Arequipa exige propuestas claras
Por: Carlos Meneses
La elección del 7 de junio no se definirá únicamente por estructuras partidarias o confrontaciones ideológicas. En Arequipa, el voto parece orientarse hacia quien logre transmitir soluciones viables, estabilidad y capacidad de ejecución. Los finalistas todavía tienen espacio para replantear estrategias, pero el mensaje de la primera vuelta ya fue enviado: la región no entregó un cheque en blanco a ninguno de los dos.
La segunda vuelta presidencial entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez deja una lectura clara en Arequipa: ninguno de los dos consiguió representar plenamente el sentir regional en la primera vuelta. Ambos candidatos avanzaron por el resultado nacional, pero en territorio arequipeño quedaron relegados detrás de otras opciones que conectaron mejor con el electorado local.
El triunfo regional de Jorge Nieto Montesinos no fue casual. Más allá de su ubicación posterior en el escenario nacional, su campaña logró interpretar demandas concretas de una población cansada de discursos polarizantes y promesas abstractas. Seguridad ciudadana, estabilidad económica, descentralización efectiva y reactivación productiva fueron temas abordados con mensajes simples y directos, en contraste con campañas marcadas muchas veces por confrontaciones ideológicas o estrategias centradas en Lima.
Los números reflejan esa distancia. Fujimori terminó relegada hasta el séptimo lugar en Arequipa y Sánchez tampoco logró imponerse en la provincia capital, donde se concentra el mayor peso electoral de la región. Aunque el candidato de izquierda obtuvo ventaja en provincias como Caylloma, Condesuyos o La Unión, ello no constituye un respaldo consolidado, sino más bien una fragmentación del voto frente a múltiples alternativas.
La gran pregunta es qué harán ambos candidatos en las próximas semanas para revertir esa desconexión. Arequipa ha demostrado históricamente ser una región crítica, menos inclinada al voto tradicional y más receptiva a propuestas concretas que respondan a problemas cotidianos. El electorado regional no suele alinearse automáticamente con las tendencias nacionales y mantiene una identidad política propia, vinculada al emprendimiento, la descentralización y la demanda de obras reales.
En ese contexto, Fujimori enfrenta el reto de reconstruir confianza en una región donde el antifujimorismo aún tiene peso, especialmente en sectores urbanos. Necesita ampliar su discurso más allá de la estabilidad económica y ofrecer respuestas claras frente a la inseguridad, el desempleo y el abandono de proyectos regionales.
Sánchez, por su parte, deberá demostrar capacidad de gestión y moderación. Haber superado a Fujimori en todas las provincias no garantiza una victoria regional. Su desafío será conquistar al electorado urbano, empresarial y moderado que respaldó a Nieto, Belmont o López Aliaga.
