Arequipa frente a una decisión crucial

Por: Carlos Meneses

Arequipa no puede darse el lujo de volver a equivocarse. Las próximas elecciones representan una oportunidad para renovar la política regional con liderazgo, capacidad y honestidad. La región necesita autoridades que trabajen por el desarrollo colectivo y no por intereses particulares. Ese debe ser el verdadero criterio al momento de elegir.

El proceso electoral rumbo a las Elecciones Regionales y Municipales 2026 ya comenzó a tomar forma en Arequipa, y lo hace con una característica que preocupa más de lo que entusiasma: la excesiva fragmentación política. Hasta el momento, 16 agrupaciones han oficializado a sus candidatos al Gobierno Regional de Arequipa (GRA), mientras otras aún buscan definir sus postulaciones. Aunque la amplia participación podría interpretarse como una señal de pluralidad democrática, también refleja una realidad inquietante: la ausencia de consensos, la debilidad de los partidos y el predominio de proyectos políticos personales antes que propuestas sólidas para el desarrollo regional.

La experiencia de los últimos años debería obligar a una profunda reflexión ciudadana. Arequipa continúa enfrentando problemas estructurales que ninguna gestión ha logrado resolver de manera definitiva: inseguridad ciudadana, crisis del transporte, contaminación ambiental, deficiencias en salud y educación, además de obras paralizadas o ejecutadas con enormes retrasos. Pese a ello, una parte importante de los candidatos que hoy buscan llegar al GRA ya ha ocupado cargos públicos o ha estado vinculada directa o indirectamente a administraciones anteriores que no consiguieron responder a las expectativas de la población.

Resulta preocupante que el debate político todavía se centre más en las alianzas, los cálculos electorales y las disputas internas que en la discusión de propuestas concretas. Los ciudadanos tienen derecho a conocer cómo piensan enfrentar los candidatos los principales problemas de la región, cuáles serán sus prioridades, qué equipos técnicos los acompañan y de dónde provendrán los recursos para ejecutar sus planes. Sin embargo, hasta ahora predominan los discursos generales y las promesas repetidas en cada campaña.

Las elecciones primarias del próximo 17 de mayo deben ser una oportunidad para que las organizaciones políticas demuestren responsabilidad y madurez democrática. Elegir candidatos únicamente por popularidad, influencia o capacidad de movilización sería repetir errores del pasado. Arequipa necesita autoridades con experiencia en gestión pública, solvencia moral y verdadera vocación de servicio.

La ciudadanía también juega un papel decisivo en este proceso. El desencanto con la política no puede convertirse en indiferencia. Por el contrario, es momento de asumir una participación activa, exigir transparencia y evaluar cuidadosamente a cada postulante. El voto no debe responder a campañas populistas ni a promesas imposibles, sino a propuestas viables y trayectorias coherentes.

El próximo gobernador regional tendrá la responsabilidad de conducir una de las regiones más importantes del país, con enormes desafíos económicos, sociales y ambientales. No se trata solo de administrar recursos, sino de liderar proyectos que permitan mejorar la calidad de vida de la población y recuperar la confianza en las instituciones públicas.

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