«Dislocación Temporal”: Giancarlo Melgar convierte el tiempo en una experiencia visual
La propuesta usa cuerpos, paisajes y relojes para representar la memoria, el presente y el cambio constante
Por: Daniela Nickole Santander
Durante todo el mes de mayo, la exposición individual “Dislocación Temporal” del artista Giancarlo Melgar propone una profunda reflexión sobre la naturaleza inefable y abstracta del tiempo. La muestra visual que se presenta en las salas del Centro Cultural UNSA, ubicadas en la calle Santa Catalina 101, desafía las lógicas de producción y consumo de la rutina diaria para confrontar al espectador con su propia existencia.
A través de una rigurosa selección de dibujos y piezas audiovisuales, Melgar ofrece una respuesta artística a las interrogantes más complejas sobre la temporalidad y la subjetividad humana. La inquietud de Melgar por el tiempo no es reciente, pero encontró su punto de quiebre en el año 2021 durante la creación del EP debut de su banda musical, Earthwomb. Fue la recomendación del texto Ritmos del paisaje, del autor peruano Mariano Ibérico, lo que transformó su perspectiva.
«La sección de pensamientos diferidos me impresionó mucho por lo visual que es para describir las características del tiempo… tomando como referencia el paisaje y los hitos de la vida del ser humano», detalla el artista, cuya influencia se sumó a la de autores internacionales y vivencias personales para dar vida al proyecto.
Tras experimentar entre errores y obras destruidas, el primer antecedente directo de este marco conceptual se exhibió en 2025 en el Centro Cultural Casablanca bajo el título Indivisible Instantaneidad. Este recorrido de experimentación sentó las bases metodológicas de su actual exhibición.
Dentro de la muestra, el público podrá identificar un uso recurrente y conectado del cuerpo y el paisaje. Melgar explora el contraste entre el aspecto aparentemente eterno e inmutable de una montaña frente a la fragilidad de la existencia humana, ambos atravesados por un flujo invisible y en constante reconfiguración interna. Asimismo, la anatomía de los personajes es atravesada por círculos y doce líneas, elementos que hacen una referencia directa a la estructura básica de un reloj y a la medición cronológica.

En el aspecto técnico, Melgar recurre al dibujo, su principal motor creativo desde la infancia, empleando lápices blancos sobre cartulina o papel negro. Su propuesta huye de la mímesis de la realidad, apostando por imágenes con una carga etérea o espectral que difumina las estructuras. Además, la exposición cuenta con una sección especial de cuatro piezas audiovisuales desarrolladas en colaboración con los artistas sonoros, Dan Yépez Nahun Saldaña y Jorge Girio quienes interpretaron a través del sonido sus propias visiones sobre el pasado, presente y futuro.

Melgar busca posicionar al visitante en un lugar incómodo que lo enfrente a la abstracción del tiempo. Tomar conciencia de que habitamos junto a un «organismo invisible incontrolable» que no podemos explicar plenamente genera una sensación de inestabilidad que el artista intenta plasmar mediante la imposibilidad del propio lenguaje plástico.

Al ser cuestionado sobre si el arte posee la capacidad de transformar nuestra percepción temporal y existencial, Giancarlo Melgar se muestra consciente de las limitaciones del espacio simbólico para generar cambios radicales. Sin embargo, mantiene una profunda aspiración humanista para quienes crucen las puertas del Centro Cultural UNSA este mes.
«Al menos espero que cada visitante pueda detenerse un momento de su rutina diaria al ingresar a la sala y, en ese pequeño hiato de tiempo, reflexione sobre lo que significa el valor de su tiempo más allá de su operatividad dentro de las lógicas de producción y consumo». concluye Melgar
