¿POLÍTICA O PRESUPUESTO? AREQUIPA Y LA DISPUTA EN LOS DISTRITOS

Por: Carlos Meneses

La concentración de candidatos en los distritos más ricos de Arequipa no parece una casualidad. Es, más bien, el reflejo de una política local donde el presupuesto pesa tanto como el voto, y donde la disputa electoral se define cada vez más por el control de los recursos que por la verdadera vocación de servicio público.

En cada proceso electoral municipal en Arequipa se repite una constante que ya no puede pasar desapercibida: los distritos con mayores recursos económicos y mayor población electoral son también los que concentran el mayor número de candidatos. ¿Sera una coincidencia o una señal de cómo se entiende hoy la política local?

Los distritos de Cerro Colorado, Paucarpata, Cayma, Alto Selva Alegre, Socabaya, Mariano Melgar y José Luis Bustamante y Rivero se han convertido en el epicentro de la competencia electoral rumbo a las Elecciones Municipales 2026. No solo por su peso demográfico, sino por el manejo de presupuestos millonarios provenientes del canon minero, regalías y transferencias del Estado.

El fenómeno es evidente. Cerro Colorado, por ejemplo, no solo es el distrito con mayor padrón electoral de Arequipa, sino también uno de los que administra los mayores recursos públicos, superando los S/ 100 millones anuales entre canon e inversiones. Paucarpata y Cayma siguen la misma lógica: alta densidad poblacional, fuerte presión ciudadana y presupuestos que permiten ejecutar obras de impacto urbano.

La pregunta que surge es inevitable: ¿los partidos políticos compiten por representar a la ciudadanía o por administrar las cajas municipales más grandes de la provincia?

Porque cuando se observa el mapa electoral, la concentración de listas no ocurre de manera homogénea. Los distritos con menor presupuesto o menor visibilidad política reciben menos atención, mientras que aquellos con mayor capacidad de gasto se convierten en escenarios saturados de candidatos, promesas y alianzas improvisadas.

Esta tendencia revela una lógica preocupante: la política local parece seguir el rastro del dinero público más que el de las necesidades estructurales. En ese contexto, la alcaldía deja de ser vista únicamente como un espacio de gestión vecinal para convertirse en una plataforma de control de recursos, contratos y ejecución de obras.

Sin embargo, el problema no es solo la cantidad de candidatos, sino la calidad de las propuestas. En muchos casos, las campañas se centran en discursos generales sobre seguridad, limpieza o infraestructura, sin diagnósticos serios ni planes técnicos que respondan a la magnitud del presupuesto que administrarán.

A ello se suma la debilidad institucional para evaluar la eficiencia del gasto público. No todos los distritos con altos recursos logran convertir su presupuesto en obras efectivas, lo que abre otro debate: la relación entre dinero disponible y capacidad real de gestión.

En este escenario, los electores enfrentan un desafío mayor: distinguir entre candidaturas que buscan transformar la gestión municipal y aquellas que ven en el municipio una oportunidad de poder político y manejo presupuestal.

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