Arequipa, ciudad cada vez más cara

Por Carlos Meneses

Arequipa no debería acostumbrarse a figurar entre las ciudades más caras del país. El crecimiento económico debe reflejarse también en el bienestar de sus habitantes. De poco sirven los indicadores favorables si, al final del mes, las familias comprueban que sus ingresos ya no alcanzan para cubrir las mismas necesidades de antes.

Vivir en Arequipa cuesta cada vez más. Aunque durante julio el incremento de precios fue moderado, la inflación acumulada en los últimos doce meses muestra una realidad que las familias conocen bien: el presupuesto alcanza para menos. No se trata únicamente de cuánto aumentan los precios en un determinado mes, sino del encarecimiento sostenido de bienes y servicios indispensables para la vida cotidiana.

Las cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) confirman esta preocupación. Entre agosto de 2025 y julio de 2026, Arequipa registró una inflación acumulada de 4,13%, superior al promedio nacional de 3,70%. Con este resultado, la ciudad se ubicó en el segundo lugar entre las capitales y ciudades con mayor incremento de precios, solo por debajo de Puerto Maldonado, que alcanzó el 7,96%.

Detrás de estos porcentajes están las familias que cada día deben hacer mayores esfuerzos para equilibrar sus ingresos y gastos. El incremento en productos de consumo habitual, como pollo, huevos, frutas, tomate o ají amarillo, repercute directamente en la alimentación. A ello se suman los mayores costos de transporte, incluidos los pasajes interprovinciales y aéreos, que afectan a quienes deben movilizarse por trabajo, estudios, salud o actividades comerciales.

En julio, el Índice de Precios al Consumidor de Arequipa aumentó 0,16%, por debajo del 0,30% registrado a nivel nacional. Es una cifra que podría interpretarse como una señal favorable, pero no debe llevar a conclusiones apresuradas. Que los precios aumenten más lentamente no significa que hayan vuelto a los niveles anteriores. La inflación acumulada permanece y continúa condicionando la economía de los hogares.

Este escenario exige una mirada más cercana de las autoridades. La inflación no debe evaluarse únicamente mediante indicadores macroeconómicos. También debe medirse desde la economía familiar, particularmente en aquellos hogares cuyos ingresos no crecen al mismo ritmo que el costo de los alimentos, el transporte, la vivienda y otros servicios esenciales.

Arequipa tiene una economía dinámica y un importante movimiento comercial, minero y de servicios. Sin embargo, ese dinamismo convive con desigualdades que hacen que el aumento del costo de vida tenga efectos diferentes según el nivel de ingresos. Para una familia con recursos limitados, un pequeño incremento en los productos básicos puede significar reducir otros gastos necesarios.

El reto no consiste solamente en esperar que la inflación disminuya. Se necesita fortalecer la competencia, mejorar el transporte y la infraestructura, garantizar mercados eficientes y promover condiciones que eviten incrementos injustificados.

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