Camarón caro y sin control: tres meses de veda

Por: Carlos Meneses

Hoy, el camarón ha vuelto, sí, pero sin control. Y eso deja en evidencia que el problema no está en el río, sino en la gestión.

El levantamiento de la veda del camarón en Arequipa debía marcar el retorno de uno de los productos más emblemáticos de la gastronomía regional. Sin embargo, lo que se observa en los mercados, particularmente en el terminal pesquero El Palomar, es una realidad distinta: precios que alcanzan hasta los 130 soles por kilo y una sensación generalizada de descontrol que perjudica directamente al consumidor.

Resulta inevitable preguntarse qué ocurrió durante los tres meses de veda. Esta medida, que tiene como objetivo preservar la especie y garantizar su reproducción, también debería permitir una recuperación ordenada del recurso y, en consecuencia, una oferta suficiente que evite incrementos desmedidos. Pero nada de eso parece haberse cumplido. Por el contrario, el inicio de la comercialización ha estado marcado por la especulación y la incertidumbre.

Los comerciantes justifican el alza en función del abastecimiento diario y el comportamiento del río. Es un argumento válido, pero insuficiente. La ausencia de una supervisión efectiva por parte de las autoridades deja el mercado librado a su propia dinámica, donde el precio lo fija la escasez —real o percibida— y no un equilibrio razonable entre oferta y demanda.

El problema no es solo económico, sino también estructural. No existe una política clara de seguimiento posterior a la veda. Se controla la extracción durante el periodo de restricción, pero una vez levantada, el sistema parece desentenderse. No hay mecanismos visibles que regulen la cadena de distribución, ni transparencia en los volúmenes de ingreso, ni acciones concretas para evitar distorsiones en los precios.

El impacto es inmediato. Las familias arequipeñas, que tradicionalmente consumen camarón en Semana Santa, ven cómo este producto se vuelve cada vez más inaccesible. Lo que antes era parte de la mesa festiva hoy se convierte en un lujo. La situación golpea también a pequeños restaurantes y picanterías, que dependen de este insumo para preparar platos emblemáticos como el chupe de camarones.

Más preocupante aún es que este escenario podría empeorar. Los propios vendedores advierten que los precios podrían seguir subiendo si disminuye el ingreso del recurso en los próximos días. Es decir, no solo hay descontrol, sino también una expectativa de incremento que se traslada al consumidor final.

La falta de intervención oportuna evidencia una debilidad en la gestión del recurso. No basta con establecer vedas si no se garantiza un mercado ordenado al término de estas. La protección del camarón debe ir de la mano con políticas que aseguren su acceso razonable a la población.

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