DE NUESTRO ESFUERZO DIARIO; LA SUERTE ES UN RECODO DEL CAMINO QUE NOS PERMITE AVANZAR

“La niña entristecida entonces le entregó el collar de perlas falsas a su padre luego de habérselas negado durante varias semanas. Le apenaba algo que había deseado durante tanto tiempo y que había tenido la suerte de poder ganar.


El padre la abrazó fuertemente y le agradeció el acto de entrega que había tenido diciendo: se lo mucho que valorabas ese pequeño tesoro que iluminaba tus ojos y sé el gran esfuerzo que has tenido que llevar a cabo para entregármelo, ahora limpia tus lágrimas y guarda este collar de perlas verdaderas que son el reconocimiento a tu desprendimiento y a tu amor que vive en ti”.

Muchas veces nos alegramos de aquella buena suerte que ilumina nuestros pasos por la tierra. Nos sentimos gratificados por esas muestras benefactoras del destino y disfrutamos el bien adquirido sin mayor esfuerzo.

“La vida nos ama y cada cierto demuestra su afecto de dicha manera”, dicen muchos. Yo vengo y les digo que la vida siempre nos da todo y que cada cierto tiempo ese todo es llamado buena suerte y cada cierto tiempo ese todo es denominado como mala suerte.

La mejor forma de vivir es “viviendo” y es sentir el sol brillando en el levante mientras la brisa del mar limpia nuestro rostro.

Cada nuevo día asistimos sin saber a una escuela de aprendizaje existencial en donde la realización se halla en el modo como nos llegamos a interrelacionar con los demás.

Las experiencias de desprendimiento constantes llenan nuestra mente de memoria y nos permiten reconocer en nuestro interior aquel brillo llamado alma.

Cada día que vivimos confundidos el olvido de nuestra esencia inunda la mente y nos vuelve seres ajenos a nuestra realidad.

Para vivir y para sentir gozo por lo que hacemos debemos aplicar una sencilla norma de existencia social: «Nunca hagas daño a otro y ofrece tu ayuda a todo aquel que se la puedas dar». No existe un modo distinto para poder hilvanar los lazos que nos unen a la sociedad.

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“La suma de nuestro esfuerzo diario debiera ser: entrega y amor por nuestro prójimo. La suma de nuestros actos a lo largo de la vida debiera de otorgarnos aquella paz para contemplar la naturaleza y para descubrir el bien en cada nueva creación tecnológica. Debiera de regalarnos la firmeza y la humildad para valorar la grandeza de cada ser humano que nos acompañe. Todo debiera de ser así, pero, no lo es. Somos culpables de amar nuestro ego, de buscar el camino fácil de la realización personal, nos amparamos en el engaño, el fraude y falso concepto de fortuna para izar la bandera de la auto realización. Nos engañamos a diario creyendo que el bienestar personal se halla en la conquista de bienes materiales y reconocimiento comunal apelando al viejo adagio: el fin justifica los medios”.

Escucho tus palabras y me siento triste igual que la niña de la historia. Quieres que dé lo que tengo y tengo miedo a quedarme sin nada. Le tengo miedo a la ausencia y a la desprotección. Pienso lo peor cada vez que mi cuenta de ahorros disminuye sus cifras, cada vez que la suma de mis deudas se acrecienta. Sé que tengo capacidades para construir de la nada un imperio, pero prefiero no llegar a vivir la situación definida como “de necesidad material”.

A lo largo de este viaje he comprendido que debo de valorar y ayudar a todo aquel que me rodea, pero lo que no entiendo aún es “como ayudar”.  Una vez mi padre me contó una historia en virtud de la cual no era bueno dar pescado, sino que lo correcto era enseñar a pescar. Pero si la persona que está a lado mío no quiere aprender a pescar ¿debo de seguir dándole pescado? No tengo respuestas a mis preguntas y a veces pienso ¿será realmente malo mentir un poco con el fin de alcanzar un puesto a partir del cual puedo ayudar a miles? ¿Será correcto tener algo mientras otros no tienen? ¿Será bueno envidiar el progreso ajeno?

A veces procuro olvidar el sentir de estas preguntas para poder seguir viviendo, pero a cada vuelta de camino las interrogantes aumentan de tamaño y ahora realmente es difícil hacerse de la vista gorda e ignorarlas.

Nadie puede saber en verdad qué puede ser lo bueno y qué puede ser lo malo para otro. A primera impresión todo acto que nos hace sentir gozo parece bueno y su contraparte parece mala, pero luego de esa primera impresión todo puede cambiar. Un niño puede quejarse de un padre muy severo, pero cuando crece puede alegrarse por aquella disciplina alcanzada gracias a la figura estricta de ese padre. No podemos predecir a ciencia cierta aquello que podrá suceder en virtud de llevar a cabo un acto. Siempre habrá una posibilidad de éxito y otra de fracaso, pero saber qué es realmente lo mejor para uno nunca podrá ser definido con antelación. Muchos se alegran por haber sido gente de éxito a lo largo de su vida hasta que viene el fracaso y la desesperación ante el sentimiento de desolación que se tiene y que nos lleva a no poder ponernos prontamente de pie para afrontar los nuevos tiempos. Quizás lo mejor hubiera sido tener muchos fracasos al inicio de la tarea los cuales de seguro nos hubieran enseñado estrategias de amor personal para levantarnos prontamente y afrontar los desafíos de la vida.

No hay una respuesta a cada una de tus interrogantes, amigo Mendigo de Amor, siempre habrá un abanico de posibilidades, pero lo que sí puedo decirte es que de nada podrá servirte mil actos de ayuda si para llevarlos a cabo destruiste la base de esos mil.

«Eres libre para optar la decisión que creas más oportuna, pero ten en cuenta que al despertar tu conciencia crítica esta será también el juez que dictamine tu sentencia al infraccionar con pleno conocimiento de causa los principios del desarrollo personal».

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