EL MUNDO TE DICE QUE SUFRAS
Por Dr. Juan Manuel Zevallos.
Todo esto parece paradójico, pero la vida está llena de paradojas y de supuestas incongruencias. Nuestro saber aún es tan limitado respecto al entendimiento de los eventos que se generan en el mundo. Cada nuevo anochecer hago un balance de lo vivido y extraigo la enseñanza de cada palabra agresiva que fue pronunciada por otros con el fin de maltratarme y que yo voluntariamente rechacé en mi interior. Aprovecho cada experiencia de maltrato y la reciclo volviéndola una experiencia de amor.
La actitud del mundo que lleva a muchos a sufrir en verdad no debería generarnos el dolor que expresamos con nuestra aflicción. Debiéramos de entender que la vida es tan bonita como para ponernos a pensar en lo que aquel me dijo o lo que los demás piensan de mí.
Cada uno de nosotros pone sus propios obstáculos a su desarrollo. Desarrollo, ilusiones carentes de sentido práctico, nos involucramos en relaciones interpersonales que suponemos serán eternas y condicionamos nuestro actuar al buen trato que nos pueda otorgar el entorno.
El dolor que se experimente a diario es como una alarma que me avisa que algo está pasando en mi cuerpo físico o en mi cuerpo emocional. Si el dolor no existiera no podría asumir una defensa de estas dos realidades y podría sufrir un daño importante y hasta perder mi salud y mi vida.
Durante mucho medité sobre todo esto que les cuento, muchos años pensé que eran pensamientos obtusos o distorsionados por el hecho de ser Cenicienta, pero hoy he caído en la cuenta de que no son así, son fórmulas preclaras de aquello que todos debiéramos de hacer para salir del hoyo emocional de frustración e inconformidad donde nos hallamos.
Cada día perdemos muchas oportunidades al decidir sufrir. Cuando sufrimos nos bloqueamos emocionalmente y nos lamentamos de nuestra mala fortuna, elaboramos pensamientos de rencor al mundo que nos rodea y nos humillamos al hacernos responsables de dicha realidad. En verdad nuestra tragedia existencial no está determinada por esos actos que nos llevan a sufrir sino por todo aquello que llegamos a perder al sufrir de dicha manera.
“Caminante no hay camino, camino se hace al andar”. En verdad cada uno de nosotros construye a diario un camino, para muchos asfaltados para otros una trocha donde es casi imposible transitar. El destino en verdad no existe como tal, solo hay probables futuros en donde podemos desarrollarnos en virtud de las decisiones que tomemos hoy.
Me siento alegre por vivir en un ambiente hostil como este, me ayudé a aprender a tener paciencia y a comprender la actitud de mi familia. Con cada una de sus acciones he aprendido más que en una escuela de formación emocional, ellos sin darse cuenta han sido buenos instructores y por ello agradezco cada nuevo amanecer por tenerlas junto a mí, aunque también pido porque un día sus conductas puedan ser distintas y que redescubran el amor que vive en ellas.
Muchos de ustedes quizás pensarán que soy una masoquista y que me apasiona el dolor. Sus ideas están nuevamente muy alejadas de la realidad. El día que yo acepté todo esto como un proceso de aprendizaje dejé en verdad de sentir aquel dolor existencial que acarrea el concepto de ser una esclava infeliz. Yo me liberé de aquellas ataduras mentales que gobernaban mi mente y opté por hacer con gusto todo aquello que me indican que haga, es decir que al aceptar el concepto de sufrimiento como una parte cierta de la existencia humana y albergarla en mi interior este dejó de existir como tal y se transformó en un aprendizaje constante de amor.
Ahora puedo comprender a plenitud por qué estando Jesús de Nazaret crucificado y habiendo sido víctima de una encarnizada agresión física no dudo en decir “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Él de seguro sintió dolor físico, como lo sentimos cualquiera de nosotros, pero no sintió sufrimiento, más bien sintió amor por todas esas personas equivocadas que actuaron de di cho modo en su contra.
Un principio de vida: “El sufrimiento que es aceptado de corazón en verdad es el amor que fluye por cada parte de nuestro ser”.
**********
“¿Has visto el rostro del sufrimiento?”
¡Sí!, he visto el rostro de la gente que sufre y no me gusta, lucen desencajados e irreverentes con nuestra humanidad.
“No me he referido a la actitud física que suele tomar la gente cuando sufre. Me he referido al rostro del sufrimiento, a aquella esquela mental que se ha apodera de ti y que se esconde cada vez que elaboras esos sentimientos de minusvalía emocional que sueles expresar cada vez que sientes frustración al no lograr aquello que te propones. El rostro del sufrimiento no es una careta que nos ponemos en la cara, es algo más grande, es aquella distorsión que vive en nuestra mente y que debemos verla, sentirla y afectarla. Mientras no le hagamos frente (luego de reconocerla) nada bueno podrá suceder en la vida”.
Pero, ¿cómo reconocerle?, tengo miedo a sufrir y tengo el mismo miedo que tienen tantos. Mi instinto de supervivencia me dice “aléjate de todo aquello que te cause dolor o que ponga en riesgo tu vida y creo que sufrir es algo que en verdad pone en riesgo mi vida. ¿Cómo enfrentarlo?
“En verdad el miedo es aquello que mueve tus acciones. En la vida tenemos dos móviles para actuar: el miedo y el amor. Puedes tomar una decisión u otra, pero no pueden entrelazarse. Si tienes miedo a actuar de seguro que seguirás sufriendo y no quieres sufrir. Para dejar de sufrir debes de enfrentar tu miedo y desde ese punto de vista ya comenzaste tu labor por liberarte de esta prisión. Tienes razón al decir que debes de apartarte de todo aquello que ponga en riesgo tu vida y el mayor riesgo se llama sufrir. No puedes obviar su existencia y menos tratar de justificar aquello que haces en base al sufrimiento. No intentes agredirte dos veces con el mismo instrumento. Sé consciente de aquello que haces y dale un sentido o una razón. No huyas de él, entre más lejos que te ubicas de su presencia más lleno estás de él. No se puede escapar del sufrimiento, no se puede dejar de lado su existencia y tampoco podemos transferirlo a otra persona. Es una afectación personal que no va a dejarnos si no hacemos el intento para hacerlo parte de nuestro esquema de vida y luego transformarlo”.
Por todo aquello que me dices debo de entender que el sufrimiento es algo que existe en el mundo. Debo entender además que cada vez que me opongo a él o cada vez que evito sufrir pues sufro más. Me sorprende esta forma de ver las cosas. Debo entender además que no debo preguntar ¿por qué sufro? Todo aquello que me propones parece no tener razón, pero finalmente acaba siendo un principio de vida. Debo de descubrir aquello que me hace sentir mal para que deje de lastimarme. Me has dado una tarea en donde no puede haber guía ni instructor, sé que estoy solo, pero a la vez entiendo que es lo mejor.
