UN VIAJE AL ENCUENTRO DE LA VERDAD
“Todos somos inocentes de aquello que se nos culpa. Es difícil asumir un grado importante de malicia en el pensamiento de un ser humano. Cuando destruimos algo o cuando dañamos la integridad física y emocional de otro no necesariamente actuamos guiados por un raciocinio consciente plenamente de lo que va a llevar a cabo. Solemos actuar en base a nuestros miedos, deseamos evitar que alguien nos dañe, tenemos cólera e ira por la afrenta recibida y deseamos en fin conservar todo aquello que tenemos.
Por Dr. Juan Manuel Zevallos.
Muchas veces nuestra mente desvaría de un modo similar al orate que ha perdido su capacidad para discernir lo cierto de la fantasía. En realidad, cometer errores, graves o pequeños siempre serán errores, pero difícilmente la culpa puede habitar en ellos. Podemos afirmar que somos pecadores, pero nunca recibiremos el castigo eterno del infierno. Estamos en un proceso de desarrollo personal. Cada uno tiene capacidades para llevar a cabo hechos nobles y a la vez tenemos limitaciones que nos llevan a equivocarnos”.
¿Entonces no debo de sentirme culpable por odiar a tantas mujeres que me han rechazado?
¿No debiera sentir rencor por cada uno de aquellos que me ha maltrato y hasta ha insinuado que soy un felpudo con el cual trapean el suelo aquellas a quienes pretendía?
Quieres decir entonces que ha habido hasta nobleza en cada uno de aquellos actos de marginación de los cuales he sido sujeto a lo largo de años. No puedo creer y menos aceptar todo esto. Puedo entender que he sido torpe y que me he humillado muchas veces, pero que de ahí deba comprender y hasta agradecer dichas conductas, personalmente no me parece. Mira, aquí hay mucha gente realmente buena que busca desarrollar un ambiente social mejor donde vivir, que es solidaria y veraz con lo que dice y allá afuera también hay mucha gente egoísta, vanidosa y narcisista que solo busca su bienestar sin importarle el sufrimiento de los demás, se burlan de uno, lo humillan, le prometen el cielo y luego lo sepultan tres metros bajo tierra.
No se necesita desenfundar un arma y disparar a otro para cometer un asesinato. Se puede matar con las palabras y simples actos de repudio y rechazo. Hay muchos criminales allá afuera que no merecen estar en libertad, gente de por si destructiva que se alegra al dañar a alguien, gente sin escrúpulos que solo busca obtener un beneficio sin considerar los sueños y el esfuerzo llevado a cabo por aquel incauto que creyó en sus promesas y que luego se quedó sin nada.
Hasta el momento he seguido cada una de tus palabras y me he sentido mejor, he ganado en autoestima y en respeto personal y por aquellos que me envuelven, pero ahora no, no voy a aceptar esta propuesta, los buenos caminaran siempre por la derecha y los malos por la izquierda. Acaso no sabes la manzana podrida destruye a las demás y que hay que separar la paja del trigo. Me has ayudado mucho, pero creo que tú también puedes equivocarte o mejor dicho hoy te estás equivocando con la proposición que has hecho.
Quiero entender tu dolor mas no compartirlo ya que es tuyo y no mío. En verdad todos somos iguales y el hecho de que unos sean personas que dañan la sociedad y otras benefactoras del mundo depende en fin no de lo que somos sino de lo que hacemos. Tú aprendiste a ser benefactor y que alegría, aquellos primeros consejos en el hogar familiar, aquellas privaciones, esos otros castigos y las largas ausencias de los seres que querías labraron en tu mente una consigna: ser benefactor en el mundo.
Otros que nacieron, vivieron escenas de vida distintas que conjugadas unas con otras los llevaron a optar por ser destructores de su entorno. Claro, tú me dirás, tenemos una conciencia lúcida para decir, para optar entre lo favorable y lo desfavorable y yo te digo ¿realmente crees qué todas las personas tienen en este momento la lucidez mental para decidir de modo proactivo?
Podemos tener una capacidad, pero no necesariamente podemos ponerla en práctica. En este momento podrás salir a correr y asumir esa costumbre por qué de seguro ayudará a que bajes esos kilos están de más, quizás pudieras hasta decidir dejar de consumir tantas bebidas azucaras y por optar una dieta mediterránea, pero probablemente decidas seguir teniendo la vida sedentaria que tienes y seguir bebiendo tres botellas de gaseosa personal al día más un menú rico en grasas saturadas en algún restaurante de la ciudad. Tenemos las capacidades necesarias para poder ser mejores, pero no necesariamente hacemos uso de ellas. Son en verdad las circunstancias de la vida y las ideas parásitas que cada cierto tiempo brotan en nuestra mente las que nos llevan a mantener tales conductas. En el fondo seguimos siendo niños miedosos que no desean hacer algo por temor a perder lo poco que tienen sin llegar a tener la conciencia que tienen poco en comparación a lo que es grande en la vida, aquella oportunidad para disfrutarla.
No sé, tienes razón en mucho de aquello que planteas, pero ¿hay gente mala allá afuera? Solo quisiera que lo reconocieras y sé que con esa aceptación yo podría tratar de entender de mejor manera aquello que me dices.
No hay gente mala allá afuera, Mendigo de Amor. Tampoco hay bestias que desean prontamente devorarte. Hay gente llena de ignorancia que comete aberraciones en su conducta víctima del estado en que se encuentra. No sabe realmente lo que está haciendo. Piensa que lo que hace es correcto, aunque a los ojos de otros sea una aberración contra la sociedad. Su conciencia no puede reprocharle nada, piensa y está convencido de que ha hecho el bien. No es su culpa, no tiene responsabilidad. No puedes apartarlo de tu mundo. Recuerda que a lo largo de estos años aprendiste a desprenderte de los juicios personales y empezaste a creer en la gente del mundo. Los aceptaste tal como eran, tenías esperanzas en que pudieran despertar su conciencia y humildemente te entregaste a dicha labor. No debes de aferrarte a un concepto imposible de ser: el malo es malo y nunca cambiará. Todos tenemos la posibilidad de cambiar, pero si alguien que cometió un grave error es sentenciado por ese error y cada día le reprochas lo terrible que ha sido su conducta ¿algún día cambiará? Probablemente decida ser aquel sujeto que la sociedad dice que es. En vez de ayudar a que despierte su mente crítica y consciente hemos hecho que su ego lo considere un criminal de los grandes y con dichos conceptos interiorizados ¿quién cambiará su mente?
Ahí está tu aceptación, ¡ese siempre será malo! Claro, hay personas que pueden cambiar, pero, otras no lo harán, seguirán siendo basura humana, ese lastre que no permite que la sociedad avance. Creo que ahora nos vamos entendiendo. Hay malos que son en verdad malos y que merecen nuestro repudio y hay malos que asumieron de manera errónea su vida y que pueden cambiar al escuchar tu voz o al encontrar una razón para vivir que se base en la esperanza y el respeto por los demás.
