Más de 6 años de paralizaciones y la obra del colegio La Colina sin fecha de entrega

Por Jorge Turpo R.

La nueva infraestructura educativa costará 17 millones de soles e incluye laboratorios, talleres, biblioteca y áreas deportivas. El poco avance en la ejecución genera preocupación entre padres de familia y docentes, que exigen acelerar los trabajos para evitar nuevos retrasos.

PROYECTOS INTERMINABLES

En el distrito de Majes – El Pedregal, la construcción del nuevo colegio Técnico Agropecuario La Colina parece una carrera de postas interminable. En más de seis años, la obra ha pasado por las manos de un alcalde provincial y tres gobernadores regionales sin llegar todavía a su meta. Mientras las autoridades cambiaban, los estudiantes seguían esperando.

La institución educativa no es cualquier colegio. Es uno de los más antiguos de El Pedregal, con más de 80 años de historia y una profunda conexión con el desarrollo agrícola de la zona. Por sus aulas han pasado generaciones de jóvenes que luego encontraron en el campo una forma de vida.

La apuesta por una educación técnica agropecuaria buscaba precisamente fortalecer esa vocación productiva desde la escuela, formando estudiantes con conocimientos en cultivos como papa, maíz, lechuga orgánica y otros productos característicos de la actividad agrícola local.

Sin embargo, desde el 2020, más de 500 escolares han tenido que convivir con la incertidumbre. Ese año comenzaron los trabajos de construcción de la nueva infraestructura educativa, pero el proyecto pronto quedó atrapado en una cadena de retrasos, promesas incumplidas y cambios de gestión.

La obra fue iniciada durante la administración del entonces alcalde provincial de Caylloma, Álvaro Cáceres Llica. Poco después quedó paralizada y el Gobierno Regional de Arequipa anunció que asumiría la ejecución de los trabajos. La gestión estaba encabezada por Elmer Cáceres Llica, hermano del exalcalde.

Cuando se planificaba retomar la obra, Elmer Cáceres, fue enviado a prisión por un presunto caso de corrupción y todo quedó frustrado.

La siguiente administración regional, liderada por Kimmerlee Gutiérrez, tampoco logró reactivar el proyecto pese a los constantes reclamos de padres de familia, docentes y estudiantes.

Durante esos años, las protestas se hicieron frecuentes. La comunidad educativa veía cómo las estructuras inconclusas se deterioraban mientras los alumnos seguían estudiando en condiciones precarias.

Las imágenes del abandono se volvieron cotidianas. Las aulas que llegaron a construirse permanecieron sin puertas ni ventanas. Con el paso del tiempo, los ambientes terminaron convertidos en refugio de palomas. Lo que debía ser una moderna infraestructura educativa se transformó en un símbolo de la desidia estatal.

Mientras tanto, los estudiantes continuaban recibiendo clases en aulas prefabricadas, muchas veces insuficientes para albergar adecuadamente a toda la población escolar. El hacinamiento y las limitaciones de infraestructura afectaron directamente el proceso educativo de cientos de jóvenes.

La situación parecía no tener salida hasta que, en julio de 2025, la actual gestión regional encabezada por Rohel Sánchez anunció el reinicio de la obra.

El proyecto recibió una inversión de 17 millones de soles y fue adjudicado al Consorcio Era bajo la modalidad de contrata.

El plazo establecido fue de 14 meses, por lo que la culminación debía producirse en septiembre de este año.

La noticia generó esperanza entre los padres de familia y docentes. Por primera vez en varios años existía una fecha concreta para dejar atrás las aulas temporales y acceder a una infraestructura moderna.

No obstante, esa expectativa comienza nuevamente a verse amenazada.

Según información oficial difundida por el Gobierno Regional de Arequipa, el avance físico de la obra alcanza apenas el 32 %.

El proyecto contempla la construcción de nuevos pabellones de aulas, laboratorios, biblioteca, talleres de cocina, arte y confección textil, además de ambientes administrativos, una losa multideportiva, patio de honor techado, rampas de acceso y la culminación de trabajos inconclusos correspondientes al módulo inicial.

La preocupación surge porque el porcentaje de avance registrado parece insuficiente para cumplir con los plazos anunciados. A pocos meses de la fecha prevista para la entrega, la ejecución todavía tiene un largo camino por recorrer.

El temor de la comunidad educativa no es infundado. La experiencia les ha enseñado que cuando una obra pública no concluye dentro de una gestión, corre el riesgo de quedar nuevamente atrapada entre trámites, presupuestos y prioridades políticas.

El calendario juega en contra. En enero de 2027 asumirá una nueva administración regional. Por ello, padres de familia, docentes y estudiantes exigen que el gobernador Rohel Sánchez acelere la ejecución de los trabajos y garantice la culminación de la obra antes de finalizar su mandato. No quieren volver a empezar de cero ni escuchar nuevas promesas.

Después de más de seis años de espera, la construcción del colegio Técnico Agropecuario La Colina se ha convertido en algo más que una obra pública. Es una prueba de la capacidad del Estado para cumplir con una comunidad que ha esperado demasiado. Cada mes de retraso no solo posterga la entrega de un edificio; también prolonga la deuda con cientos de estudiantes que merecen aprender en condiciones dignas.

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