SIT a paso lento y condena a Arequipa al caos
Por Carlos Meneses
La pregunta ya no es cuánto tiempo más se discutirá el SIT. La verdadera pregunta es cuánto tiempo más los ciudadanos tendrán que pagar con horas de su vida la incapacidad de las autoridades para hacerlo funcionar.
Arequipa tiene un problema que ya no puede seguir siendo tratado como una dificultad cotidiana del tránsito. El transporte urbano está en crisis y el dato de que los buses del Sistema Integrado de Transporte (SIT) circulen a una velocidad promedio de apenas 7,2 kilómetros por hora debería encender todas las alarmas.
Un sistema que fue concebido para ordenar la movilidad, integrar rutas y reducir los tiempos de viaje no puede funcionar eficientemente cuando sus unidades avanzan prácticamente a paso de hombre. El estándar deseable bordea los 20 kilómetros por hora y, como mínimo, debería alcanzarse una velocidad de 15 kilómetros por hora. Arequipa está muy lejos de ambos niveles.
El problema no es solamente que los pasajeros lleguen tarde a sus destinos. Cada minuto perdido dentro de un bus representa tiempo que se resta al trabajo, al estudio, a la familia y a la vida de los ciudadanos. Y cuando miles de personas soportan diariamente recorridos innecesariamente largos, la ineficiencia deja de ser individual y se convierte en un problema urbano.
A ello se suma el mayor consumo de combustible provocado por la lentitud y las constantes detenciones. Los buses permanecen más tiempo en circulación para completar sus recorridos, incrementan sus costos operativos y generan mayores emisiones contaminantes. Es decir, la congestión termina golpeando simultáneamente al usuario, al operador y al medioambiente.
Lo más grave es que buena parte de esta situación era previsible. El SIT fue diseñado considerando corredores y carriles exclusivos, paraderos definidos y una operación integrada. Sin embargo, casi una década después, Arequipa continúa sin contar plenamente con esa infraestructura.
El caso de San Juan de Dios resulta revelador. El carril que debía favorecer la circulación de los buses terminó nuevamente ocupado por vehículos particulares. Algo similar ocurrió en las avenidas Jorge Chávez y Goyeneche. Lo que debía ser una prioridad para el transporte público terminó diluyéndose ante la falta de autoridad para hacer cumplir las reglas.
Entonces, cabe preguntar: ¿para qué se diseñó un Sistema Integrado de Transporte si los buses deben competir diariamente por el mismo espacio con miles de vehículos particulares?
Las sucesivas administraciones municipales tienen una responsabilidad que no pueden seguir trasladando de una gestión a otra. El SIT no puede permanecer indefinidamente en una condición de preoperatividad mientras la ciudad crece, aumenta el parque automotor y los ciudadanos pierden cada vez más tiempo desplazándose.
Tampoco resulta suficiente discutir si la tarifa debe subir. Antes de pedirle al usuario que pague más, las autoridades deben garantizarle un mejor servicio.
Arequipa necesita recuperar la velocidad de su transporte público. Eso significa implementar corredores exclusivos, fiscalizar su respeto, ordenar las rutas, mejorar los paraderos y asumir una conducción efectiva del sistema.
Los 7,2 kilómetros por hora no son simplemente una cifra. Son el diagnóstico de una ciudad que está perdiendo capacidad para movilizar a su población.
