Minería, oportunidad y responsabilidad

Por: Carlos Meneses

La minería seguirá siendo fundamental para el futuro económico del Perú. Pero su verdadero éxito no se medirá únicamente en millones de dólares invertidos o toneladas exportadas, sino en su capacidad para generar bienestar, reducir desigualdades y construir un desarrollo sostenible para las regiones que hacen posible esta riqueza.

La nueva Cartera de Proyectos de Inversión Minera 2026 presentada por el Ministerio de Energía y Minas constituye una señal clara de que el Perú continúa siendo uno de los destinos más atractivos para la inversión minera en el mundo. Los más de 64 mil millones de dólares comprometidos en 66 proyectos distribuidos en 19 regiones reflejan no solo la riqueza geológica del país, sino también la confianza de los inversionistas en el potencial de desarrollo que ofrece este sector estratégico.

La minería ha sido, durante décadas, uno de los principales motores de la economía peruana. Su aporte a las exportaciones, la generación de empleo y la recaudación fiscal ha permitido sostener importantes programas de inversión pública y contribuir al crecimiento económico nacional. En ese contexto, resulta alentador que la cartera minera continúe expandiéndose, especialmente en un escenario global donde minerales como el cobre y el molibdeno adquieren una importancia creciente para la transición energética y las nuevas tecnologías.

Arequipa ocupa un lugar privilegiado dentro de esta realidad. La región se ha consolidado como una de las mayores productoras de minerales del país y concentra proyectos de gran relevancia, como Tía María y Zafranal, además de operaciones de talla mundial como Cerro Verde. Estas iniciativas representan una oportunidad para fortalecer la economía regional, generar empleo de calidad y aumentar los recursos que reciben los gobiernos locales y regionales mediante el canon y las regalías mineras.

Sin embargo, la experiencia demuestra que las grandes inversiones, por sí solas, no garantizan desarrollo. A pesar de los importantes recursos transferidos durante los últimos años, muchas localidades continúan enfrentando carencias en infraestructura, salud, educación y servicios básicos. La brecha entre la riqueza que genera la minería y los beneficios percibidos por la población sigue siendo una de las principales fuentes de cuestionamiento y descontento social.

Por ello, el desafío no consiste únicamente en atraer más inversiones, sino en asegurar que estas se desarrollen bajo principios de sostenibilidad y responsabilidad. La minería moderna debe ser capaz de coexistir con otras actividades productivas, respetar el medio ambiente, garantizar una gestión eficiente del agua y mantener un diálogo permanente con las comunidades involucradas. La licencia social resulta tan importante como cualquier autorización técnica o administrativa.

Asimismo, corresponde a las autoridades mejorar la capacidad de ejecución de los recursos provenientes de la actividad minera. La población espera que el canon se traduzca en carreteras, hospitales, colegios y proyectos que mejoren efectivamente su calidad de vida.

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