Regiones enfrentan desafíos por clima, inversión y cambio de autoridades
Por Rocío Velazco C.
Construcción, minería y consumo impulsan la actividad económica en gran parte del país, mientras el Fenómeno El Niño Costero y la transición de gobiernos regionales aparecen como los principales retos para mantener el dinamismo, según reciente informe del Instituto Peruano de Economía (IPE) e Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).
PERO SOSTIENEN CRECIMIENTO ECONÓMICO
La economía de las regiones peruanas continúa mostrando un desempeño favorable. Durante el primer trimestre de 2026, 21 de las 24 regiones del país registraron crecimiento económico, consolidando una tendencia positiva que se mantiene desde el año pasado. Sin embargo, este escenario alentador convive con importantes riesgos que podrían desacelerar el avance durante los próximos meses.
De acuerdo con un análisis del Instituto Peruano de Economía (IPE), elaborado sobre la base de información del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), el crecimiento regional se sostiene principalmente por el impulso de la construcción, la minería, el comercio y los servicios. No obstante, factores como el Fenómeno El Niño Costero, la necesidad de preservar un clima favorable para las inversiones y la próxima renovación de autoridades regionales y municipales serán determinantes para mantener este ritmo de expansión.
La macrorregión norte volvió a ubicarse como la de mayor crecimiento económico durante el primer trimestre, con una expansión de 4,5 %. El resultado responde al buen desempeño de la construcción, impulsada tanto por la ejecución de obras públicas como por la recuperación de la autoconstrucción. A ello se sumó la evolución positiva de las actividades agropecuarias, el comercio y los servicios, que fortalecieron la actividad económica en esta parte del país.
Sin embargo, el IPE advierte que este dinamismo podría moderarse durante el segundo semestre. Las condiciones climáticas asociadas al Fenómeno El Niño Costero ya comenzaron a afectar la actividad pesquera. La primera temporada de pesca de anchoveta en la zona Norte-Centro registró diversas suspensiones y, hasta la fecha del informe, apenas se había capturado una cuarta parte de la cuota prevista, lo que anticipa un menor aporte del sector pesquero al crecimiento regional.
La macrorregión centro ocupó el segundo lugar en crecimiento, con un incremento de 4 %. El desempeño estuvo explicado principalmente por la mayor producción minera de importantes operaciones como Antamina, en Áncash, y Toromocho, en Junín. Paralelamente, la construcción mantuvo un comportamiento favorable gracias a la ejecución de obras públicas y privadas, además de inversiones vinculadas al sector minero en regiones como Ica y Áncash.
En el caso de Lima, el crecimiento alcanzó 2,7 %, cifra inferior al promedio nacional por tercer trimestre consecutivo. Según el análisis del IPE, el avance de la capital estuvo sustentado casi exclusivamente por el fortalecimiento del consumo interno. El comercio y los servicios concentraron la mayor parte de la expansión económica, favorecidos por la mejora del poder adquisitivo de los hogares. El INEI reportó que la masa salarial real en Lima Metropolitana mantuvo incrementos de dos dígitos durante la mayor parte de los últimos registros disponibles. En contraste, la construcción retrocedió 1,1 %, pese al crecimiento nacional que experimenta este sector.

En la zona sur, la economía registró un crecimiento de 2,6 %. El desarrollo de actividades vinculadas a la inversión y al consumo permitió mantener resultados positivos, destacando el impacto que viene generando la construcción del proyecto minero Tía María, en Arequipa. No obstante, el avance fue parcialmente compensado por la disminución de la producción de hidrocarburos, originada por la rotura del ducto de Camisea, en Cusco, que afectó el desempeño del sector energético.
El panorama fue más complejo en la macrorregión oriente. Después de crecer 3,8 % durante 2025, el ritmo económico descendió hasta 1,3 % en el primer trimestre de este año. La principal explicación fue la reducción de la producción petrolera en Loreto, debido a trabajos de mantenimiento y mejoras en la infraestructura del Lote 95. Aunque sectores como la construcción y los servicios continuaron expandiéndose, no lograron compensar completamente la caída de la actividad petrolera.
El IPE considera que uno de los principales riesgos para la economía regional será la evolución del Fenómeno El Niño Costero. De acuerdo con las proyecciones de la Comisión Multisectorial ENFEN, la probabilidad de que predominen condiciones cálidas fuertes entre mediados de 2026 e inicios de 2027 aumentó significativamente, lo que incrementa la posibilidad de impactos sobre sectores productivos estratégicos.
Entre las actividades más vulnerables figuran la pesca y la agricultura. Un episodio intenso del fenómeno climático podría reducir aún más la captura de anchoveta durante el resto del año y afectar la primera temporada pesquera de 2027. Asimismo, las altas temperaturas tendrían efectos negativos sobre cultivos destinados a la agroexportación, en un contexto donde ya se observaron caídas en la producción agrícola durante marzo y abril.
Pese a estos riesgos, el informe identifica importantes oportunidades para las regiones del sur del país. La inversión minera nacional acumuló un crecimiento de 35 % entre enero y abril de este año, y cerca de la mitad de este incremento corresponde precisamente a proyectos ubicados en esta zona del Perú.
Uno de los principales motores es el proyecto Tía María, cuya inversión asciende a 1 800 millones de dólares. Además de dinamizar la construcción durante su etapa de ejecución, permitirá incrementar la producción de cobre en Arequipa a partir de 2027, fortaleciendo el aporte de la minería a la economía regional.
No obstante, el IPE advierte que el país necesita recuperar su capacidad para atraer nuevas inversiones. Como ejemplo menciona el proyecto Zafranal, también ubicado en Arequipa, cuyo desarrollo fue postergado a comienzos de este año. La paralización de iniciativas de esta magnitud limita la generación de empleo, el crecimiento económico y la reducción de brechas de infraestructura.

Otro aspecto que genera preocupación es la ejecución de la inversión pública en un contexto de elecciones regionales y municipales. Tradicionalmente, durante los últimos meses de gestión las autoridades aceleran la ejecución presupuestal, mientras que el primer año de las nuevas administraciones suele registrar una desaceleración debido al proceso de reorganización institucional y aprendizaje de los equipos técnicos.
Para el IPE, evitar una caída abrupta en la ejecución de obras públicas será determinante para sostener el crecimiento económico regional durante 2027. La continuidad de proyectos de infraestructura permitirá mantener la actividad de la construcción y generar condiciones para fortalecer el empleo y la competitividad.
El Instituto concluye que las economías regionales atraviesan uno de sus mejores momentos de los últimos años. Actualmente, 18 regiones acumulan al menos tres trimestres consecutivos de crecimiento y 14 mantienen cuatro o más períodos positivos, un escenario que no se observaba desde antes de la pandemia.
Consolidar este proceso dependerá de la capacidad de las futuras autoridades para responder a los riesgos climáticos, promover nuevas inversiones públicas y privadas, ejecutar obras de calidad y fortalecer sectores con amplio potencial de desarrollo. Mantener la confianza de los inversionistas y mejorar la gestión pública serán factores decisivos para que el crecimiento económico regional se traduzca en mayores oportunidades y mejores condiciones de vida para la población.
