SOLO HAY UNA RAZÓN PARA HACER ALGO, EL GOZO PERSONAL Y LA AUSENCIA DE RAZÓN

Por Dr. Juan Manuel Zevallos.

Muchos de aquellos que llaman al cambio, en verdad son seres egoístas y con una minusvalía mental importante que los lleva a pensar que no son dignos de sí mismos. Son seres que no se aguantan a sí mismos, personas que tienen la odiosa capacidad de ver el error, el defecto, la falla en todas partes y que tienen una obsesión por el auto desprecio y la violencia.

Cada uno de nosotros somos importantes, no solo por lo que tenemos sino por todo aquello que nos falta.

Solo hay un cambio aceptable en la vida: el cambio de pensamiento que significa no anhelar ser otro y que significa hacer el mayor esfuerzo por aceptarse.

No debemos hacer algo por alegrar a otro si ese acto nos humilla. No debiéramos imponernos la obligación de actuar de un modo por el solo hecho de simular ser personas respetables a los ojos de terceros.

Sentir vergüenza y rabia por aquello que somos, lo único que generará en nuestro ser en un deseo de destrucción. La lección del cambio es nociva para nuestro mundo interior, es un atentado grave contra nuestra integridad, es una muestra de la imposición del Tánatos o instinto de muerte sobre nuestro sentimiento de amor. Muchas personas cambian y dejan “todo” por responder a las expectativas de los demás.

Nos obligamos a abandonar lo más importante: “nuestra vida” y luego nos sentimos culpables por lo hecho. Es hora de salvarnos, demostremos realmente de qué estamos hechos (de amor) y defendámonos. No podemos ignorar por más tiempo nuestro mundo interior, no podemos elaborar un doble discurso, no podemos desarrollar un nuevo acto de traición. Hoy debemos de salvarnos, para ello debemos aceptarnos tal como somos y si te sientes culpable por algo solo debes de hablar en voz alta para poder entender la necedad de tus palabras.

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El único cambio aceptable en la vida se basa en “no cambiar”, en ser uno mismo y en poder elegir en libertad. Nuestra mente es un campo precioso en donde la felicidad puede coexistir con las imperfecciones que llevamos adentro. Podemos ser felices cometiendo errores, asimilando las caídas, llorando por una pérdida o volando con la imaginación. Si buscamos cambiar en búsqueda de una quimera entonces habremos erradicado el concepto de felicidad de nuestra mente. Aquel que no es original, aquel que no demuestra autenticidad con los actos que lleva a cabo no tendrá un mañana, vivirá eternamente el hoy del fracaso, de la destrucción constante y el tiempo no podrá pasar delante de sus ojos, se estancará en otra realidad y creerá cosas que no son ciertas, se enamorará de un universo alterno en donde al inicio todo lo parecerá nuevo y maravilloso, pero ausente de amor.

No debemos ser ingratos con todo aquello que es nuestro ser. El agua que fluye al mar está llena de vida y el agua que se empoza muere. Si no dejas fluir tu ser, morirá. Si tratas de cambiar tu naturaleza y en vez de fluir te estancas, morirás.

Me apena contemplar día a día a gente que quiere dejar de llorar cuando lo único que debe hacer es llorar. Si hemos perdido a un ser querido lo único que aliviará el dolor que ha surgido es el llanto sentido a plenitud, pero no, muchos de nosotros nos negamos a llorar tratando de aparentar que estamos bien cuando realmente estamos mal. La pena contenida daña la mente, nos hace creer algo que no es cierto. Pero no por creer que no tenemos un dolor el sufrimiento desaparecerá, ¡no!, la pena que no sale con el dolor crece en el interior trastocando su esencia y volviéndolo agresivo, violento, insensible y ausente ante el sufrimiento de los demás.

La única manera de vivir a plenitud es haciendo lo que debemos de hacer. Si debemos disgustarnos por algo hagámoslo y ya, todo va bien; si hay que llorar, hagámoslo hasta que brote la última lágrima de dolor y luego hay que limpiarse el rostro y seguir caminando.

El amor por lo que hacemos a diario debiera ser la única razón que debiéramos tener para vivir.

Debemos día a día saludar con entusiasmo el surgimiento de nuevos problemas y la ausencia de soluciones ante ellos. Reconocer nuestra ignorancia ante tales eventos lo único que hará es despertar nuestra conciencia creativa adormitada. Reconocer nuestra ignorancia alimenta nuestra alma y nos vuelve libres para poder buscar una respuesta, para preguntar, para leer y escuchar. Aquel que cree que lo sabe todo vive afligido por la pregunta que delate sus falencias y por su incapacidad para poder pedir ayuda.

Somos en verdad seres imperfectos que tienen una sola virtud: amar e ignorar.

Hoy es el tiempo para creer y para cultivar nuestra mente, no es un tiempo para tratar de cambiar y para cambiar a la gente. Cada uno debe de seguir su propio camino hacia la realización personal. Cada uno es un mundo distinto y es un deber ineludible a cumplir la siguiente sentencia: “nunca cambiarás a alguien si primero no cambias TÚ”.

Agradece todo lo que te sucede, comprende tus falencias y sigue intentando, quizás más tarde o mañana lograrás cumplir a cabalidad dicha labor.

No hay armonía que no nazca de uno y no hay milagro que se dé si te has olvidado de quién eres.

Los años de experiencia pesan mucho a la hora de tomar una decisión dicen unos pocos; otros dicen que tu grado cultural y el nivel de conocimientos que has alcanzado son la luz que debe alumbrar tu toma de decisiones. Yo vengo y te digo que “la autoaceptación, la ausencia de crítica a la conducta ajena y el valor a aceptar la realidad son los criterios fundamentales sobre los cuales debes elegir”.

Y no te olvides que aceptar la realidad no significa ser conformista y amar el statuo quo. Aceptar la realidad significa ver fluir el río, ver volar a las aves y ver crecer a un niño. La realidad cambia porque sigue un cambio que ha aceptado seguir desde siempre. Ahora nos toca aceptar nuestro camino y creer en la voz que habita en nuestro interior y que nos insta a actuar en base a un principio universal: “has todo aquello que te generé alegría y que no perjudique a los demás y si les causa un bienestar, mejor todavía”.

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