Pobladores cruzan torrentera tras demora en instalación de puente Bailey

A más de un mes de la emergencia por el desborde de la torrentera El Chullo, vecinos y escolares siguen exponiendo su integridad para desplazarse entre Yanahuara y distritos colindantes. Aunque el puente modular ya llegó a Arequipa, su instalación continúa pendiente.

A UN MES DE LA EMERGENCIA

A más de un mes de la emergencia provocada por el desborde de la torrentera El Chullo, decenas de vecinos continúan cruzando a pie por el cauce, sobre sacos terreros, piedras y zonas inestables, ante la falta de instalación del puente Bailey que debía reemplazar al demolido puente La Concordia. La situación afecta a diario a escolares, padres de familia y trabajadores que necesitan movilizarse entre Yanahuara y distritos vecinos.

El problema se concentra en uno de los puntos de conexión más sensibles de la zona norte de Arequipa. Tras la demolición del puente La Concordia, la transitabilidad peatonal y vehicular quedó interrumpida entre Yanahuara, Cayma y Cerro Colorado, obligando a los ciudadanos a improvisar rutas de alto riesgo para no dar largas vueltas y poder llegar a sus destinos.

La estructura anterior fue retirada luego de que, en medio de las lluvias intensas de febrero, actuara como dique y favoreciera el represamiento de lodo, piedras y escombros, lo que agravó el desborde de la torrentera. La demolición fue presentada como una medida preventiva para evitar mayores daños, pero la solución provisional aún no se concreta en el terreno.

El Gobierno Regional de Arequipa anunció el 6 de marzo que asumiría el financiamiento e instalación de un puente Bailey de 18 metros de longitud, 7 metros de ancho y 49 toneladas de peso. La promesa oficial fue acelerar el montaje para restablecer el tránsito peatonal y vehicular en el menor plazo posible.

La estructura metálica incluso llegó a la ciudad y fue descargada el 12 de marzo en calle Grande, en el límite de Yanahuara y Cayma, a la espera de su instalación. Sin embargo, pese a que la infraestructura ya está en Arequipa y a que las coordinaciones oficiales fueron difundidas públicamente, la población sigue sin una solución operativa en la zona afectada.

Según el material compartido por los vecinos y dirigentes, el 20 de marzo la Municipalidad Distrital de Yanahuara aprobó que el Gobierno Regional asuma la construcción e instalación del paso provisional; aun así, hasta el momento no se observa el inicio del montaje del puente Bailey en la torrentera. Esa demora mantiene abierta una brecha entre el anuncio institucional y la urgencia de la población.

Las escenas recogidas en la zona muestran el costo diario de esa espera. Fátima Bustamante, vecina de la zona, advirtió que un niño ya cayó al cruzar y cuestionó la falta de apoyo inmediato para atenderlo. “El adulto puede saltar, pero el niño no”, reclamó al exigir mayor empatía de las autoridades frente a una ruta que hoy se ha convertido en un paso forzado para escolares y familias enteras.

Silvia Lipa, otra vecina de la zona, resumió el malestar de los usuarios: el puente ya está en la ciudad, pero no se coloca. Mientras tanto, quienes viven o estudian en la zona deben elegir entre exponerse al cruce de la torrentera o caminar varias cuadras adicionales para rodear el sector, una alternativa que muchos consideran inviable por tiempo, distancia y seguridad.

El riesgo no es esporádico, sino cotidiano. Yessenia Quispe, vecina del lugar, señaló que todos los días hay personas que descienden por ambos lados del cauce, atraviesan entre agua, barro y piedras, y vuelven a subir hacia la parte alta para continuar su trayecto. La exposición aumenta cuando se trata de menores de edad, adultos mayores o vecinos que cargan útiles, bolsas o mochilas.

La demora del puente Bailey ha terminado por convertir una solución de emergencia en una nueva fuente de peligro. En Yanahuara, la exigencia ciudadana ya no pasa solo por acelerar una obra anunciada: apunta a evitar que la inacción estatal siga trasladando el costo de la crisis a peatones y escolares que, por necesidad, arriesgan la vida en cada cruce sobre la torrentera El Chullo.

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