EL MUNDO TE DICE QUE SUFRAS

Por: Dr. Juan Manuel Zevallos.


¿Entonces lo que quieres decirme es que cada uno debe hacer un esfuerzo o vivir una experiencia distinta para alcanzar la libertad del condicionamiento mental del que somos sujetos por el mundo?

“Cada ser humano es distinto y la semilla de la liberación interior requiere de un ambiente adecuado para su desarrollo. No todos tienen ese ambiente desarrollado en su interior. Hay que preparar el campo de cultivo; la semilla no brotará en un campo árido. Para que logre desarrollarse requiere de agua, luz y de terreno fértil. Para muchas personas ese ya es un pedido complicado. ¿Ahora entiendes por qué cada uno alcanza el mismo logro en un tiempo disímil?”

Lo trato de entender, pero es difícil de asimilar tal información. Debería ser más fácil, pero ya se lo que dirás “lo que fácil viene, fácil se irá”. Aprendí esa lección hace mucho tiempo y ahora quiero perseverar en este propósito, quiero arreglar mi vida y deseo tener lo más pronto posible esa libertad, pero por momentos no me siento con la fuerza ni la voluntad para cumplir todos los requerimientos que me pides.

“¿Deseas alcanzar algo valioso, pero no puedes hacer el esfuerzo ni pagar el precio por ese algo valioso? ¿Deseas curarte de una enfermedad muy grave, pero no quieres pagar los servicios médicos ni comprar los costosos medicamentos?”

Si deseo estar bien, pero no sé qué pasa conmigo, a veces siento que tengo la fuerza y la voluntad para lograrlo y luego caigo en desesperanza.

“Lo que sucede es que no estás siendo sincero contigo mismo. En realidad, no quieres abandonar esta realidad, te has acostumbrado a vivir en ella y te sientes seguro; no te culpo por lo que sientes, pero ¿es realmente lo mejor para ti?”

Sé que no es lo mejor, cada día me levanto más cansado, cada día trabajo más, alcanzo a tener un mayor nivel de ingresos económicos y cada día tengo más deudas. No sé lo que pasa, debería sentirme bien con todo lo que he alcanzado y mira, me siento, me siento insatisfecho, es como que nada valiera la pena, que mi esfuerzo diario fuera insuficiente y en verdad no sé qué hacer. Me pides que me libere de mis condicionamientos mentales, pero no sé qué realidad me tocará vivir. Me dices que me sentiré mejor, pero cada segundo que invierto en este diálogo contigo pienso que ha sido una pérdida de tiempo, lo hubiera tal vez invertido en ganar unas cuantas monedas más, pero ya sé que esta conducta me hace daño.

“Vives apegado a lo que has alcanzado, tu vida transcurre lenta y sin esperanza, pero tienes ilusiones, piensas que un día te sentirás bien con lo que haces a diario, pero ese día no llega. Vives condicionado por tu condicionamiento. De nada te ha servido repetirte a diario que estás bien cuando en verdad estás mal. Deseas alcanzar tu libertad, quieres salir a buscarla y pagar el precio que te pido, pero luego te arrepientes, te sientes inseguro y te disgustas por estar inseguro y por sentirte incapaz de lograr recorrer todo este camino. No es fácil salir de este círculo de consumismo, toda tu vida se ha desarrollado bajo estas reglas de juego y la costumbre se impone a tu razonar crítico y constructivo. Cuesta mucho trabajo lograr aquello que te he pedido hacer, pero sí, se puede llevar a cabo, necesitas desencantarte de esta realidad y para ello debes de desaprender”.

Quiero entenderte, pero siento que camino al revés y que enloquezco cada vez que entro en este dilema. No quiero disimular ni aparentar lo que no soy, quizás pueda decirte que lo intentaré mañana, pero eso sería como mentirme. Mi desafío es hoy y no debería de sentirme satisfecho porque he logrado (me refiero vivir en un estado de manipulación). Puedo lograr ser algo distinto, pero no basta con decirlo, debo llevarlo a cabo.

“Sí, lo has pensado Mendigo de Amor y has asumido dicho compromiso ya has avanzado algo. No desvalores tu compromiso. Todo comienzo como un sueño, luego viene el compromiso para hacer realidad ese sueño y luego se pone manos a la obra. Ahora te toca poner manos a la obra”.

Durante muchos años decidí aplazar la toma de decisiones. Sabía claramente lo que deseaba en mi vida, pero a la vez sabía que no tenía los conocimientos ni la experiencia necesaria para poder traducir en hechos mis pensamientos. Aplazar mi proyecto de vida en realidad no podía ser definido como una tragedia, más bien podía ser etiquetado como una espera constructiva.

Sabía que estos años de maltrato por parte de mi madrastra y hermanastra me servirían de mucho. Era una mujer consciente de lo que vivía a diario y había recogido un principio de vida: “el sufrimiento siempre tare una lección consigo”. Entiendo que para muchos interiorizar este mensaje suele resultar complicado y hasta ambivalente en un estado en el cual creemos que la felicidad es ausencia de dolor y que la presencia de sufrimiento inevitablemente debe conjugarse con las ideas de infelicidad, angustia y frustración.

El mundo no es aquel estado polarizado en el cual hemos creído existir. Las cosas no son tan absolutas como pensábamos y más bien hay un gran relativismo en la mayoría de eventos. No es una ironía del destino pensar que mi sufrimiento actual me aleja de la felicidad que desarrollo a diario, más bien, desde mi punto de vista, el sufrimiento que debo tolerar sin descanso alguno hace que valore de modo exponencial la felicidad que irradia cada parte de mi ser.

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