Las abejas sostienen la vida y hoy enfrentan amenazas creadas por el hombre

Apicultores arequipeños alertan sobre el impacto de los químicos y la pérdida de áreas verdes en la supervivencia de estos insectos

Por: Daniela Nickole Santander

Cada 20 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Abeja, una efeméride ambiental crucial para recordar que estos insectos son los grandes motores que sostienen la biodiversidad y la seguridad alimentaria de nuestro planeta.Los pequeños guardianes de la vida, aquellos diminutos guerreros que cada vez vemos menos sobrevolando jardines, flores y campos, sostienen silenciosamente el equilibrio de nuestro planeta.

Aunque muchas veces pasan desapercibidas o generan temor injustificado, las abejas cumplen una labor vital para la supervivencia humana y de miles de ecosistemas. Al trasladar el polen de flor en flor, las abejas hacen posible la reproducción de innumerables plantas y cultivos esenciales, garantizando la formación de los frutos y semillas de alta calidad que llegan diariamente a nuestras mesas. Su desaparición significaría un desequilibrio ecológico devastador, además de desencadenar una crisis alimentaria a nivel global, un panorama que en el Perú adquiere un matiz especial gracias al rol de especies nativas como las abejas sin aguijón o meliponas, reconocidas en la Amazonía por su incalculable valor medicinal y su capacidad para regenerar los bosques.

Detrás de este equilibrio ambiental se encuentra la labor de los apicultores locales, quienes entienden de primera mano que las abejas son verdaderas maestras de la organización y la constancia. Un ejemplo de este compromiso es la historia de Mishky Tayta, un proyecto familiar que nació de manera independiente en 1994 con una sola colmena y el sueño del zootecnista Marco Antonio Lazarte Cervantes. A lo largo de las décadas, y junto al esfuerzo incondicional de su esposa en la gestión comercial, este emprendimiento creció hasta manejar más de trescientas colmenas, transmitiendo de manera natural a sus tres hijos el respeto por los ciclos de la naturaleza.

Hoy, tras el reciente fallecimiento de su padre, los hermanos Lazarte Hinojosa continúan con orgullo este legado en la producción de miel, polen, propóleo y jalea real, asumiendo la apicultura más allá de un negocio, una herencia viva y una forma de entender el mundo.

La convivencia diaria con estas colonias altamente organizadas ofrece lecciones profundas sobre el valor del trabajo colectivo, donde reinas, obreras, cuidadoras y exploradoras cumplen funciones específicas y articuladas para el bienestar común. Sin embargo, esta noble labor enfrenta severas amenazas que ponen en riesgo la supervivencia de los polinizadores y la calidad de lo que consumimos como sociedad. La acelerada expansión urbana está destruyendo las áreas verdes y los espacios de floración natural, limitando el hábitat donde las abejas pueden alimentarse. A esto se suma el uso indiscriminado de pesticidas e insecticidas en la agricultura masiva que, en el afán de cumplir con la alta demanda del mercado actual, extermina colmenas enteras, y además deja residuos químicos perjudiciales en la tierra y en el organismo de los propios seres humanos.

Ante esta problemática, los productores locales hacen un llamado urgente a frenar la lógica del consumo rápido y apostar por una mayor educación ciudadana respecto a los procesos naturales. Un claro ejemplo de esta falta de información ocurre con la miel de abeja pura, un producto cuya naturaleza es ser líquida al inicio pero que tiende a cristalizarse con el tiempo como un mecanismo natural de autoconservación. La población suele desconocer que este proceso, lejos de ser un defecto, es el principal indicador de autenticidad y pureza de una miel que varía en tonalidades claras u oscuras según provenga de la flora de la costa, la sierra o la selva. Aprender a valorar estas variaciones estacionales y optar por comprar directamente a productores de nuestra región es el primer paso para proteger la sostenibilidad de nuestro entorno.

Finalmente, este Día de la Abeja nos invita a derribar mitos, perder el miedo injustificado y entender que estos insectos jamás atacan por agresión , lo hacen únicamente para defender su colmena en un acto que les cuesta la vida. Desde nuestros hogares podemos contribuir significativamente a su supervivencia sembrando flores de tonos amarillos, azules o morados como la lavanda, el romero, el tomillo, el girasol o la malva, que sirven de oasis alimenticios incluso en entornos urbanos. Asimismo, gestos tan sencillos como colocar pequeñas piedras en recipientes con agua para ayudar a una abeja cansada a beber sin ahogarse marcan una diferencia enorme.

Al mirarlas como aliadas y convivir con ellas desde el respeto, de esa manera honramos el esfuerzo de las familias apicultoras, y aseguramos la permanencia de los grandes guerreros que sostienen la vida en la Tierra.

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