UN VIAJE AL ENCUENTRO DE LA VERDAD
Por Dr. Juan Manuel Zevallos.
Hoy pude reconocerme a mí misma como un miembro más del conjunto de personas. Sé que al igual yo los otros suelen ser a veces egoístas, ambiciosos, inocentes, vanidosos, contemplativos, cariñosos, rencorosos, tratables, intratables y, en fin, todos somos todo, todos tenemos un poco de conductas favorables y otro tanto de desfavorables, todos tenemos la capacidad de hacer sentir bien a otro y por supuesto, de hacer sentir mal a los demás.
Todos podemos ser buenos en algún momento, pero ese actuar que genera dicho concepto no siempre podrá ser definido como bueno. Hasta podría decir que aquello es bueno para mí no necesariamente será bueno para los demás.
Cada uno de nosotros hace lo que puede en base a los recuerdos que posee y a las capacidades que ha podido desarrollar. Cada uno se equivoca tantas veces en virtud de aquello que desconoce y de aquellas limitaciones que aún no ha podido trabajar.
Todos estamos en un proceso constante de aprendizaje, en donde unos van más adelante en ciencias sociales y otros van más aventajados en matemáticas.
Si pudiéramos entender que somos diferentes no solo por nuestra carga genética y ambiente donde nos hemos desarrollado entonces nuestra comprensión del mundo cambiaría, pero esta sería benévola si supiéramos que cada uno recorre un camino distinto y que en virtud de los desafíos de ese camino deberá de desarrollar capacidades distintas.
El mundo sería mejor para nuestro particular modo de ver las cosas si definiéramos a cada ser humano que nos rodea como “una criatura milagrosa que día a día se esfuerza por ser mejor y que desarrolla una serie de actos de la mejor manera posible con el fin último por no sentirse vacíos y por ser de ayuda social”.
**********
Juzgar a la gente siempre será una falta de respeto a nuestro entendimiento respecto a cómo funciona el mundo. Todos en verdad somos buenos, pero evidenciamos a diario actos que pueden ser tipificados como buenos o como malos.
La vida de Mendigo de Amor se vio polarizada por dicha falta de respeto. Cuando alguien correspondía a sus muestras de afecto entonces era buena y cuando lo rechazaban o simplemente ignoraban, entonces la gente era mala.
Pero la vida no podía ser absoluta siempre y de la misma manera que existen mendigos de amor también existen mendigas de amor. Estos extraños seres que habitan el mundo suelen vivir en comarcas lejanas y difícilmente suelen encontrarse, pero a veces se encuentran. Alguna vez Mendigo de Amor se encontró a su contraparte femenina y de pronto todo aquello que había aprendido del mundo se trastocó. Aquella preciosa mujer que lo único que desea era sentirse querida podía dar todo el afecto que un hombre alguna vez deseó sobre la faz de la tierra y a la vez asumir actitudes posesivas y egoístas que lo hacían sentir retroceder y sentir miedo. Aquella hermosa mujer, de mirada profunda y corazón herido no era buena ni mala era las dos cosas a la vez y ¿cómo podía suceder ello?
Todo en la vida es posible, aunque nuestra mente tan estrecha en algunas cosas nos lleve a pensar en múltiples oportunidades que no hay posibilidad para darse algo.
Somos en realidad la conjunción de actos buenos y malos. Si bien es cierto que cada ser humano que ha llegado a este planeta tiene el potencial de hacer el bien también es cierto que aquella historia que nos ha colocado en este lugar de la evolución nos ha llevado a cometer muchos actos malos para existir.
Pero recuerda, lo que es bueno tal vez mañana no lo sea; lo que un día fue malo no necesariamente siempre será malo.
Hoy que me siento a compartir estas reflexiones contigo, vengo a recordar una historia de amor y de culpa que nos invita a reflexionar sobre estos principios de la existencia:
“Un día un discípulo y su maestro, quienes viajaban juntos, fueron alojados en una humilde morada por una familia que vivía del cuidado de una única vaca. Cuando reiniciaron su marcha ya de noche, el maestro le pidió a su discípulo que botará por el barranco cercano a la vaca y luego continuara su viaje con él. El discípulo con mucho disgusto llevo a cabo el pedido de su maestro, luego siguió el viaje con él, callado y triste por lo que hizo. Años después de ese evento, un día de tantos el discípulo no pudo más con su sentimiento de culpa y abandonó a su maestro, fue a ofrecer su vida a esa humilde familia que había dejado en la desprotección. Cuando llegó al poblado ubicó una hermosa casa en el lugar donde se hallaba la humilde morada de años atrás. Sus ojos se llenaron de lágrimas y pensó lo peor. Aun así, decidió tocar la puerta y cuál fue su sorpresa que el padre de aquella familia lo recibió efusivamente y ante su sorpresa le contó lo que les había sucedido. A la mañana siguiente de su partida hallaron muerta a su vaca en el barranco cercano y entraron en caos, pensaron que lo peor les venía encima y luego de llorar y desesperarse empezaron a recordar que cada uno de los miembros de la familia tenía muchas virtudes y capacidades que habían sido negadas por el conformismo que les dio la presencia de la vaca, así que poco a poco se entregaron a sus dones personales y destacaron logrando tener la comodidad económica que tenían ahora. Lo que un día fue algo terrible, la pérdida de su vaca, con el tiempo fue una bendición”.
