Arequipa crece, pero el desafío es sostener el impulso

Por: Carlos Meneses

El momento económico actual representa una oportunidad que no debería desaprovecharse. Arequipa tiene capacidad para consolidarse como uno de los principales polos productivos del país, pero para lograrlo necesita visión de largo plazo, liderazgo político y una articulación real entre Estado, empresa y ciudadanía. El crecimiento exportador es una buena noticia. Hacer que ese crecimiento se traduzca en bienestar duradero será la verdadera prueba.

El crecimiento de las exportaciones peruanas durante el primer trimestre de 2026 confirma que el país atraviesa un momento favorable impulsado por la minería y el agro. Sin embargo, más allá de las cifras alentadoras, el verdadero reto sigue siendo convertir este auge económico en desarrollo sostenido, descentralizado y con impacto directo en la calidad de vida de la población. Y en ese escenario, Arequipa aparece hoy como uno de los principales ejemplos del potencial que puede alcanzar una región cuando logra dinamizar su economía.

La región registró un crecimiento exportador de 73.2 %, ubicándose entre las de mejor desempeño del país. La expansión minera, favorecida por el incremento del precio internacional del cobre y el oro, explica buena parte de este avance. Pero Arequipa también refleja el empuje de actividades complementarias vinculadas al comercio, transporte, servicios y agroexportación, sectores que generan empleo y movimiento económico.

No obstante, el crecimiento por sí solo no garantiza bienestar permanente. La experiencia peruana demuestra que los ciclos de bonanza suelen ser temporales cuando no vienen acompañados de planificación, infraestructura y fortalecimiento institucional. Hoy Arequipa exporta más, pero aún enfrenta problemas estructurales que amenazan con frenar ese impulso.

La región sigue arrastrando serias deficiencias en conectividad vial, congestionamiento urbano, informalidad laboral y déficit de infraestructura hídrica. Proyectos estratégicos avanzan lentamente o permanecen estancados por conflictos políticos, trabas administrativas o falta de capacidad de gestión. El caso de Majes-Siguas II es quizá el ejemplo más evidente de una oportunidad retrasada durante años pese a su enorme potencial para ampliar la frontera agrícola y multiplicar las exportaciones.

A ello se suma otro problema silencioso: el crecimiento económico no siempre llega acompañado de mejoras en servicios públicos esenciales. Mientras aumentan las exportaciones, Arequipa continúa enfrentando limitaciones en seguridad ciudadana, salud pública, educación y ordenamiento urbano. Una economía regional fuerte necesita también instituciones sólidas y ciudades funcionales.

Por ello, el desafío no es únicamente crecer más, sino crecer mejor. Arequipa requiere convertir los ingresos generados por la actividad exportadora en inversión pública eficiente, infraestructura moderna y capital humano competitivo. La minería, el agro y el comercio exterior pueden seguir siendo motores fundamentales, pero el desarrollo sostenido exige diversificación productiva, innovación y reglas claras que den estabilidad a las inversiones.

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