LA MUSICA SACRA EN AREQUIPA: UN LEGADO QUE PERDURA

Por Julio Lopera Quintanilla.(*)

La Música Sagrada o Sacra es un género musical que nos eleva hasta el metafísico plano de la Esencia Primera. El término hace referencia a las melodías y composiciones musicales que trasladan al ser humano al universo celeste de los serafines y los querubines,  y también, a la música  que se canta, toca e interpreta para alabar al creador dentro del contexto de la celebración litúrgica ordinaria y extraordinaria.

Este género musical, conecta al creyente con los coros angélicos, con la fe y los valores de la religión y la iglesia que fundó Jesús de Nazaret. Es un tesoro musical de la cultura cristiana que se inició en los albores del cristianismo y tiene sus orígenes en la cantilación que entonaban los judíos en las sinagogas del antiguo Israel.

La música sacra, incluye bellas composiciones que se cantan a capela y otras que se acompañan con  instrumentos musicales. Esta música sublime, fue, en su proceso evolutivo tomando diversas formas, como los cantos en latín y los neumas o escritos musicales que sirvieron y sirven de indicaciones para la interpretación de cantos gregorianos.

En los lejanos tiempos de la iglesia paleocristiana (ss. I y VI d C) se entonaba el himno Phos Hilarón (Luz alegre) una hermosa composición que forma parte de las vísperas (oración de la tarde) San Basilio, el Magno, Obispo de Cesárea, canonizado por la Iglesia Católica Romana, se refería a este himno como: “el Viejo Himno”

En la Antigüedad Tardía, destacan en el marco de la música sacra los himnos Aesterne rerum Conditor, Deus Creator Omnium, Lam surgit hora teertia y el Veni Redemtor Gentium que San Ambrosio (374 -397 d C), el viejo obispo de Milán, compuso introduciendo el canto y la poesía para instruir a los fieles y combatir la herejía de Arrió, religioso que sostenía que Jesucristo fue creado por Dios Padre. Estas y otras creaciones musicales, desde esta época, se adecuaron al contexto de lo que sería el ritual romano.

Entre el siglo IX y el X, nació el canto gregoriano, que, según la opinión de varios  musicólogos, tiene sus origen en una combinación del canto gallego con  el canto romano que dió origen a la música carolingia, fue, el propio Carlo Magno, primero  rey de los Francos y luego cabeza del Imperio Carolingio, quien extendió este tipo de música por todo el territorio europeo; la creación de estas composiciones musicales se afianzó,  también, con el apoyo de los  emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico[WU1] .

En las catedrales de la vieja Europa, aparecieron en el medioevo varias tradiciones musicales con características estéticas, técnicas y musicales específicas que se insertaron en los diferentes contextos históricos y culturales en los que surgieron  y se desarrollaron.  Entre estas antiguas tradiciones resaltan el canto vetero – romano de la primitiva iglesia de Roma, el galicano de Francia, el mozárabe de España,el ambrosiano de Milán, el benvetano de Benveneto. 

Ya en el siglo XII, el Canto Gregoriano, género de música vocal y religiosa, se entona en latín con una sola línea monódica y al unísono, sin acompañamiento instrumental. Este canto remplazó a todos los cantos o estilos musicales que se cantaban en las catedrales, menos al canto mozárabe que, aún, se cantaba en muchas capillas de España.

En los tiempos medievales, estas hermosas  melodías eran cantadas en las catedrales europeas durante la celebración litúrgica por hombres, y por coros de niños que se estaban formando para ser presbíteros. Lamentablemente, en la mayoría de casos, solo se conservan los textos, pero no la música.

Grandes genios de la Música nos han legado composiciones de inigualable belleza que se realizaron entre el siglo XVI al siglo y XIX, que pertenecen a este género: “El Magníficat” de Bach, “El Mesías” de Haendel,  “El Stabat Mater” de Pergolesi, “El Réquiem” de Mozart, “La Misa Solemnis” de Beethoven, “Él Te Deum” de Berlioz, entre otras grandes obras que han llenado las páginas más brillantes de la Historia de la Música Sacra y de la Historia de la Música Universal.

La música sacra, se desarrolló en Hispanoamérica en la Época Virreinal (ss. XVI al XIX) como un medio que sirvió para trasmitir los  evangelios de Jesucristo y los principios de la doctrina católica. Eran los días, en que flameaba en Lima, “La Ciudad de los Reyes”, y en todo el  Perú, la bandera con la Cruz de Borgoña, emblema – en ese entonces – de la Madre Patria, en que tenía lugar un momento de gran importancia para la Historia de la Música Hispanoamericana, una época dorada en la que entusiastas maestros de capilla de las ciudades de Lima y México y de diversas ciudades que los españoles fundaron en América se dieron a la tarea de unir elementos musicales de culturas diferentes fundiendo en un crisol componentes de la polifonía de Europa con composiciones corales locales creando hermosas composiciones barrocas estrechamente vinculadas a la liturgia.

Una obra musical que marcó un antes y un después en la Historia Musical de América es la primera sinfonía del nuevo mundo, el famoso himno Hanacpachap Cussicuinin (Alegría del Cielo) una  composición religiosa en quechua que se creó en honor a la Virgen María cuyo autor es el sacerdote español Juan Pérez Bocanegra. Fue publicado en Lima en 1631.

Dos figuras que tendrán un papel de importancia en la música sacra en las tierras de nuestro país son el sacerdote peruano José Orejón y Aparicio  y el maestro  español Juan de Araujo por las obras musicales con las que enriquecieron el patrimonio musical del periodo barroco.

El sacerdote José Orejón y Aparicio (Huacho, 1695 – Lima, 1706) es considerado el principal compositor del barroco peruano  y un buen organista peruano que introdujo en el Perú el estilo Barroco Tardío Italiano. Habiendo sido organista de la Catedral de Panamá fue llevado a Lima como Maestro de Capilla de la Catedral  por el  Virrey Manuel de Omms y Santa Pau. Entre sus obras más representativas destaca el Villancico ¡Ah del gozo!” y “La pasión según San Juan”

Juan de Araujo (Villafranca de Bierzo, España, 1646 – La Plata, 1712) fue un músico y compositor del Barroco Virreinal que se desempeñó como Maestro de Capilla de la catedral de Lima desde 1672 hasta 1676. Fue trasferido después a la Real Audiencia de Charcas, a la ciudad de la Paz donde laboró durante 30 años. Compuso “los cófrades de la estrella” y “Negritos a la navidad del señor”

En el Perú, destacó también, Melchor Tapia (1755 – 1818) reconocido compositor y primer organista de la Catedral de Lima que jugó un papel importante en la transición del Barroco al Clasicismo en Hispanoamérica. Compuso “La Pasión según San Lucas” y “La Misa de Santo Toribio”  

En  los tiempos contemporáneos han destacado en el  Perú  notables  compositores como José Federico Quezada Maquiavello un  musicólogo, compositor, director de coros e investigador  qué jugó un papel de gran importancia en la recuperación del patrimonio musical virreinal.

En Arequipa, también,  han destacado figuras muy reconocidas de la composición como Cayetano Rodríguez (1739 – 1808) en el siglo XVIII, Pedro Ximénez  de Abril y Tirado (1784-1856) quien por su extraordinario repertorio está considerado uno de los compositores más grandes de Sudamérica, Lorenzo Rojas (1840 -1865) quien destaca por su producción musical sacra y sinfónica, José María Arrisueño (1848- 1909) famoso por sus solmenes misas.

En la actualidad, la tradición de la música sacra en Arequipa se mantiene viva gracias a la labor del Coro de Niños San Rafael Arcángel de la Catedral, dirigido por Pilar Lopera Quintanilla. Esta agrupación fundada por el Arzobispo de Arequipa, Monseñor Javier del Rio Alba, está compuesta por 65 voces blancas. Desde su creación, el coro se ha convertido en un referente de la formación coral infantil y de la difusión del patrimonio musical sacro de la ciudad. Participa en las solemnidades más importantes del calendario litúrgico, como las festividades de San Pedro y San Pablo y la Misa de Nochebuena, contribuyendo con su canto a realzar la belleza y el sentido espiritual de las celebraciones. Asimismo, ofrece durante el año conciertos de música sacra que acercan al público un amplio repertorio de distintas épocas y estilos, interpretando obras en latín, español y otras lenguas. Su labor no solo fortalece la vida litúrgica de la catedral, sino que también promueve la formación artística y humana de los niños, asegurando la continuidad de una tradición musical que constituye parte esencial del patrimonio cultural y religioso de nuestra ciudad.

Debemos también recordar que las interpretaciones de este coro son acompañadas por el histórico órgano Loret de la catedral, el instrumento de mayor valor patrimonial de Arequipa y que constituye el corazón sonoro de las grandes celebraciones en el templo.   

 

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