La democracia no acaba en las urnas, se ejerce cada día
Tras las elecciones, el rol ciudadano continúa con vigilancia, participación y fiscalización
Por: Daniela Nickole Santander
No hace mucho salimos de las urnas ejerciendo nuestro derecho al voto, siendo parte de la democracia del país, sin embargo, la jornada electoral suele percibirse como el punto final de una responsabilidad civil, una cita que se repite cada pocos años y que libera al ciudadano de sus obligaciones una vez depositada la cédula en el ánfora. Sin embargo, en un contexto donde el sistema político actual genera más desconfianza que certezas, es fundamental replantear qué significa realmente vivir en democracia. El acto de sufragar es apenas el inicio de un proceso de control que, de no ejercerse, deja el camino libre para la impunidad y el beneficio de sectores particulares.
«Lo que tenemos que entender también como ciudadanos es que la democracia no es solamente ir a votar; no es ir cada cinco años y elegir por una persona que de una u otra manera te represente. La democracia es un ejercicio permanente; la ciudadanía se ejerce constantemente», explica el sociólogo y politólogo Mario Gustavo Berrios.

El paso de ser un «elector» a ser un «ciudadano vigilante» implica entender que el voto no es una despedida, sino una delegación de poder que exige fiscalización. Berrios sostiene que, independientemente de por quién se haya optado en las urnas, el compromiso debe ser el mismo, fiscalizar y estar pendientes de lo que se haga en el poder . Esa es la verdadera democracia. El votar es el primer paso. «Si queremos que esta situación cambie, tenemos que seguir dando los siguientes pasos que son ahora controlar, fiscalizar y estar atentos a lo que suceda en los próximos cinco años» afirma el especialista.
La ciudadanía suele sentir que no tiene herramientas para reclamar, pero la estructura del Estado contempla mecanismos que muchas veces son ignorados por desconocimiento. Berrios recuerda que el ciudadano no solo tiene el derecho de pedir cuentas, sino también el espacio para ofrecer ideas y soluciones. «Hay varios mecanismos convencionales. Cada congresista, senador o diputado tiene una oficina en el lugar de su procedencia y tienen esta famosa semana de representación para reunirse con sus electores. Enn esa semana uno puede ir a la oficina del representante para ver cómo van las cosas. Tenemos también las páginas de transparencia; esos mecanismos son válidos y organizarse desde ya es también una forma de ejercicio ciudadano» aclara.
Cada parlamentario tiene la obligación de realizar la Semana de Representación. En este periodo, los ciudadanos pueden acudir a las oficinas de enlace en su región o solicitar audiencias públicas para presentar problemas de su comunidad o sugerir cambios a las leyes. A nivel Municipal y Regional, existen las Audiencias Públicas de Rendición de Cuentas, que se realizan al menos dos veces al año. Aquí, el ciudadano puede asistir de manera libre para escuchar los informes de gasto y, tras inscribirse previamente, tomar la palabra para cuestionar el uso del dinero público o proponer mejoras en los servicios.
Sin embargo, en el escenario en el que las instituciones se vuelven sordas a las necesidades de la población, el derecho constitucional a la protesta aparece como una herramienta legítima de defensa. «Tenemos los mecanismos no tradicionales que son las protestas y las marchas, pero siempre como una especie de última instancia, como una válvula de escape cuando ya lo convencional no da resultado. Cuando la forma legal o normal de fiscalizar no da los frutos esperados, se tendrá que recurrir a las marchas para hacer sentir nuestra voz ante actos que consideremos ilegales o inmorales de los gobernantes», afirma el politólogo.

Nos encontramos en un contexto de alta polarización y el silencio ciudadano no es una opción cuando el país depende de cada uno de sus habitantes . «En este contexto que estamos viviendo hoy en día, no solamente tenemos el derecho de participar, tenemos la obligación de hacerlo. Si no, las cosas van a quedar tal como están», enfatiza Berrios. La verdadera democracia, entonces, no reside en el papel que se deposita en el ánfora, sino en la voz que se levanta día tras día para ser participé de nuestro gobierno.
