El fin de un ritual sentimental con retiro de los «candados del amor»
El emblemático puente Bolognesi ya no luce igual; el metal que guardaba los suspiros de miles de enamorados ha sido silenciado por la necesidad de preservar la historia. El retiro masivo de los «candados del amor» marca el final de una era de romanticismo urbano en Arequipa, dejando un vacío visual que muchos interpretan como el quiebre simbólico de promesas que se creían inquebrantables.
INTERVENCIÓN SE REALIZÓ EN HORAS DE LA NOCHE
Aquel ritual, donde las parejas grababan sus iniciales y lanzaban la llave al río Chili, era una postal de esperanza. Cada candado representaba una historia de amor, un aniversario o un pacto de fidelidad que ahora ha sido removido por los alicates de la Municipalidad Provincial de Arequipa (MPA). Lo que para muchos era un monumento al sentimiento, para la estructura era un peso corrosivo que amenazaba su estabilidad.
El operativo comenzó bajo el manto de la noche, como para no herir susceptibilidades a plena luz del día. Los trabajadores municipales retiraron ayer cerca de 400 unidades en una primera etapa, enfrentándose a fierros oxidados que datan incluso de finales de los años noventa. Son décadas de afecto acumulado que ahora se cuentan en kilogramos de chatarra, esperando ser pesados para entender el daño estructural causado.
Para los arequipeños, el puente es más que una vía que conecta el Centro Histórico con Antiquilla; es un Patrimonio Cultural de la Humanidad. Sin embargo, el romanticismo tiene un costo técnico: el gerente Carlo Véliz explicó que el óxido de los candados generó una corrosión severa en los barandales. El amor, en este caso, estaba carcomiendo literalmente los cimientos de la historia arquitectónica de la ciudad.
El impacto no es solo visual o estructural, sino también ecológico, pues las llaves que yacen en el lecho del río Chili han provocado un daño ambiental que hoy requiere una limpieza profunda. La subgerencia de Gestión Ambiental ahora busca rescatar del agua esos pequeños fragmentos de metal que un día fueron el sello de un compromiso, pero que hoy son contaminantes para el cauce mistiano.
La intervención municipal responde a un abandono de 15 años sin mantenimiento técnico. El estado actual es calificado como alarmante: madera corroída, piedras laja hurtadas y fierros expuestos que gritaban por una renovación. Este proyecto integral busca devolverle la dignidad al puente antes de las fiestas de Arequipa, incluyendo mejoras en iluminación y calzadas.
A pesar de la nostalgia que genera ver las barandas desnudas, la seguridad es la prioridad. Evaluaciones de Gestión del Riesgo confirman que, aunque el flujo vehicular es seguro, la estética y la integridad del monumento no podían esperar más. La renovación es, en esencia, un acto de amor hacia la propia ciudad y su legado histórico.
Para evitar que las promesas de metal regresen, la comuna instalará tres cámaras de videovigilancia en los accesos estratégicos. El control será estricto, pues colocar objetos que dañen la estructura ahora se sanciona con multas de hasta el 50% de una UIT, equiparando este acto sentimental con el vandalismo de los grafitis en la Plaza de Armas.
El puente Bolognesi entra en una etapa de modernidad y vigilancia, buscando erradicar también las malas prácticas sociales en sus alrededores. La meta es clara: un espacio limpio, seguro y respetuoso con su estatus de patrimonio, donde el cuidado del monumento prevalezca sobre las tradiciones populares que pongan en riesgo su conservación.
Al final del día, las llaves seguirán en el fondo del río y los candados en un depósito municipal, pero el recuerdo de esas promesas permanece en la memoria colectiva. Arequipa decide proteger sus piedras y su historia, recordando a sus ciudadanos que el verdadero amor eterno no necesita de metal y óxido, sino de respeto por el hogar de todos.
