades informales para retomar espacios de donde habían sido retiradas parcialmente.
Durante la gestión del exalcalde Víctor Hugo Rivera los operativos fueron esporádicos y sin resultados sostenibles. Los conductores informales se retiraban algunas horas y luego regresaban.
Hoy, con la nueva gestión municipal encabezada por Ruccy Oscco, el problema volvió a crecer mientras aún no se define quién asumirá la Gerencia de Transportes de la Municipalidad Provincial de Arequipa.
Ayer trascendió que uno de los nombres evaluados sería el de Joni Calle Cabello, quien llegaría desde la Municipalidad Provincial de Islay. Sin embargo, mientras se decide quién asumirá el cargo, el desorden continúa expandiéndose.
El problema no solo es el congestionamiento vehicular. También existe un serio riesgo para los usuarios del Sistema Integrado de Transportes (SIT).
Los buses formales ya no pueden ingresar con normalidad a sus paraderos porque las “loncheritas” ocupan los espacios. Como consecuencia, deben recoger y dejar pasajeros en plena pista.
La escena se ha vuelto cotidiana y peligrosa. Personas bajando apresuradas entre autos particulares, motocicletas y combis que avanzan sin respetar carriles. Un accidente parece cuestión de tiempo.
La autoridad municipal fue claramente rebasada en esta zona. Son decenas de vehículos informales estacionados en plena avenida sin que nadie pueda recuperar el control.
Marat Santos, gerente de AQP Masivo, empresa que forma parte del SIT, advirtió que la informalidad en el transporte se disparó en los últimos años.
Según explicó, hace tres años el transporte informal representaba alrededor del 10% del servicio urbano, pero actualmente bordea el 40%.
Es decir, cuatro de cada diez unidades que transportan pasajeros en Arequipa operan fuera del sistema formal.
La expansión de las rutas informales también terminó desplazando al SIT en varios sectores de la ciudad. Mientras las empresas formales deben cumplir horarios, rutas establecidas y condiciones técnicas, las unidades informales operan sin mayores restricciones y aprovechan la falta de fiscalización para captar pasajeros rápidamente.
PASAJE URBANO
El transporte informal no es el único problema que deberá afrontar la nueva gestión municipal. Otro tema que ha vuelto al debate es el incremento del pasaje urbano a un sol con treinta céntimos aprobado durante la gestión de Víctor Hugo Rivera.
Apenas asumió el cargo, la alcaldesa Ruccy Oscco señaló que revisaría si dicho aumento fue legal o no, generando expectativa entre los usuarios que esperan un eventual retorno al pasaje de un sol.
Sin embargo, los transportistas rechazan esa posibilidad. Argumentan que los costos operativos siguen elevados, principalmente por el precio del diésel, que bordea los 23 soles por galón debido al impacto internacional generado por el conflicto entre Estados Unidos e Irán y el alza del petróleo.
La discusión sobre el precio del pasaje refleja otro problema de fondo: la fragilidad del sistema de transporte urbano en Arequipa. Un sistema que durante décadas acumuló informalidad, rutas saturadas, vehículos obsoletos y autoridades incapaces de imponer orden de manera permanente.
Los ocho meses que le restan de gestión a la nueva alcaldesa parecen insuficientes para resolver un problema estructural que se arrastra desde hace años. Pero lo que exige la ciudadanía no es una solución milagrosa ni inmediata. Lo mínimo que reclaman los usuarios es recuperar cierto orden en las calles.
Que los paraderos informales no invadan avenidas enteras. Que los pasajeros no tengan que bajar en media pista arriesgando la vida. Que la Policía y la Municipalidad vuelvan a ejercer autoridad.
