Puente inconcluso y puente peatonal son monumentos al despilfarro en Arequipa
Por Jorge Turpo Rivas

Varias autoridades se quejan del escaso presupuesto, pero su gasto en inversión es lento y algunas veces obsoleto porque el dinero termina en obras que no reducen la pobreza ni mejoran los servicios de la ciudad. ¿Por qué usamos tan mal el dinero del canon y regalías mineras?

NO MÁS OBRAS INÚTILES EN UN PAÍS POBRE

El puente está ahí, tendido sobre el río Chili, pero no va a ninguna parte. Es como un meteorito de concreto caído del cielo y expuesto para siempre como un monumento a la inutilidad. Hasta nombre le pusieron antes de dejarlo inconcluso.

Como los viejos puentes que cruzan el río Chili ya tenían nombres de héroes: Bolognesi y Grau, a éste decidieron dedicarlo a los Héroes del Cenepa.

Un mal homenaje a nuestros héroes. Sería mejor llamarlo puente Roger Cáceres Pérez, en recuerdo al alcalde provincial que lo dejó a medio construir por una orden judicial.

El puente se planificó sin tener en cuenta las advertencias de que afectaría una zona intangible de la campiña arequipeña, ese conjunto de campos de cultivo que son el pulmón de la ciudad y que también sirvieron para que a la ciudad le otorguen el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad.

A Cáceres Pérez se le ocurrió hacer un nuevo puente que una la prolongación de la avenida La Marina y la Variante de Uchumayo, pero no le importó que la obra sea una puerta abierta a la depredación de la campiña.

Un grupo de vecinos se unió y formuló una denuncia ambiental, fue la primera de ese tipo en Arequipa, y quedó consentida en una sentencia que paralizó el proyecto en 1998. La sentencia es un precedente histórico en la defensa del ambiente en el país.

Pero el puente sí se construyó. Son unos 80 metros de estructura armada que han quedado sobre el río Chili sin ningún destino.

El arquitecto, Mario Calderón, exgerente regional de Infraestructura, estima que en ese puente inconcluso se debe haber gastado unos ocho millones de soles.

En cada campaña electoral, la mayoría de candidatos promete terminarlo, pero quienes resultan elegidos pronto se dan cuenta de que el impedimento legal hará imposible su promesa.

Le acaba de ocurrir al actual alcalde provincial, Víctor Hugo Rivera. Muy entusiasta, a inicios de año, anunció que acabaría el puente, pero a los pocos meses sus funcionarios salieron a reconocer que es más complicado de lo que pensaban por la sentencia judicial que declara intangible el lugar.

“Este puente no sirve ni como mirador. Así botamos la plata habiendo tantas necesidades, allá abajo, en Vallecito, se necesita un muro de contención para que no se desborde el río en tiempo de lluvias, ahí debieron poner esa plata”, dice Antonio Obando, un taxista que llegó a la zona a lavar su auto.  

En uno de los lados del puente, frente al colegio Juana Cervantes, hay lavaderos de autos, academias de manejo y algunos indigentes han tomado el lugar. Del otro lado, todavía hay campos de cultivo.

PUENTE PEATONAL   

Otra obra, más reciente, pero igual de inútil, está en la intersección de prolongación Avelino Cáceres con la avenida Dolores en Bustamante y Rivero. Es un puente peatonal en forma de rotonda que pocos o nadie usa por lo empinado de sus escaleras y porque no tiene rampas de acceso para adultos mayores o personas con discapacidad.

Iba a ser el primer puente peatonal del Perú con cuatro ascensores. Así estaba planificado en el expediente técnico inicial. Ya casi cuando acababa la obra, en 2016, el exalcalde provincial, Alfredo Zegarra Tejada, y sus funcionarios, se dieron cuenta del despropósito y cambiaron los ascensores por escaleras.

Colocar ascensores implicaba un gasto permanente en energía eléctrica, además del constante mantenimiento que tendrían que recibir y personal que los opere para evitar robos y averías.

Alfredo Zegarra quería colocar ascensores en un puente peatonal cuando hay escuelas que se quedan sin servicio eléctrico por falta de pago.

Todo el intercambio vial costó 30 millones de soles y se hizo con recursos del canon y regalías mineras.

Como a último momento se cambió el expediente del puente peatonal, no se consideró instalar rampas de acceso.

“Yo no puedo subir tantas gradas, por eso cruzo por abajo. Este puente no nos ayuda, será para los jovencitos, aunque ellos también prefieren cruzar por abajo”, nos dice Sara Gordillo, una vecina que pasa todos los días por el lugar.

Algunos vecinos le han encontrado otra utilidad al puente: todas las mañanas salen a trotar sobre la estructura de concreto.

El exalcalde Zegarra, antes de dejar el cargo, reconoció que ese puente peatonal era un despropósito, pero ya estaba construido. “Tienes razón, se debió hacer un puente más amigable, en adelante no haremos ninguno de ese tipo en los siguientes intercambios viales”, me dijo en una entrevista.

POR GASTAMOS MAL

Mario Calderón, ex gerente regional de Infraestructura, sostiene que las autoridades no invierten bien los recursos porque no cuentan o no hacen caso al Plan de Desarrollo Concertado donde se establecen las prioridades de obras.

“Son documentos de gestión que sirven para planificar, pero aparece cada alcalde que se cree arquitecto y luego aparecen arquitectos que se creen iluminados y dicen: vamos a hacer esto y nadie les dice ‘no’, ahí parte toda la mala inversión”, comentó.

Agrega que el único interés de muchas autoridades es gastar por gastar. “Y no lo hace una sola persona porque cada obra, desde que se diseña el perfil, pasa por arquitectos, ingenieros y otros profesionales, pero el afán está en gastar porque deja algún rédito y recién aceptan que es un despropósito cuando ya se hizo la obra”, refiere.

El poco presupuesto para ejecutar proyectos que reduzcan las brechas, nos deja la conclusión de que no necesitamos más obras inútiles en un país pobre.

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