El ordenamiento de la ciudad involucra responder necesidades reales de la gente
Por: Daniela Nickole Santander
El Centro Histórico de Arequipa atraviesa una metamorfosis silenciosa que preocupa a los especialistas en desarrollo urbano. Históricamente, el corazón de la ciudad colonial congregó las principales funciones residenciales, políticas y culturales de la región. Sin embargo, la actual proliferación de actividades económicas terciarias y de servicios ha transformado este espacio en un imán de flujos vehiculares que desplaza paulatinamente a sus habitantes tradicionales. De acuerdo con los diagnósticos del Instituto Municipal de Planeamiento (IMPLA), el área metropolitana ya supera las 500 mil unidades vehiculares, provocando que el Cercado corra el riesgo de convertirse en un cascarón turístico desprovisto de su esencia más importante: su comunidad.
La arquitecta y urbanista María Alejandra Calcina explicó que el Centro Histórico debe entenderse bajo el concepto de patrimonio cultural vivo. Esta acepción implica que el valor real de la zona monumental radica en las prácticas sociales que la población realiza cotidianamente en el territorio. «Significa que todas las prácticas culturales, sociales, que justamente se han materializado en la infraestructura, en los edificios que nosotros vemos en el Centro Histórico, son parte importante de este valor», precisó la especialista, enfatizando que la riqueza de Arequipa se sostiene en la interacción humana diaria.

María Alejandra Calcina.
Un ejemplo claro de conservación social en el centro se encuentra en los conjuntos vecinales donde la mayoría de familias mantenían una activa dinámica comunitaria y organizan festividades comunes. Es precisamente en esas reuniones donde se enriquece la ciudad como una verdadera comunidad. Al respecto, la experta advierte que la vivienda colectiva moderna suele limitarse a acumular departamentos de manera vertical, olvidando la necesidad de diseñar áreas de encuentro vecinal. «Actualmente, la falta en cantidad en metros cuadrados de espacios colectivos y la calidad de estos ha contribuido a que haya tanta polarización, las personas generalmente o evitan el conflicto o no están dispuestas a dialogar», argumentó Calcina.
Frente a esta problemática de aislamiento, los proyectos de pacificación de vías surgen como una alternativa indispensable para devolverle la escala humana al centro monumental. La peatonalización trae consigo beneficios ecológicos notables, al mismo tiempo que genera impactos económicos altamente positivos. El precedente de la calle Mercaderes a inicios de siglo demuestra que, tras la ejecución del proyecto, las ventas y los beneficios financieros de los comercios fueron considerablemente mayores respecto a las épocas de libre tránsito vehicular. Caminar por la ciudad dinamiza la economía local, democratiza el uso del suelo y permite que el peatón recupere el protagonismo frente al automóvil.
Actualmente, el recientemente aprobado Plan Maestro del Centro Histórico de Arequipa y Zona de Amortiguamiento al 2035 (PLAMCHA) contempla la intervención progresiva de calles neurálgicas a corto, mediano y largo plazo. Vías emblemáticas como San Camilo, Tristán, Jerusalén-San Juan de Dios y la propia adecuación peatonal de la avenida La Marina forman parte de esta cartera técnica. No obstante, para que esta transición sea exitosa en zonas críticamente congestionadas como los alrededores del mercado San Camilo, cerrar calles al tránsito motorizado exige implementar de manera simultánea un sistema de transporte público masivo y eficiente que facilite el acceso de los usuarios al núcleo urbano.
VEHÍCULOS Y PEATONES
La tugurización del Cercado se ha visto severamente agravada por un flujo que supera los 65 mil vehículos diarios que ingresan al casco histórico, según reportes de la Gerencia de Transportes. De este preocupante volumen, estimaciones técnicas advierten que en las horas punta circulan cerca de 20 mil unidades en simultáneo, donde ocho de cada diez vehículos corresponden al servicio de taxis; muchos de ellos vinculados a aplicaciones digitales independientes que operan al margen de las certificaciones municipales. Esta saturación eleva los índices de contaminación acústica y ambiental, deteriorando el vecindario e impactando en la calidad de aire.
Esta excesiva concentración de vehículos responde a un fenómeno crítico en la provincia: la falta de centros recreativos y culturales descentralizados en las periferias. «En ese sentido, el centro también se ha constituido como este espacio de reunión, y colectiviza no solamente a personas en edad de trabajo, sino también a estudiantes y también a jóvenes que quieren distraerse», detalló Calcina Cáceres. Al carecer de espacios públicos alternativos en sus distritos de origen, los habitantes de toda la metrópoli se ven obligados a movilizarse hacia el núcleo urbano, generando una población flotante masiva que satura los servicios del Cercado.
El desafío técnico local no radica en la falta de planes documentados, debido a que la municipalidad cuenta con diversos instrumentos de planificación técnica aprobados tras años de debate. La verdadera deficiencia se encuentra en la ausencia de mecanismos de gestión pública eficaces que permitan materializar los proyectos en cartera. Por esta razón, la especialista saluda el interés de la gestión del arquitecto Julio C. Azpilcueta en priorizar el diseño de instrumentos administrativos que viabilicen las obras del PLAMCHA, evitando que las propuestas queden archivadas como simples intenciones institucionales.

La planificación sostenible del territorio requiere una mirada multidisciplinaria que involucre de forma activa a la organización ciudadana. Cada gran infraestructura comercial o inmobiliaria que se pretenda edificar en la ciudad debe contar con estudios rigurosos de impacto ambiental, paisajístico y de transitabilidad, evitando embotellamientos severos como los observados cotidianamente en la avenida Ejército. Convocar a mesas técnicas compuestas por arquitectos, ingenieros, biólogos y representantes de la sociedad civil organizada es la única garantía para asegurar que el crecimiento de Arequipa responda a las necesidades reales de su gente.
